Cuando luchar por la libertad del negro pasaba por la Guerra de España

La colección iniciada por La Oficina y BAAM (Biblioteca Afro Americana Madrid) comienza por dos joyas, dos piezas que harán las delicias de muchos lectores, empezando por los estudiosos de la Guerra de España y de la negritud en general: De Misisipi a Madrid, de James Yates y Escritos sobre España, de Langston Hughes.

No sólo los dos libros en sí constituyen dos joyas, sino también los prólogos que preceden a los dos textos: el de Hughes, escrito por Maribel Cruzado Soria, la mejor conocedora de la obra del literato en España y el de Yates, escrito por la fotógrafa y escritora Mireía Sentís, creadora de BAAM, alma mater de esta colección y sin lugar a dudas, la máxima autoridad sobre la cultura afroamericana que tenemos en nuestro país (no en vano tiene un libro imprescindible para los interesados en este campo: En el pico del Águila, Ardora ediciones, y multitud de artículos, estudios y reportajes). Esos prólogos informan y sitúan al lector ante las obras y los autores, dotándole de una serie de claves para entender la obra que viene a continuación, la época, la historia y el carácter de una cultura tan fascinante como desconocida para los españoles.

Los dos libros tienen caracteres comunes y elementos diferentes. Entre los caracteres comunes, obviamente, está el hecho de que los dos autores, afroamericanos, tienen el mismo ideal de toda su comunidad: conquistar su lugar en el mundo y luchar no sólo por su igualdad, sino por su dignidad. Miembros de una minoría oprimida, su literatura, su palabra, se emplea como un instrumento de liberación. Pero además, con sus libros, intentan aportar una visión enriquecedora al mundo. Quizás una más, la suya propia, pero tan válida como cualquier otra. En cuanto a lo común a los dos libros, que envuelve ambas experiencias literarias y que se desprende como un perfume rítmico desde sus primeras páginas, podríamos hablar de algo parecido al blues, una canción triste que hay que cantar con ritmo y fuerza, con alegría incluso de estar vivos. Además de las referencias directas que hace Langston Hughes, poeta que escribió muchos blues, en el libro de Yates se cita a cantantes como Bessie Smith, músicos como Luis Amstrong o Leadbelly –al que conoció personalmente- y composiciones famosas de la época que contaban esa emigración del sur hacia el norte de toda una generación de afroamericanos: Going North, de W. C. Handy y I Got the Muscle Shoals Blues. Puede que sea un tópico o un lugar común –hablar de blues entre los afroamericanos es como hablar del flamenco entre los gitanos-, pero la verdad es que el pueblo negro recurría a la música como válvula de escape, como expresión de esa dura realidad y mediante la música, mediante esos blues, transformaba en lo que podía su horizonte vital con belleza y ritmo.

Por supuesto, las diferencias entre los dos libros son grandes, a pesar de que su espinazo central, su acción principal, transcurre durante la Guerra de España. El de Langston Hughes, que no fue concebido como tal por su autor, sino que es una recopilación de todos sus textos sobre la Cuerra Civil de España –donde vino como corresponsal del Afro American de Batilmore y otras publicaciones-, artículos, extractos de sus memorias y poemas, está perfectamente definido por ese título, Escritos sobre España, país al que el autor rinde un continuado homenaje de amor y reconocimiento en su lucha contra el fascismo. Hughes es un literato, un cronista con cultura y recursos, que además conoce el español de su etapa con su padre en Méjico, lo cual constituye para él una gran ventaja sobre otros corresponsales extranjeros. Eso le faculta para mantener conversaciones con todo el mundo, para captar matices y significados que otros corresponsales no lograban. Hay en los artículos y textos de Hughes esa mezcla explosiva del hombre de cultura, del observador inquieto y reflexivo, del escritor que va más allá y encuentra elementos que incluso se le escapan al periodista y del negro acostumbrado a perder y sufrir que recurre al humor y al blues por no llorar. Todo eso hace que sea una verdadera delicia leer, setenta y cinco años después de que fueran escritas, esas crónicas sobre los bombardeos de Madrid en los que la tragedia no es que caigan las bombas fascistas, sino que no hay qué comer, en la que los relojes se han parado como si la ciudad entera estuviera suspendida en una burbuja temporal y las flores siguen naciendo fuera de sus tiestos, destrozados por la metralla de los obuses. Hughes conecta, también desde el estómago, con los madrileños asediados y da pinceladas geniales sobre ese ambiente que se respira por las calles, en las trincheras, en los edificios oficiales, en los bares y en la residencia de la Alianza de los Escritores Antifascistas.

Una cosa sorprende quizá a quien no conozca la obra y la vida de Langston y es su tremenda empatía, su capacidad de relacionarse. Conecta y contacta y además se hace amigo de fotógrafos, periodistas y escritores como Henri Cartier-Bresson, Nicolás Guillén, Ernest Hemingway –que sin embargo nunca le cita a él-, Octavio Paz, Ilya Ehrenburg, Michael Kolsov, André Malraux, José Bergamín, Rafael Alberti, María Teresa León, León Felipe y un largo etcétera.

Es ésta una constante que le acompañará toda la vida. Se puede decir que conoció a prácticamente todos los artistas de su generación, desde músicos (Duke Elllington, Cab Calloway) a pintores (Miguel Covarrubias, Salvador Dalí, Diego Rivera), escritores (Arthur Koestler, Alejo Carpentier) y hasta toreros como Sánchez Mejías. Esa manera de captar amigos le viene también por su profundo interés por temas muy variados. Habría que reseñar que es Hughes el primero en traducir a García Lorca al inglés, ayudado por Rafael Alberti y Manuel Altolaguirre y que los diversos idiomas que habla le sirven para profundizar en el estudio de las culturas con las que convive.

Y junto con esa capacidad de relación con los que podríamos denominar sus iguales, sus hermanos creativos, Hughes desarrolla una tierna empatía hacia sus iguales en el sufrimiento, se hermana con las víctimas. El humor que desprenden sus páginas asimismo las dota de una increíble humanidad.

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