Antoni Puig Solé*. LQS. Noviembre 2018

Defectos de las oscilaciones del precio desde materiales sobre la tasa de ganancia

Este capítulo explica cómo las modificaciones de precios impactan en el costo de la mercancía y de rebote en la tasa de ganancia. Si sube el coste de producción la tasa de ganancia baja y viceversa.

La explicación la podemos ejemplificar, inicialmente, viendo el impacto de un aumento y una disminución en los precios de los materiales:

si aumenta, para obtener una determinada masa de plusvalía, es necesario poner en funcionamiento una masa superior de capital. En consecuencia, el numerador de la tasa de ganancia es el mismo, mientras que el denominador crece y, en estas circunstancias, la tasa decrece.
Si disminuye, el denominador también lo hace y la tasa crece.

Supuesto numérico:
La tasa de beneficios y la tasa de ganancia se calcula con estas fórmulas:

Tasa de beneficis.- b ‘= p / c + v
Tasa de guany.- g ‘= p / C

P.- Plusvalía
c.- Capital constante.
v.- Capital variable
C.- Capital total, es decir, c + v si capital consumido y capital total coinciden.

A / Si se produce un descenso (que llamaremos d) en el precio de los materiales, pasa lo siguiente:

Tasa de BENEFICIO = p / (c-d + v)> p / c + v
Tasa de GANANCIA = p / (C-d)> p / C
La tasa sube.

B / Si se produce un alza (que de llamaremos a) en el precio de las materias primas, pasa lo siguiente:

Tasa de BENEFICIO = p / (c + a + v)

Tasa de GANANCIA = p / (C + a)

La tasa baja.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Marx, en consonancia con su explicación de los precios de producción, menciona que estas fluctuaciones de precio no serían tan extremas en una situación de tasas de ganancias medias y precios de producción. De momento estamos suponiendo que el intercambio de las mercancías responde a sus valores. Pero si se acopla a sus precios de producción, la formación de tasas de beneficios medias suavizaría ligeramente esta fluctuación del precio.

Viendo el impacto de los materiales en la tasa de ganancia, no es de extrañar el interés por abaratarlos, en general, y especialmente en los países industrializados. A la vez, el gasto en transporte, la eficiencia del comercio mundial y el sistema tarifario, como que también influeixent los precios de estos materiales, se convierten en preocupaciones centrales para los capitalistas, como observamos ahora mismo.

Los materiales, al ser parte del capital circulante, pasan directamente y en una sola vez, en el producto. El valor del capital fijo, en cambio, lo hace poco a poco. Esto quiere decir que en el primer caso las fluctuaciones en los precios tienen un impacto más directo que en el segundo.

Cuando se incrementa la productividad, aumenta la cantidad de producto consumida en el mismo periodo de tiempo. Si los trabajadores producen el doble, consumen el doble de materiales. Esto, aunque no influye en la masa de plusvalía, impacta sobre el precio unitario que contendrá una porción más escasa de trabajo directo, un valor más o menos similar transferido por el capital fijo y un valor proporcionalmente mayor aportado por los materiales. Estamos, por tanto, ante un fenómeno tendencial que sólo se frena Disminuc el precio de los materiales.

Al ser elementos del capital circulante, los materiales deben ser incorporados de nuevo, una vez rar el otro, después de ser consumidos para fabricar la mercancía (a diferencia del caso del capital fijo, del que sólo se amortiza la parte consumida, constituyendo un fondo de reserva, lo que se puede disponer, o no, para hacer nuevas inversiones). Si el ingreso conseguido con la venta de los productos terminados resulta insuficiente para la sustitución de este capital circulante, entonces el proceso de reproducción en general queda bloqueado.

Finalmente, los efectos sobre el nivel de precios de estos materiales hacen que el tema de los residuos adquiera una importancia adicional. En subirse los precios sube también la cantidad de dinero que acompañan los desechos, lo que suele provocar un mayor cuidado en su generación y administración.

Incremento de valor y depreciación; liberación y vinculación de capital

Marx habla de incremento de valor y de depreciación del capital para referirse a los cambios, por causas diversas, en el valor de cualquiera de los factores de la producción, después de comprarlos.

Un ejemplo de incremento de valor sería comprar petróleo y que, una vez acordado el precio, este precio subes. Un de depreciación sería cuando habiéndose instalado una línea de producción para fabricar un nuevo modelo, se descubre que unas empresas de la competencia ha logrado un sistema mejor, que les permite producir con menos costes.

La revalorización y la devaluación del capital, como veremos, puede afectar al capital constante, al variable o ambos; y, en cuanto a capital constante, puede afecta al capital constante fijo y al capital constante circulante, o ambos.

