Costosísima la invasión de los marines reales en Catalunya

Arturo del Villar*. LQSomos. Enero 2018

EL zoilo ministro Zoido compareció en el Senado este 18 de enero, para continuar insultando a los ciudadanos de Catalunya que votaron el destino de su nación en el referéndum del pasado 1 de octubre.

Ni por un momento se le ocurrió aceptar su culpabilidad en los sucesos brutales que escandalizaron a Europa. Ha reconocido, eso sí, que “Durante el 1 de octubre se desactivaron 113 centros de votación y cerca de un centenar de locales”, para impedir al pueblo catalán expresar pacífica y democráticamente su voluntad. La monarquía del 18 de julio instaurada por la voluntad omnímoda del dictadorísimo genocida en la persona de Juan Carlos de Borbón no tolera a los vasallos forzosos votar sus preferencias políticas.

Declaró el zoilo ministro Zoido que el coste de la llamada “Operación Copérnico” para ahogar al pueblo catalán ascendió a 87 millones de euros, derrochados por la decisión del sucesor del sucesor a título de rey elegido por el dictadorísimo para continuar su régimen fascista. Ya sabemos lo que cuesta aplastar a un pueblo. La Hacienda Pública del reino está en bancarrota, pero se improvisan partidas presupuestarias para amordazar al pueblo sin ninguna vacilación.

El 30 por ciento de esa cifra se gastó en mantener en Barcelona y Tarragona los tres barcos en los que estuvieron alojados los seis mil marines reales enviados a invadir Catalunya, para reforzar la represión ejercida por las fuerzas muy armadas destinadas allí habitualmente. Sólo la manutención de esos marines reales costó 5.058.000 euros, y todavía se quejaban de que el menú era escaso, por lo que se encontraban débiles para apalear a los frustrados votantes. Con champán los hubieron apaleado más salvajemente.

La responsabilidad de los sucesos

Con su desvergüenza tantas veces probada explicó el zoilo ministro Zoido que “Los hechos [protagonizados por los marines reales] son lamentables y preferiblemente nunca debieron producirse”, como si no los hubiera ordenado él, y demostró su cinismo al añadir: “Lamento como el que más que hubiera heridos, claro que sí, pero sin duda los responsables fueron quienes con un comportamiento arbitrario, irresponsable e ilegal generaron ese clima de crispación y desobediencia.” Como si ese clima no lo hubiera producido el desembarco de los seis mil marines reales, porque antes de la invasión toda Catalunya estaba tranquila y pacífica.

El zoilo ministro Zoido ha dado la cara dura en el Senado, pero la responsabilidad de lo sucedido no es suya, sino de quien ostenta “el mando supremo de las Fuerzas Armadas”, según indica el apartado h) del artículo 62 de la Constitución borbónica. El jefe de los marines reales es el rey de España, a quien se debe exigir la responsabilidad por las cargas bestiales contra el pueblo catalán. El sucesor por eyaculación del sucesor designado por el dictadorísimo genocida tuvo la osadía de comparecer en Televisión Española el 3 de octubre, dos días después de la represión de sus marines reales, para condenar a los catalanes que votaron en el referéndum a pesar de toda la represión, y dijo de ellos: “Han pretendido quebrar la unidad y la soberanía nacional [sonó como nazional], que es el derecho de todos los españoles a decidir democráticamente su vida en común.”

Lo escuchamos atónitos. ¿Cuándo hemos podido hacer eso que es tan usual en las naciones democráticas? Nunca, porque el general rebelde contra el orden constitucional que organizó una guerra y la ganó con el apoyo del nazifascismo europeo, lo que le permitió instaurar una dictadura fascista sanguinaria, designó a su sucesor para que continuara su régimen tiránico, y cuando el sucesor se cansó de serlo abdicó en su hijo, sin que al pobre pueblo se le permitiera opinar, y a los que osan disentir o criticar las actividades ilícitas de la familia más irreal del reino, los jueces los multan y encarcelan. La monarquía del 18 de julio se asienta sobre los marines, los policías, los guardias civiles, los jueces, los fiscales y los carceleros. Y encima, los mantenemos, y todavía se quejan de estar mal pagados. Y en el campo faltan braceros.

Llibertat presos polítics!

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio.
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Un comentario sobre “Costosísima la invasión de los marines reales en Catalunya

