Redacción. LQS. Diciembre 2018

Dígame como médico… de las dos dinastías que han gobernado este país, es decir, los Habsburgo o Austrias y los Borbones, ¿cuál es en su opinión la que ha tenido reyes con más porcentaje de masa testicular en el cerebro en lugar de sesos?

Tras la reorganización del registro catastral ordenado por el dictador Primo de Rivera en 1923, una serie de pueblos son olvidados por un error burocrático… con esta idea como base Bernardo Fuster nos presenta una novela cargada de ironía, irreverente, provocadora, ácrata, republicana y surrealista en el que se reivindica la clandestinidad frente al poder, el laicismo frente al dogmatismo religioso, y la imaginación y el ingenio frente a la incultura y la desidia. El autor consigue trasladarnos a una España de principios del siglo XX, que comienza a levantarse contra la injusticia social y la miseria.

¿Qué pasaría si uno de esos pueblos decide que no quiere vivir a las órdenes de un dictador militar que trabaja para un rey corrupto y putero, y decide desaparecer?

Hemos hablado de esta novela con él…

LoQueSomos: Desde sus primeras páginas, tu novela nos coge de la mano y nos envuelve con ambientaciones e imágenes corales, con una luz y color que parecen planificados por un director de fotografía, con un festivo desfile de personajes a cual más particular que parecen desplegarse ante nuestros ojos como en una pantalla. Al leer, tenemos la sensación de estar viendo una película. ¿Lo has hecho así intencionadamente?

Bernardo Fuster: El proceso de elaboración de esta novela ha sido largo. La primera idea se me ocurrió hace más de diez años. En este tiempo probé distintas maneras de contar la misma historia y al final decidí que la que más me facilitaba el desarrollo narrativo era escribirla como si se tratase del diario de una periodista que llega a este pueblo tan peculiar. A medida que la iba desarrollando me fui dando cuenta de que tenía una cierta similitud con la escritura de un guión. Esta conclusión a la que llegué sin proponérmelo, me gustó, me sentí a gusto y decidí seguir, ya conscientemente en esa línea. Incluso en muchos pasajes me planteaba mentalmente ese tipo de escritura y me imaginaba la situación antes de escribirla. Por ejemplo, exterior, noche, una sala con una mesa central y dos ventanales grandes que dan a la calle. Allí metía a los personajes y les dejaba que actuasen. Ha sido un proceso divertido, sobre todo cuando al escribir ves que la situación crea diálogos que no tenías previstos, ni individuos secundarios que no estaban en la primera idea.

LQS: Seguro que te han dicho más de una vez que Si me ves tiene un aire berlanguiano, de comedia trepidante, divertida, enormemente divertida, y disparatada. ¿Era ese el tono que buscabas?

BF: Fijate que tú me dices que tiene un aire berlanguiano y en alguna de las presentaciones me decía algún asistente que tenía un aire a José Luis Cuerda. Berlanga era valenciano, José Luis Cuerda, de Albacete y la historia se desarrolla en un pueblo que no se sabe si pertenece a Valencia o a Albacete. Es curioso que según quién, vea una influencia de dos zonas tan distintas. Pero como en el pueblo de la novela, coinciden las dos. Es cierto, es un homenaje a Berlanga con el que trabajé en las bandas sonoras de tres de sus películas y por otro lado a Cuerda, con el hice la banda sonora de la serie de televisión Makinavaja. Dos genios.

LQS: Hay novelas que hablan de soledades y otras que hablan de compañías. Las primeras suelen alimentar la melancolía. En el pueblo de tu novela nadie está solo.

BF: Es normal. Cuando un colectivo decide resolver un problema o plantearse una forma de vida que rompe con lo establecido, la soledad desaparece y nace la solidaridad.

LQS: La época de tu novela es poco visitada: la Dictadura de Primo de Rivera. Sin embargo a ti parece interesarte mucho ese periodo histórico; tu novela está cargada de ficción, pero también de personajes y situaciones reales, de la esfera del poder y de la de las revueltas populares.

BF: Si la historia transcurre durante la dictadura de Primo de Rivera es porque es precisamente en esa época cuando se produce un hecho histórico a nivel nacional, que no se produjo en ningún otro momento de la reciente historia de España. Eso me obligó a estudiar esa época y a buscar en esos años los momentos que me permitiesen colocar a los personajes de la novela. Por otro lado, debo decir que es una época tan interesante que no me costó demasiado hacerlo. Para darle más verosimilitud a esta narración, ya de por sí surrealista, introduje en el guion personajes reales de esos años y los relacioné directamente con los personajes inventados. Fue un juego muy divertido y sorprendente para mí, al comprobar cómo la historia real se volvía novela y la novela se convertía en un hecho real, es algo totalmente posible.

LQS: La historia que narras parte de un hecho real: en el registro catastral de 1923, una serie de pueblos no quedan registrados ni en una provincia ni en otra; es decir, desaparecen. Eso de hacer desaparecer todo un pueblo es el colmo de la incompetencia del poder burocrático, pero, visto desde otro ángulo, es el no va más de la clandestinidad rebelde…

BF: Exacto, ese es el hecho real que me obligó a situar la novela en tiempos de Primo de Rivera: la reorganización catastral del general que trajo consigo que un par de pueblos no fueran incluidos por error en la nueva organización del Estado. En la realidad, esos pueblos protestaron y el error fue subsanado, pero, y ahí está el tema central de mi novela, ¿qué pasaría si uno de esos pueblos decide que no quiere vivir a las órdenes de un dictador militar que trabaja para un rey corrupto y putero, y decide desaparecer? Dices que es el no va más de la clandestinidad rebelde… pues sí, estoy de acuerdo contigo: es la clandestinidad llevada a sus últimas consecuencias. Y eso puede provocar situaciones surrealistas, que son en definitiva las que dan cuerpo a la novela.

