Cosas cotidianas de Venezuela

Mikel Itulain*. LQS. Marzo 2019

La vida de cada venezolano y venezolana nos enseña mucho más sobre este país que toda la cháchara aburrida y malintencionada

Misión Barrio Adentro

Mientras los europeos de occidente y los norteamericanos malgastan y embrutecen sus vidas atendiendo a las continuas vilezas y falsedades que cuentan los medios de comunicación, en otras partes del mundo, en la mayor parte del mundo, por ser sinceros, se vive la vida con una hermosa cotidianidad, con una sencillez ejemplar, con un saber ser y estar admirables.
Lo estamos viendo estos días en ese país tan archinombrado y vilipendiado que se llama Venezuela, que por pensar más en el día a día de sus compatriotas y olvidar o no atender las órdenes de los propietarios y accionistas de las corporaciones que quieren para sí todo, recibe todo tipo de ataques y vilipendios. Por este motivo les insultan en televivisiones, en radio y en prensa, les roban su dinero a través de los entramados financieros y en esta continua acción de piratería amenazan a quien quiera comerciar, negociar o establecer buena relación con ellos, y además atacan a su sistema energético, para finalmente enviar a escuadrones de la muerte con la oscura misión de asesinar y asustar a la gente, junto a una maquinaria de guerra infernal para que cedan si no por las buenas, por las malas o muy malas. Así son Los gringos y los europeos de occidente.
Por supuesto que les dirán que todo esto no es contra Venezuela, que es contra su gobierno, al que acusarán, cómo no y como es sabido con las consabidas y tan repetidas como falsas acusaciones de ser corrupto, dictatorial, antidemocrático y hasta populista y criminal. Cuando faltan las razones buenos son los insultos, es el argumentario.
Pero la vida de cada venezolano y venezolana nos enseña mucho más sobre este país que toda esta cháchara aburrida y malintencionada. Y ante el sabotaje al sistema eléctrico venezolano por parte de los Estados Unidos impera la sabiduría y el saber vivir, algo que me recuerda a mi propia niñez y que much@s ya dejaron en el olvido.

«Nos sentamos a hacer mecheros en la sala de la casa para alumbrarnos. Yo ya sabía que la vaina era pa’ largo. Era alrededor de las ocho de la noche. Mis dos hijos y mi hija, menores los tres, observaban casi sin respirar mientras su mamá nos ayudaba tratando de localizar una tela, algodón o cabuya en la oscuridad que nos sirviera de mecha. Cuando ésta ya estaba lista, en su lugar, la expectación de todos, coño, adrenalina familiar, porque no eran solo los carajitos que estaban hipnotizados con la vaina, era de película esperando a que en la oscuridad yo encendiera la mecha. Fue increíble, no podría describir la euforia de la familia. Los niños y la niña aplaudían riendo, hasta una lágrima creo que vi en la mejilla de Aurora, su mamá. Esa noche supimos que no podrían con nosotros.» José Antonio Tovar. Habitante de Petare. (1)

 

Nada hay como la fuerza de voluntad, el ánimo vivo y el pensamiento claro. Que emergen con vigor ante la pretensión de desesperación que algunos bien pretendían y querían.

«Cenamos esas noches sin luz. Los carajitos jugaron a echarse cuentos sin luz, le bajamos la fiebre a nuestra niña en la oscuridad. Nos bañamos sin luz. En la oscuridad, amamantamos al menor, se guió por el olor de la teta de su mamá, no necesitó luz. Resistimos sin luz. Sin luz, nos fuimos durmiendo, ese sueño del que está alerta, con las botas puestas, pues. Sin luz, nos despertó el cuerpo caliente de la niña; sin luz le pusimos sus trapitos y sin luz fue bajando la fiebre. En la oscuridad se hizo más firme nuestra resolución terca, intransigente, caribe, de resistir.» Julia Méndez. Barrio Bolívar, La Pastora. (1)

En una sociedad tan egoísta, insolidaria, individualista, pretenciosa y falsa como la nuestra llama la atención la resolución de estas personas en esta situación. Miramos hacia otro lado cuando un vecino nuestro se quita la vida por desesperación, porque perdió su puesto de trabajo hace ya largos años y se le cerraron las puertas, cuando vemos un día sí y otro también seres como nosotros, aunque ya los miremos como espectros, buscando comida o chatarra entre la basura en nuestro barrio a primera o última hora, para no molestar, o cuando esa mujer o a veces hombre que estudió con nosotros en el instituto o en la escuela cambió su vida y recorre la geografía dedicándose a vender su cuerpo, no porque le obligue un chulo, sino porque le obliga el mayor de los proxenetas, la pobreza y la indiferencia de los demás. Si miramos hacia otro lado ante lo que tenemos al lado, puerta con puerta, en la calle o en el barrio, no finjamos que pretendemos hacer lo que aquí no hacemos en lugares lejanos, en primer lugar porque no es algo sincero y en segundo porque entramos allí donde todo lo desconocemos.
Y entonces, ¿por qué la gente de Venezuela apoya con esta decisión a un gobierno tan atacado? ¿Por qué con las consecuencias tan terribles y peligrosas que esto puede conllevar o conlleva?
La respuesta es entendible solo a aquell@s que estén dispuestos a escuchar

En el barrio La Línea, sentada en su pequeña cocina, Beatriz Balazo me dijo que sus niños fueron la primera generación de pobres en ir a un día completo a la escuela, recibir una comida caliente y aprender música, arte y danza. (2)

Hay pues motivos, sólidos motivos para el apoyo al Gobierno bolivariano. No se debe a la propaganda ni a la excesiva ideologización, sino a hechos de la cotidianidad y de la necesidad.

En una habitación, iluminada por un tubo fluorescente, conocí a Ana Lucía Fernández, de 86 años, y a Mavis Méndez, de 95, vino también una madre de 33 años, Sonia Álvarez, con sus dos niños. Una vez, ninguna de ellas podía leer o escribir, ahora sí y estaban estudiando matemáticas. Por primera vez en su historia Venezuela tiene prácticamente un 100 % de alfabetización. (2)

L@s venezolan@s podrían rendirse y volver a su situación de marginación, miseria y olvido anterior, pero una vida así no merece la pena ser vivida, por eso luchan con ahínco, organización y cabeza, sabiendo de experiencias pasadas, como la suya, la de Chile, la de Libia o la de Siria.

Referencias-Notas:
1.- Gustavo Borges. Diez minicrónicas de resistencia en medio del apagón. Misión Verdad. 13.03.2019.
2.- Jhon Pilger. The war on Venezuela is built on lies. Jhonpilger.com. 21.02.2019.
Sobre situaciones o ejemplos a tener en cuenta para Venezuela:
El complot contra el Chile de Allende.
Las lecciones de Libia para otras naciones y para la propia Libia.
Cómo fallamos al pueblo sirio.

PS:
La terquedad chavista como salvavidas.

* LoQueSomos en Red
@MikelItulain

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