Consulta en Venezuela

Nònimo Lustre. LQSomos. Julio 2017

Mucho me disgusta la próxima Constituyente planeada por el Gobierno venezolano pero no por ello voy a defender la Consulta recientemente organizada por la oposición venezolana. Las dos me parecen una burla al pueblo de Venezuela. Sobre la Constituyente ya hablaremos cuando se celebre. Mientras tanto, permítanme unas consideraciones sobre la Consulta.

Parto de un postulado (hipótesis que necesita demostración) que, para mí, se eleva a la categoría de dogma (tesis que no necesita demostración): el primer objetivo del Poder instituido es ganar tiempo. A partir de ese dogma, analizo la reciente consulta/plebiscito/referéndum que el domingo ha tenido lugar en Venezuela y deduzco:

1) Teniendo en cuenta que no existían garantías internas sobre la limpieza de los resultados de la Consulta, el número de votos conseguidos es absolutamente irrelevante… menos por lo que se arguye en el siguiente parágrafo (el nº 2). Dicen que han votado alrededor de siete (7) millones, pero igual podrían haber dicho que votaron diez o quince millones -el censo electoral en Venezuela asciende a 19 millones-.

2) Siete millones es una cifra clave puesto que 7,5 millones es el número de votantes que apoyó a Maduro dándole en 2013 la Presidencia mientras que el candidato Capriles obtuvo 300.000 votos menos.

3) Para mí, esa cantidad significa que ha habido un acuerdo secreto entre el Gobierno y la Oposición. Obviamente, desconozco todas sus cláusulas (nunca las conoceremos) pero creo que giran alrededor de un Pacto: el Gobierno deja hacer la Consulta y la Oposición se compromete a no boicotear violentamente la votación para la Constituyente que tendrá lugar el día 30 del presente mes de julio.

4) La clave del Pacto estriba en el término violentamente; significa que la Oposición no enviará a la guerra por la Constituyente a sus fuerzas de choque (jóvenes, chamos, de clase baja a los que, por primera vez, dejan pisar los barrios ricos), sino que dejarán el contraataque a la Brigada Mediática Internacional (BMI). Y ojalá no me equivoque en este pronóstico porque hay vidas en juego.

Cuestiones de procedimiento

En cuanto a la Consulta en sí, recordemos de entrada que Venezuela debe ostentar el record mundial de elecciones. En este sentido, la susodicha Consulta representa la degradación del método electoral puesto que han brillado por su ausencia los procedimientos garantistas más básicos (censos electorales, transparencia del escrutinio, etc.).

Esta degradación comienza en la autoridad convocante; ésta NO es la Asamblea Nacional como está dejando caer la BMI sino un tal “Movimiento Libertador” (véase la papeleta de votación), una etiqueta ad hoc que no está formalizada ni homologada.

La degradación sigue manifestándose en la redacción de la papeleta. Aparentemente, ésta se compone de tres preguntas. Pero no son tres opciones si-no concisas sino que son bastantes más. Expresadas en orden de menor a mayor desvergüenza y encubrimiento, son:

a) Preguntas redundantes. Por ejemplo, las que pretenden disimular a la pregunta verdaderamente sustanciosa, a saber: “Demanda… a todo funcionario público obedecer y defender la Constitución de 1999, etc.”. Es redundante que los funcionarios respeten la Constitución vigente, igual que deberán respetar las siguientes. Aquí, el cogollo de la pregunta (la nº 2) está en que los puntos suspensivos, se rellenan con el término “la Fuerza Armada Nacional”.

b) Preguntas prejuiciosas. Por ejemplo, la nº 2, mezcla a los militares y a los funcionarios con la Constitución del 1999 y, para colmo, da por supuesto que ello, sea lo que sea, está relacionado con “respaldar las decisiones de la Asamblea Nacional”. ¿Qué tienen que ver aquellos segmentos sociales con las buenas o malas decisiones de la Asamblea? ¿Por qué se idolatra a una Asamblea que no ha convocado esta Consulta? ¿Por qué habría de sacar gruesos beneficios del resultado de la misma? También es prejuiciosa la nº 3, al dar por hecho de que, celebrando unas elecciones generales, los votantes optarán por “la conformación de un Gobierno de Unión Nacional”. ¿Y si optaran por cualquier otra solución?

