Cuba: Ernesto Fernández, Premio Nacional de Artes Plásticas 2011

El verdadero premio que no esperaba Ernesto.

No recuerdo si habían llegado los años 80, ni si yo aún era periodista o ya la jefa de redacción de la revista Somos Jóvenes. Pero se organizó un intercambio de regalo y a Ernesto Fernández, hijo, le tocó obsequiarme a mí. Era un jovenzuelo que no llegaba a los 20 años, flaco, con una sonrisa permanente y unos ojos claros.

El día de la fiesta, porque de eso se trataba el intercambio, Ernesto se me apareció con una foto inédita de Fidel en un campo de caña quemada. Junto al retrato me regaló el negativo y mi emoción llegó a los ojos. Fidel era, es, será, mi héroe predilecto y yo era dueña de una imagen suya que nadie más tendría.

En estos últimos días he buscado esa foto ¡¡¡y el negativo!!! por cuanto vericueto hay en la casa. Supongo que aparezca en las páginas de un libro o en un sobre en algunos de los tantos bultos de papeles que he acumulado en mi vida.

Mi interés de encontrar esa imagen era adornar este texto sobre el autor de la foto, Ernesto Fernández, padre, que es el Premio de Artes Plásticas 2011, selección que yo he disfrutado mucho porque si lo conocí a él personalmente mediante su joven hijo, he admirado sus fotos desde que las vi en los periódicos y revistas, fundamentalmente en trabajos periodísticos relacionados con la épica revolucionaria.

Cuando lo traté me encantó su sencillez y energía, porque se trata de un hombre que pudo estar -y estuvo- en lugares que hoy son historia y en los que logró tomar imágenes para autentificar los hechos. Nacido en 1939, hasta 1958 fue ayudante de dibujante en la revista Carteles, luego en esa misma publicación diseñador, dibujante, fotógrafo y también fue luminotécnico y escenógrafo en la Sala Teatro Prometeo.

El triunfo de la Revolución le cambió la vida y ahí quedaron para la historia fotos como corresponsal de Guerra en Venezuela, en la Invasión de Castro León, en Playa Girón, la Crisis de Octubre, la lucha contra bandidos, en Angola, Nicaragua… que publicó en el periódico Revolución, en las revistas Mella y Cuba Internacional entre otros órganos de prensa.

Pero si Ernesto tiró esas fotos, también dejó imágenes memorables de actos en la plaza de la Revolución, de Fidel, de hombres y mujeres sencillos de este país, muchas con una calidad tal que ha logrado conjuntos de trabajos que pueden ser fotorreportajes, pero también un ensayos fotográficos.

Tiene 14 exposiciones personales, la última en 2007 La fotografía y la memoria, en Málaga (España) y las muestras colectivas son numerosas tanto en Cuba como en otros países: por ejemplo Canadá, Francia, Italia, la antigua Unión Soviética, Argelia, China, Hungría y Dinamarca.

Fundador de la Unión Nacional de Escritores y Artistas (UNEAC), Ernesto ha merecido un número importante de galardones: Tercer Premio International Press, Moscú, URSS; Réplica del Machete de Máximo Gómez, Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), República de Cuba; Distinción por la Cultura Nacional, Consejo de Estado, República de Cuba; Premio Fotografía Iberoamericana, Universidad de Harvard, Massachusetts, Boston, Estados Unidos y el  OLORUM Iberoamericano, Fondo Iberoamericano de Fotografía, III Congreso de Cultura y Desarrollo, La Habana, Cuba.

Ernesto es el segundo fotógrafo que recibe el Premio nacional de Artes Plásticas, el anterior fue Raúl Corrales en 1996.

Y no se lo esperaba, así me lo dijo con sinceridad absoluta cuando logré comunicarme con él telefónicamente. Tantas llamadas ha recibido que me confesó que se había sentido mal por recibir tal cantidad de emociones. “El premio es importante -reconoció- pero lo que más me ha estremecido es recibir felicitaciones de personas de todas partes, eso sí, es un premio que no esperaba”.

Le cuento a Ernesto lo que había hecho su hijo de adolescente y descubrí que había cometido una indiscreción. Él no lo sabía. La foto y el negativo que guardo en alguna parte, los tomó el muchacho sin consultarlo y casi 30 años después estoy comprometida a buscar ese negativo para escanearlo y sacar más fotos. Le prometí hacerlo solemnemente a los dos Ernestos, ¡ahhh! y entrevistar al menor que ya tiene una cantidad de exposiciones que casi sobrepasa al mayor. Y también con una calidad que estremece, igual que hizo un montón de años atrás, cuando tomó una foto tirada por su padre para regalarla a alguien que mientras viva recordará la imagen del sombrero de yarey, la barba tupida, el chorro de agua cayendo en los labios carnosos desde una cantimplora que sostenía con la mano derecha su héroe predilecto.

* Publicado en “La Jiribilla”

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