Antoni Puig Solé*. LQS. Abril 2018

Durante su inactividad, los medios de producción descansan en el mundo de los muertos a la espera de que el trabajo humano los transporte al de los vivos, pero su descanso no evita que las manecillas del reloj sigan girando

Supongamos que un capitalista dispone de una cantidad de dinero y decide empezar un negocio. En sus bolsillos o cuenta corriente, este dinero no era capital monetario. Sólo era dinero, utilizable para varios fines. Pero cuando el dinero se destina a comprar capital productivo ya toma la forma de capital, pues su finalidad es obtener plusvalía. La utilización del dinero para comprar, tendrá lugar en la esfera de la circulación. Una vez efectuada la compra, una parte de este capital, trasmutado ahora en capital productivo, será capital constante (materiales, herramientas, maquinas, edificios, etc.) que permanecerá en la empresa durante un periodo mayor o menor, según el elemento en cuestión. Los materiales se incorporaran al proceso productivo o quedaran en reserva como existencias, mientras que las máquinas, herramientas y edificios, quedarán disponibles para la producción durante un periodo más o menos largo, en función de su vida útil. Luego las mercancías producidas partirán de nuevo hacia la esfera de la circulación, con la intención de intercambiarse por dinero. Todo esto requiere su tiempo, al que llamamos tiempo del ciclo del capital y que será la suma del tiempo de producción y el de circulación, en sus dos momentos.

TIEMPO DE CIRCULACIÓN (D-M)

+ TIEMPO DE PRODUCCIÓN (..P..)

+ TIEMPO DE CIRCULACIÓN (M’-D’)
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TIEMPO DEL CICLO DEL CAPITAL
EL TIEMPO DE PRODUCCIÓN

El tiempo de producción computa, lógicamente, el horario del proceso de trabajo, o sea, el tiempo durante el cual opera el trabajo vivo. Pero también suma las interrupciones periódicas que impiden el normal funcionamiento (noches, festivos, etc.) y el tiempo en que los medios de producción permanecen inactivos en el lugar de trabajo a la espera de participar más adelante, en la producción. Esto incluye el tiempo en que los materiales permanecen almacenados, para evitar futuras rupturas en el proceso de producción.

Durante su inactividad, los medios de producción descansan en el mundo de los muertos a la espera de que el trabajo humano los transporte al de los vivos, pero su descanso no evita que las manecillas del reloj sigan girando.

En todo caso, pese a ser una parte del capital, que por una u otra causa, quede inactivo durante un tiempo, no abandona su condición de capital productivo al ser imprescindible para reemprender la producción y transferir valor. Es capital productivo adormecido en la esfera de la producción aunque no se active momentáneamente en el proceso de trabajo.

Existen casos particulares donde el producto, después de que el trabajo vivo le haya dado el empujón inicial, debe reposar para seguir su curso, pero con este reposo algunos de los medios de producción siguen activados cumpliendo una función productiva. Sería el caso, por ejemplo, del vino que debe fermentar. Aquí, aunque el proceso de trabajo se ha paralizado, el medio de producción sigue su curso y transfiere valor. Pensemos en la contribución de la barrica para que al final tengamos un buen vino.

Marx para describir todas estas situaciones en las que el trabajo vivo no opera, se refiere a los medios de producción como capital latente y al describir la situaciones en las que este capital latente está disponible, pero no opera de ninguna manera porque la producción a la que contribuye queda paralizada o el medio de producción queda fuera de ella, habla de capital en barbecho.

Los periodos de espera, pueden necesitar de alguna actividad humana para evitar deterioros o aportar mejoras. Las materias primas y auxiliares, por ejemplo, deben ser almacenadas adecuadamente lo que exige trabajo vivo y consumo de trabajo muerto. Este trabajo vivo también será creador de valor y de plus valor. Aquí no está de más recordar que el valor de una mercancía proviene de todos los trabajos realizados para que dicha mercancía pueda llegar en las condiciones exigidas allí donde se va a consumir, por lo cual también incorpora los trabajos de conservación y transporte.

Cuando el capital productivo queda en barbecho, no transfiere valor alguno al no haber creación de producto. Esto no quiere decir que durante las interrupciones, las máquinas y los edificios no pierdan valor. Lo pierden, o mejor dicho, lo derrochan. El ejemplo más ilustrativo lo tenemos en las situaciones de crisis, donde una parte del capital constante deja de operar, pero pese a ello envejece, se oxida, se pudre o se descompone, sin poder transferir valor.