La liberación del capital es un fenómeno más enrevesado. Ya fue analizada en el volumen II, al observar el período de rotación. Allí se explicaba que para que la producción no se interrumpa y prosiga en la misma escala, hay que avanzar un determinado volumen de capital, no sólo para asegurar el período de trabajo en el que se produce la mercancía, sino también para asegurar el período de circulación porque la mercancía recorra el camino hasta que se vende y se cobra. Si se acorta el período de circulación, el dinero llega antes y se en necesitan menos por el camino; ese dinero se pueden convertir en capital productivo. Como consecuencia, el capital que previamente debía avanzar para cubrir este periodo, ahora, al acortarse, se libera. Por el contrario, si se amplía el período de circulación, es necesario vincular un capital adicional para garantizar que la producción no se interrumpa.

Para entender todo el razonamiento no se puede perder de vista que una parte del capital se encuentra en la esfera de la producción y otra a la de la circulación. En cuanto a la parte incrustada en la esfera de la producción, hay diferencias notorias según sea su destino (materiales, máquinas, edificios, salarios …).

Para ver el efecto de la fluctuación del valor de los materiales, imaginamos un aumento en el precio del petróleo. Al despegar, los precios de los productos acabados y semiacabados derivados del petróleo, así como los valores de los stocks de petróleo, se elevarán. Asimismo, el petróleo añadirá una mayor porción de valor al producto, en comparación con lo que añadía antes. En este supuesto, estaríamos ante un aumento general de valor. Naturalmente, en el caso de una caída del precio, pasaría lo contrario.

Si la proporción de productos derivados del petróleo que ya han llegado al mercado cuando el precio sube, es alta, el aumento producido en el valor del capital en forma de mercancía puede contrarrestar el efecto de la subida en la materia prima y compensar el su efecto sobre la tasa de ganancia. Naturalmente, lo contrario también puede pasar.

Al principio del capítulo, Marx señala que una comprensión completa de estos factores -incremento de valor, depreciación, vinculación y liberación – requieren un análisis del sistema de crédito y del mercado mundial. Estos son temas que Marx tratará más tarde y de momento no se tienen en cuenta. Una situación similar nos encontramos en el incremento o descenso del valor de la tierra, que impacta de lleno en la apreciación y la depreciación de capital, generalmente, en su parte fija (valor de los edificios, por ejemplo). Queda igualmente aplazado, ya que para tratarlo hay que despertar la problemática asociada a la renta de la tierra y Marx que no se pone hasta llegar a la parte final del libro III.

Por el contrario, el tema de la devaluación de la maquinaria ya lo podemos tratar:

Si el valor de uso de la maquinaria se deprecia rápidamente, las máquinas pierden valor, en depreciarse antes de que el trabajo que contienen se pueda transferir completamente a la mercancía. Si, por ejemplo, una empresa automovilística construye una nueva factoría y la competencia en construyen una mucho más eficiente tres años más tarde, las máquinas de la primera pierden valor. La factoría más antigua no podrá vender sus automóviles a precios que permitan recuperar las inversiones en capital fijo. Debe vender al precio de mercado, ahora más bajo, establecido por las empresas más competitivas. Marx denomina a este fenómeno como “depreciación moral”. Esto significa que cuando la nueva maquinaria llega a la fábrica, a menudo se necesita urgentemente sacar el máximo provecho haciéndola producir a tope antes de que quede obsoleta, prolongando la jornada laboral, estableciendo turnos de noche, realizando horas extraordinarias, trabajando los festivos y fines de semana, …

Se puede llegar a una cierta estabilidad en el uso de la tecnología, durante un temes. Esto no evita que la maquinaria también se devalúe, ya que es probable que se mejore la eficiencia en su producción, produciéndose las, entonces, a mejor precio. Esto significa que no todos los nuevos usuarios de las máquinas se benefician de la misma manera. A menudo algunos capitalistas salen del negocio, porque no pueden competir. Su capital fijo se debe vender. Otros capitalistas lo compran a precios de ganga y luego pueden obtener un mejor margen de beneficio.

Aquí Marx da una imagen de cómo se modifica la organización del trabajo para evitar la caída de la tasa de ganancia. Ya se ha visto en otros capítulos, y lo veremos de una manera más detallada en capítulos posterior, como un aumento en la composición orgánica del capital incentiva la caída de la tasa. El incremento de la composición orgánica se puede compensar con la caída de precios de la maquinaria y otros elementos del capital constante. Pero cuando caen los precios de capital fijo, en encontramos ante una depreciación moral que también puede perjudicar a muchos capitalistas. Sólo en los momentos de crisis, se puede conciliar la devaluación y la mejora en la tasa de ganancia, pero esto sólo favorece a los capitales más potentes que salen reforzados gracias a la crisis.

Todo ello hace que haya resultados confusos. Si el capital pierde valor mediante la depreciación, esto puede significar, a la larga, que la tasa de beneficios aumenta, ya que relaciona la plusvalía con el valor del capital total. Si se revalúa, la tasa de ganancia baja por los mismos motivos.