LQS: Lo cierto es que Apiora, nuestro pueblo desaparecido, es una especie de refugio irreverente, ácrata, republicano, surrealista, algo así como una isla pirata. Eso tiene que ver con tu primer libro publicado en El Garaje: Los Hermanos de la Costa. Pirateria libertaria en el Caribe. ¿Por qué te atraen los refugios piratas? ¿Sólo le cabe a la libertad atrincherarse en refugios?

BF: La libertad es como un rumor que hay que difundir para que la imaginación no tenga fronteras. El mar no tiene fronteras. Pero tiene islas en las que poder pararse a soñar con que esa libertad es posible, hasta que un día te das cuenta de que esa isla no es el fin del viaje y vuelves de nuevo a la mar. Imagínate esto pero en un barco en el que ondea una bandera negra, y viaja sin rumbo fijo, es decir, sin patria, sin rey y sin Dios.
La similitud con esta última novela es total. Imagínate ahora un pueblo que decide desaparecer frente al poder, tanto político como religioso. Es decir, sin patria, pues no existe; sin rey, porque se declaran republicanos; y sin Dios porque se sienten ateos… son como un barco pirata que se salta las lindes entre Valencia y Albacete.

LQS: Parece que todo periodo o intento de transformación progresista en España da a luz o bien situaciones sangrientas y personajes trágicos o bien situaciones cómicas y personajes disparatados. O negrura y tristeza o luz y risa: esa absoluta anormalidad es la normalidad de este país. ¿Es eso la marca España?

BF: Para mí la marca España que me gusta es la de la contradicción, la de la convivencia entre distintos. La que alimenta la imaginación y la creatividad. Fíjate, por ejemplo, el juego que puede dar desarrollar la historia real de los hermanos Pinzones. Fueron los primeros que vieron tierra antes que Colón. Eran unos mercenarios que “trabajaban” en Cádiz para los piratas del mediterráneo. Su padre fue quemado en la hoguera por la Inquisición por converso… Todo datos reales. Y que Colón fue un genocida como Pizarro y Cortés y sin embargo un día, todos ellos se convierten en insignes padres de la patria.
La marca España debería ser la literatura, historias que podrían dar pie a divertidas novelas o a trágicas narraciones. Lo irracional conviviendo con lo real. Esa es la marca que deberíamos exportar. Nos convertiríamos en los reyes de la imaginación, de la creatividad y del arte. Las demás marcas no sirven para nada. Nacen muertas.

LQS: Todos los lectores de tu novela con los que hemos podido hablar coinciden en lo deslumbrante que es el aire de libertad absoluta que se respira en ella, al margen de cualquier doctrina u ortodoxia… La libertad es el aire que respiran tus personajes. Y pareces decirnos que libertad e inteligencia van de la mano.

BF: Siempre van unidas porque no se puede dar una sin la otra. La inteligencia debe de ser tan libre como para poder matar su propia idea cuando ve que es errónea y así poder seguir buscando y buscando.

LQS: El escenario, Apiora, es un pequeño pueblo del interior, su retrato es absolutamente vívido, pero no hay costumbrismo alguno. No son las costumbres, roles y formas de vida tradicionales lo que se describe, sino precisamente lo que en aquella época, principios del XX, era más característico de lo nuevo y especialmente del movimiento libertario: igualdad, pedagogía, humanismo, ciencia, razón, lucha social.

BF: Cuando un pueblo decide desaparecer tiene que romper con todas las tradiciones y costumbres para no dejar huellas… hay que inventar otras formas de convivencia acordes con su nueva realidad.
Por otro lado, en la época en que se desarrolla mi novela se dan unos hechos que para mí son importantes a la hora de confeccionar un nuevo pensamiento. Surge un movimiento anarquista fuerte, liberador, el anticlericalismo se convierte en bandera en muchos lugares, se fortalece, la iglesia queda desenmascarada como una institución al servicio de los poderosos… Por eso en el pueblo no les resulta difícil buscar sus nuevas formas de vida. Ya se están produciendo en otros lugares; solo tienen que buscarlas, aceptarlas y tomar lo que gusta de cada sitio. Si además aparecen por allí personajes reales de gran importancia histórica, pues más fácil se lo ponen…

LQS: ¿Cómo han recibido tu novela los vecinos de tu pueblo, Ayora, el que sí se ve?

BF: Muy bien. Yo tenía un cierto miedo a que pusieran nombre real a algunos personajes, a que dijesen que tal sitio que describo no era así… pero no, han demostrado que tienen una imaginación y un sentido del humor a prueba de novelas…

LQS: Como toda novela está tiene principio y fin, pero es tan torrencial que acaba con muchos frentes abiertos, con muchas historias que parecen pedir continuación. ¿Has pensado en una segunda parte?

BF: Varios de los personajes tienen tal vida propia que ya de por sí están reclamando seguir vivos. En la presentación de la novela, en el pueblo, cuando me preguntaron eso, les dije que por qué no escriben ellos la continuación del personaje con el que más se sintieran identificados. Les gustó la idea. Quizá en unos meses me sorprendan. Yo por mi parte, sé que al menos uno de esos personajes aparecerá en mi próxima novela, que por supuesto no transcurrirá en ese pueblo, ni en esa época. No sé cómo lo voy a cuadrar, pero estoy en ello.

Si me ves, no se lo digas a nadie

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