  • el 26 enero, 2018 a las 23:29
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    SOBRE UN SILENCIO ELOCUENTE, ANTE LA FALTA DE VOLUNTAD NEGOCIADORA DEL GOBIERNO, DE LOS “NUESTROS” (saliendonos un tanto del tema)
    El cuento de la “transición” coronada lo hemos disfrutado cuarenta años, casualmente los mismos que la “paz” de Franco. La diferencia es que el palo del católicofascismo sostuvo el sombrajo de la dictadura por la fuerza, mientras que el régimen borbónico lo ha hecho por el guión, reparto de papeles y la ilusión política creada con el montaje. El grado de violencia institucional, no obstante, no es comparable, de ahí que sea razonable para el pueblo participar en el juego, si no se engaña. Ahí descansa el protagonismo de los complementarios de la derechona. Para que el espejismo funcione hacen falta cebos de “izquierda” con reformas de consolación social (pero que no atenten con la estabilidad del Sistema capitalista y régimen controlado monárquico)
    Esto es lo que más interesa analizar, desenmascarar y combatir: la puñalada trapera en nuestra espalda. Al fascismo lo vemos enfrente y como arremete, pero nuestros “amigos” felipistas y carrillistas pueden hacernos tragar el narcótico reformista para someternos a la vaselina parlamentaria (útil, pero secundaria). La lucha entre el pueblo catalán y la reacción monárquica es palmaria al efecto.
    ¿Alguien recuerda la campaña contra lo “unilateral” (como si no hubiera sido impuesto por la resistencia carpetovetónica), en confluencia con el PP y C’, para ‘diferenciarse’ pidiendo DIÁLOGO Y NEGOCIACIÓN? Campaña camisa blanca de mi esperanza, tan bien orquestada como el 0’7%, 15M y We Can. ¿A quién no se le conmovieron los mondongos con el alegre desparpajo de las dos principales alcaldesas señalando el camino a la solución del problema?
    Todos de acuerdo: había sido aventurero y provocador lo de los catlanes, atrevidos a votar y proclamar sin el permiso de Madrid (Cortes, Palacios de La Moncloa y La Zarzuela, CNI y Altas Magistraturas Judiciales). Temerarios.
    El problema es cuando nos da por recordar, pensar y constatar:
    – Precisamente el Procés veterano, vetusto incluso, por el tiempo que lleva proponiendo opciones soberanistas y solicitando alguna negociación al vacío más refractario, tolerado por el parlamentarismo coronado, durante años. Podrida necesidad por abandono de una de las partes (y sus corifeos “socialdemócratas” y venales socios de ocasión, desde el PNV a los canarios)
    – Precisamente, los más maleables han sido los nacionalistas catalanes (no por el beso de Puigdemont a la bandera borbónica), capaces de suspender prudentemente la proclamada independencia republicana en aras de una hipotética y necesaria negociación leal y pacífica (155 para los “constitucionalistas”). Un abismo
    – Precisamente un periodo sin otra respuesta que la represiva, con acusaciones arbitrarias, persecución con saña y encarcelamientos preventivos ilegales. La respuesta, paciente, pacífica y abierta a una interlocución inexistente.
    – Precisamente, capaz de apurar el acibar amargo de una suspensión institucional sin respuesta defensiva de fuerza, y participar en nuevas elecciones impuestas desde la Corte. Mas aguante que Job, el mártir del Señor
    – Precisamente una situación que supera con creces los previstos para el Estado de Excepción, celebrados ya los comicios, pero que mantiene el virreinato del 155 en una anómala situación institucional, con incremento de actuación judiciales y policiacas, con ofensiva política que trata de impedir cualquier atisbo de soberanía en el Parlament y restitución de la autonómica Generalitat
    Todo esto es conocido, aunque algo ignorado por la ofensiva mediática oficial, cebada en ocultar la sesgada realidad. Lo menos evidente es el papelón de la socialdemocracia castiza: un PSOE abiertamente entregado a Rajoy, unitario, centralista y represor, aliado hasta de la Arrimada (como lo fuera Sánchez con el Pacto de Gobierno con Rivera), y un Podemos con purgas draconianas y postureo ambigüo, más volcado contra los ‘unilaterales’ que contra la represión (no han denunciado con todo las cargas, ni apoyado presencialmente a los represaliados, ni utilizado recursos políticos y judiciales, nacionales y europeos, a su alcance, etcétera)
    El guión, para los apuntalamientos reformistas, ha sido tratar de ser bisagra (incluso postulándose oportunistas a presidenciar a su candidato Domènech – capaz de anunciar su voto negativo al candidato nacionalista, en coincidencia con la reacción – haciendo el correspondiente ridículo), salvar los votos nacionales para el coleta, no pringándose con el nacionalismo más allá de tímidas intenciones tolerantes con la autodeterminación y, sobre todo y para terminar: OLVIDAR SU CAMPAÑA EN PRO DEL DIÁLOGO, NEGOCIACIÓN Y PACTO, como si no lo hubieran promovido nunca, y sin denunciar contundentemente, todo lo contundentemente que la ralidad requiere, su absolula inexistencia por parte del Gobierno. Silencio cobarde (o cómplice) hasta de las fotogénicas Colau y Carmena.
    El culo al aire: el Sistema lo soporta políticamente el bipartito y sus respectivas marcas blancas, estas que tanto engañan (un millón de catalanes, la marca blanca y relevo de Génova; y medio millón de inscritos, con seis de votantes, la marca blanca y salvavidas de Ferraz). Los carrillistas, ya laminados por la Historia, amortizados por la oligarquía y sustituidos por los “indignados” sin bandera, no merecen mayor referencia.
    Si nuestros pueblos siguen confiando en la socialdemocracia, sea PSOE o WE CAN, tendrán, (tendremos, faltos de organización alternativa) otros cuarenta años de alternancia bipartita, dictado capitalista, despotismo dinástico y soberanía dependiente. Por eso les dicen que sólo se muevan por el chusco, que las banderas las carga el diablo.

    Sin pan no se puede vivir, sin dignidad, no vale la pena. Fuera del poder, todo (incluso las pírricas reformas) es ilusión.
    Salut i Repúbliques confederables!

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