Pasemos ahora a considerar las modificaciones en el capital variable.

Ya sabemos que si los medios de subsistencia se encarecen, los salarios deben mejorar para garantizar la alimentación de los obreros y entonces la plusvalía cae. Todo lo contrario ocurre si los medios de subsistencia se abaratan, ya que la fuerza de trabajo se desvaloriza.

Cuando los salarios caen, una parte del capital variable se libera. Esta “propina” se puede utilizar para el disfrute del capitalista o se puede reinvertir en la producción, expandiéndola y contratando más trabajadores para explotar. Cuando el valor de la fuerza de trabajo se encarece, sucede todo lo contrario: se necesita más capital “ligado” al capital variable, lo que significa que si la producción se mantiene en la misma escala, la plusvalía mermará. En estas circunstancias, tasa de plusvalía y tasa de beneficios caen.

Una parte del capital variable puede ser liberado también por cambios de productividad. Si aumenta, es posible obtener la misma cantidad de mercancía con menos trabajadores, liberando capital variable. Sin embargo, como ya hemos visto, esto suele ir acompañado de un crecimiento en el consumo de los materiales, obligando al capitalista a invertir más capital constante. Las cantidades relativas de la liberación del capital variable y el incremento del capital constante, determinan el efecto sobre las tasas de beneficios.

En general, un crecimiento en el capital constante se justifica para garantizar más productividad. La situación inversa la encontraríamos en el caso particular de la agricultura: si la fertilidad del suelo disminuye, se necesitará más capital constante para obtener la misma cantidad de producto de la tierra. En este caso, en cuanto cae la productividad, el capital constante se incrementará.

En caso de que la disminución del capital variable de lugar un incremento del capital constante de la misma cuantía, se producirá un cambio en la distribución del capital entre sus componentes variables y constantes, una redistribución que cambiará tanto la masa como la tasa de plusvalía, pero se tratará de un fenómeno distinto al de la liberación de capital que ahora estamos analizando.

El capital constante también puede quedar afectado si el aumento de la productividad del trabajo requiere el uso de más mateirals, máquinas e instalaciones, para una determinada masa de capital variable. La dificultad en estos casos es que, como vimos en el volumen II, tanto en términos de valor como en términos de unidades físicas, las proporciones de los elementos de producción (mano de obra y medios de producción) están determinadas por el carácter técnico del proceso de producción. Aparte de la fuerza de trabajo, el elemento de producción más sensible a las fluctuaciones en el precio son las materias primas: el desgaste del capital fijo se puede compensar, en general, comprando de nuevo, en cualquier momento de la facturación los precios. En cambio, las materias primas, como ya hemos visto, se sustituirán por nuevas materias primas, en la cantidad adecuada y en el momento puntual. Las fluctuaciones violentas en el precio (o en el subminstrament de las materias primas) dan lugar a interrupciones, a grandes perturbaciones e incluso a catástrofes en el proceso de reproducción.

Cuando el precio de las materias primas llegan a un pico al que nunca se había llegado, los capitalistas a menudo se unen en asociaciones para estimular la producción de estas materias primas. Esta es una de las maneras en que los capitalistas actúan colectivamente como clase cuando se ven amenazados como clase. Pero tan pronto como la producción vuelve a la normalidad, los capitalistas vuelven a abrir las compuertas de la competencia en el mercado y su ideología de “libre comercio” humedece el terreno.

La agricultura es un buen ejemplo de todo ello. Una mala cosecha, una plaga, etc. pueden hacer fluctuar los precios agrícolas. Los productos de la naturaleza no son tan estables y previsibles como los productos del trabajo puramente humano en otros ámbitos de producción. La producción agrícola tampoco puede aumentar ni disminuir inmediatamente para afrontar las fluctuaciones de la demanda, aunque el capital no para incorporar nuevas técnicas para hacerlo. La producción, en buena parte de los correos, se planifica en torno a los ciclos anuales de cultivos y no se puede ajustar hasta el comienzo de la próxima temporada de siembra. Esto significa que puede haber excesos y carencias de productos agrícolas.

La moral del relato que saca Marx, en estos temas, y que también se puede extraer de otras discusiones de la agricultura, es que el sistema capitalista se opone a una agricultura racional o que una agricultura racional es incompatible con el sistema capitalista , incluso si esta última promueve el desarrollo técnico en el campo. El sistema necesita pequeños agricultores que trabajan para ellos mismos o asociados con otros productores. Es de extrañar, pues, que hoy, buena parte de la agrícola dependa de subvenciones y aranceles masivos?

Marx concluye el capítulo con extractos detallados de los informes de los Inspectores de fábrica, que ilustran el último punto y una cronología de la “crisis del algodón”, que trataremos en una futura entrega.

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