Cómo acabar con un sistema asesino

La otra mafia: la industria farmacéutica

[El artículo que publicamos tiene como referencia hechos que han sucedido en Francia, pero el tema que plantea tiene alcance universal. Cuando las industrias farmacéuticas se presentan como víctimas de impagos de las administraciones públicas y hacen chantajes amenazando con no suministrar medicinas, hay que tener muy presente que estamos, como dice Pignarre, ante un “sistema asesino” y hay que incluir en los objetivos de la izquierda anticapitalista la necesidad de acabar con él. Es una cuestión, precisamente, de salud pública].

Un año después del comienzo del escándalo Mediator, es tiempo de intentar sacar las lecciones de esta increíble debacle sanitaria: nos ha enseñado mucho sobre la industria farmacéutica y debe ayudarnos a reflexionar sobre las formas de combatir el “capitalismo terapéutico”.
Una comparación puede ayudarnos a comprender la situación: Madoff, estafador financiero americano que ha arruinado a algunos centenares de las personas más ricas del mundo ha cargado con 150 años de prisión. Servier, patrón y propietario de la firma del mismo nombre, acusado de haber matado a entre 500 y 2000 personas con un medicamento presentado de forma fraudulenta a la vez a las autoridades sanitarias (complacientes, por decirlo suavemente) y a los médicos se ríe abiertamente. 2000 pobres asesinados, es menos que algunas centenas de muy ricos arruinados (¡o empobrecidos!).

Los laboratorios Servier son un ejemplo típico de un cierto capitalismo francés de prácticas mafiosas que todo el mundo conocía. Mientras el grupo cuenta alrededor de 5000 asalariados en Francia (y anuncia 20000 en todo el mundo), ningún sindicato ha podido jamás entrar en sus instalaciones. Un sistema de vigilancia policial permite eliminar, a la hora de seleccionar el personal, a los candidatos que no presentan todas las garantías. Más de veinte personas están encargadas de forma permanente de desarrollar relaciones con los parlamentarios, los ministros y los miembros de su gabinete. Servier fue condecorado con la Orden del Mérito por François Mitterrand y armado con la gran cruz de la Legión de Honor por Nicolás Sarkozy.

Un revelador de los problemas

Primer problema: los estudios clínicos que permiten saber si un nuevo medicamento es más eficaz que un placebo (o un medicamento ya en el mercado) son siempre realizados bajo la exclusiva responsabilidad de las firmas farmacéuticas. Tienen el control de todos los criterios: elección del comparador, de las dosis utilizadas, de los criterios de eficacia, de los efectos secundarios a tener en cuenta, de las constantes biológicas a seguir, de la selección de los pacientes, de los médicos que los experimentan, de la publicación de los resultados…. ¡Tanto como decir que los resultados son generalmente buenos! Y son necesarios años para descubrir que la realidad no es jamás tan rosa como en el momento del lanzamiento.

Segundo problema: las comisiones oficiales que verifican y juzgan resultados de estos estudios están compuestas de médicos y de investigadores que tienen, todos, contratos con la industria farmacéutica. ¿Cómo, por otra parte, hacer hoy trabajos de investigación sin la participación de los industriales cuando los presupuestos públicos se están recortando? Revistas generalistas han mostrado que la biología, como dominio científico, estaba por completo infectada por la corrupción: es el dominio científico en el que los trucajes y maquillajes de resultados son más frecuentes.

Tercer problema: los precios de los nuevos medicamentos no dependen en absoluto de sus ventajas para los pacientes sino, al final, de una decisión tomada por el ministro mismo. Ahí también, este sistema permite todas las corrupciones: “Una fábrica en mi circunscripción contra un buen precio para su medicamento”. Resultado: ¡jamás las innovaciones han sido tan poco numerosas pero jamás se ha gastado tanto!

Cuarto problema: la formación permanente de los médicos (y, cada vez más, su formación inicial) está casi totalmente bajo el control de los laboratorios farmacéuticos.

Ninguna de las reformas hoy propuestas por Xavier Bertrand, ministro de la salud, arreglarará estos problemas en el origen de un sistema carcomido.

¿Cómo reaccionar?

Cada uno de estos problemas ha sido objeto de investigaciones detalladas y de propuestas por asociaciones de médicos y de pacientes y por la formidable revista Prescrire, totalmente independiente, cuyas valoraciones no han sido jamás desmentidas. (Una pregunta que han que plantear siempre al médico: ¿lee Vd. Prescrire? En caso de respuesta negativa, ¡cambia de médico!).
Si los industriales recurren cada vez más a métodos criminales para los pacientes, es porque están confrontados a un problema de fondo que no es exclusivo de Servier: sus investigaciones están, desde mediados de los años 1980, en una fase de rendimientos decrecientes. Incluso un laboratorio como Sanofi (de talla mundial) tiene muchas dificultades para poner en el mercado nuevos medicamentos. O bien los retira algunos meses después del lanzamiento (Acomplia), o bien están amenazados de no pago (por la seguridad social ndt) porque sus efectos curativos son muy débiles (Multaq) y sus efectos secundarios temibles. ¿Cómo, en estas condiciones, garantizar a los accionistas las ganancias esperadas?

Si los pacientes (y los sistemas de pago) son evidentemente las primeras víctimas de los métodos intolerables de la industria, sus asalariados van a pagar también un precio elevado. Hoy que el rey Servier está desnudo, que cada vez más médicos boicotean sus medicamentos, ¿qué va a ser de los asalariados? La puesta bajo tutela de la empresa con una auditoría general de sus medicamentos, de sus proyectos de investigación, de sus archivos, debería tener por primer objetivo proteger a los asalariados del grupo.
Si se debe reclamar la nacionalización de esta industria amenazadora, es la ocasión de reflexionar sobre su contenido sabiendo que no se puede confiar ni en el mercado ni en el estado. ¿Quién define los ejes de investigación prioritarios? ¿Cómo no contentarse con denunciar? Desde este punto de vista, tanto una organización como Médicos sin Fronteras, como la Asociación Francesa contra las Miopatías han comprendido que no se podía confiar en la industria farmacéutica para inventar los medicamentos que se necesitan (contra la malaria o las enfermedades huérfanas). Han puesto en marcha políticas de investigación alternativas que ya han dado sus frutos y que son un formidable impulso para escapar a la resignación.

*Vientosur.info

Publicado en Hebdo Tout est à nous!

Traducción: Alberto Nadal para VIENTO SUR

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