El tiempo de circulación

En la circulación, el capital existe únicamente como capital mercancías y capital dinero, pasando de una a la otra forma, según sea el caso. Durante este tiempo, esta parte del capital no funciona como capital productivo. No produce plusvalía.

Por lo general, mientras una parte del capital opera en la circulación, otro lo hace en la producción. El capital se transmuta y una forma alimenta a la otra.

Esto no evita, que cuanto más dura el proceso de circulación, mayor será el tiempo que esta forma del capital necesitará para transmutarse en capital productivo y producir producto y plusvalía. Esta duración puede aumentar o disminuir, por circunstancias diversa. Puede incluso tender a cero: Si una empresa produce sobre pedido y cobra al contado, el paso M’-D’ tendrá una duración fugaz. En estas condiciones, todo el capital se puede destinar a la producción. La situación aún es más favorable si se cobra por anticipado.

¿Cómo percibe la economía política clásica el tiempo de circulación? Se deja engañar por las apariencias. Concibe el tiempo de circulación como positivo, porque sus efectos lo son, ya que es allí donde se realiza la plusvalía.

En la esfera de la circulación el capital lleva a cabo sus dos fases contrapuestas. Primero (compra) pasa de D a M. Más adelante (venta) pasa de M a D. El tiempo de circulación contabiliza estas dos partes. Ambos tiempos, no sólo se encuentran separados por el tiempo. También pueden estarlo por el espacio, ya que la compra se puede efectuar en un lugar y la venta en otro distinto y su duración puede ser dispar. Salvo algunas excepciones, la segunda, o sea la venta, es la más dificultosa y por consiguiente, es a la que se destina más tiempo.

La compra, va asociada al proceso de reproducción. Si esta reproducción funciona bien, la compra de medios de producción y de fuerza de trabajo, presentará pocas dificultadas. Si una empresa, además se encuentra en una situación de dominio, puede comprar exigiendo a algunos de sus proveedores pago aplazado, con lo cual, este tiempo de circulación se reducen pero se alarga para el proveedor. Eso no quiere decir que en determinadas coyunturas las dificultades no puedan aparecer a diestra y siniestra. Pensemos, por un momento, en todas las barreras con las que históricamente el capital se ha encontrado para garantizar los recursos energéticos y los materiales necesarios para poder producir con normalidad.

Hay, en todo caso, una diferencia fundamental entre D-M y M’-D’: La segunda permite la realización de la plusvalía. Por esto, además de ser el paso más difícil, es el más importante.

En la parte final del capítulo, encontramos una reflexión de Marx, sobre las limitaciones en el tiempo de circulación para determinadas mercancías, sobre la cual puede ser interesante añadir alguna cosa.

“Cuanto más perecedera sea una mercancía, cuanto más rápidamente deba ser consumida y, por tanto, vendida, después de su producción, menos podrá alejarse de su lugar de producción, más reducida será, por tanto, su esfera territorial de circulación, mayor carácter local tendrá su mercado de venta. Por consiguiente, cuanto más breve sea la vida de una mercancía, cuanto más estrecho sea, por su carácter físico, el límite absoluto de su tiempo de circulación como mercancía, menos apta será como objeto de la producción capitalista. Esta sólo puede aclimatarse en lugares de gran densidad de población o a medida que las distancias geográficas se acortan con el desarrollo de los medios de transporte. La concentración de la producción de un artículo en pocas manos y en lugares densamente poblados puede, sin embargo, crear un mercado relativamente grande para esta clase de artículos, como ocurre por ejemplo con las grandes fábricas de cerveza, las grandes lecherías, etc.”

El ejemplo hace referencia, principalmente, a los productos alimentarios y es válido, tanto para los de consumo humano, como para los de consumo animal y ya nos anuncia que estos productos puede “crear mercados relativamente grandes”.

El capitalismo ha actuado, no sólo sobre el transportes, sino también sobre la organización productiva, para superar la limitación temporal. Los animales han pasado a ser alimentados con piensos y muchos han quedado confinados en grandes granjas donde se reproducen y permanecen hasta que son “sacrificados”. Los pocos animales que aún gozan de “una cierta libertad”, lo hacen, por lo general, encerrados en tierras valladas, que han sido abandonadas por la agricultura para destinarlas a la ganadería. Los alimentos de consumo humanos, ahora ya pueden conservarse durante largos tiempo y transportadas en cámaras frigoríficas. Su durabilidad se acrecienta con la introducción de conservantes. Todo esto flexibiliza los tiempos de circulación y hace que las mercancías sean más aptas para la producción capitalista.

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