c) Emparedada entre la basurilla criticada en los parágrafos a y b, se esconde el veneno de la pregunta nº 2, que es la más importante como demuestra el hecho de que sea la pregunta emparedada. Ahora bien, la nº 2 no es importante porque tenga repercusión electoral (ninguna pregunta la tiene) sino porque es la semilla (pepa) de una hipotética argumentación ulterior que justifique un golpe de estado militar. Es nada menos, que una incitación al Golpe de Estado Militar puesto que exige a la “Fuerza Armada Nacional” (denominación no oficial) “obedecer y defender la Constitución de 1999”. Es decir, proporciona un argumento (¿) para que los militares se opongan a que esa Constitución -chavista, por cierto- sea sustituida por otra.

Dicho de otra manera, la pregunta nº 1 (rechazar la Constituyente promovida por el Gobierno) NO es la más importante aunque sí la más repetida por los comentaristas biempagados. Es, simplemente, el caramelo que han ofrecido a la BMI para que pase varias semanas propalando que “el pueblo ya decidió en referéndum que no quería Constituyente”.

Cuestiones aún menores

En cuanto al desarrollo de la Consulta: las mesas no tenían ni censo ni siquiera portátiles (laptops) Ni tampoco máquinas captahuellas, de uso habitual en un país que posee uno de los mejores sistemas electorales del mundo. Pero había que poner la huella por aquello de sacralizar la ceremonia aunque nada impidiera ir de mesa en mesa repitiendo el voto, votar siendo menor de 18 años, etc. Y todo ese teatrillo, ¿para qué si habían anunciado que las Actas -es un decir-, se destruirían inmediatamente?

Degradación y exaltación de las palabras: por obra y gracia de la BMI, en las próximas semanas veremos que una consulta con menos garantías que una asamblea de vecinos pasará de ser el plebiscito con el que se lo denomina hasta elevarse a la condición de referéndum, palabra mayor. ¿Por qué esa sacralización? Para exigir, escondiéndose tras las más bellas palabras una intervención militar gringa, quizá implementada por su perrito europeo -la oposición la desea y hasta la cree posible sin querer saber que los colosales inversores chinos y rusos no opinan lo mismo-.

Antes nos preguntábamos el por qué del teatrillo. Pues, evidentemente, para que los opositores de cierta edad ‘hicieran algo’. Para que no tuvieran que salir a la guerra. Para que presenciaran el espectáculo de una mayoría absoluta en cuyo proscenio ellos pueden creer que son actores protagonistas -y no toda pero algo de razón no les falta-. Para que despacharan su rabia pero sin chamos mártires ni chamos motorizados degollados por los cables (guayas) atravesados en las avenidas ni policías asesinados por francotiradores de élite -estas dos últimos clases de víctimas nunca mencionadas por la BMI-. Para disfrutar en la calle gracias a un método tan inocuo y seguro como los “me gusta” de las redes sociales. ¿Invasión de la virtualidad política?, ¿victoria definitiva de la mentalidad mesocrática? Para nada porque, para virtualidad, la común al resto del mundo; y para clase media, a la que adulan todos los gobiernos del planeta, todos ellos centristas por auto-definición. Que rezonguemos de su versión tropical es sólo una muestra más de eurocentrismo.

Finalmente, una cuestión tan capciosa como minúscula: puesto que la oposición venezolana dispone de harta plata pero las urnas eran vulgarísimas cajas de cartón sin cerrar, ¿quién se ha embolsado la partida para comprar las urnas? En criollo, ¿quién se ha enquesado?
Y otra cuestión, ésta para uso de la Madre Patria: ¿el referéndum en Venezuela es buenísimo pero el referéndum en Catalunya es malísimo?

Conclusión: al permitir la Consulta, el gobierno venezolano ha demostrado internacionalmente que no es una dictadura formal -repito, formal-. Es decir, ha ganado tiempo. Por su parte, la oposición ha celebrado una ceremonia para fortalecer la cohesión de su tribu. Es decir, ha ganado tiempo. Ergo, la hipótesis más plausible es que, mediante acuerdo secreto -huelga añadir, jamás reconocido por los firmantes-, ambos contendientes se han guiado por “el primer objetivo del Poder instituido”, dogma sobre la ganancia en tiempo con el que comenzábamos estas notas. QOD.

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