De Detroit a Houston, de Houston a San Juan y de vuelta a Detroit: verano (2021)

Por Francisco Cabanillas. LQSomos.

La azafata interrumpe mi lectura con una pregunta:
“¿quiere que le encienda la lámpara?” En ese instante
me doy cuenta de mi cuerpo inclinado sobre el libro y
la oscuridad de la cabina. Le contesto que sí.
Luis Avilés

MAYO; a principios del mes, en el norte de Ohio, las clases en la Universidad de Bowling Green terminaron el 30 de abril. Corregidos exámenes y trabajos finales, encaro el mes de mayo con tiempo y deseos de saldar cuentas viejas, viejísimas, con un clásico de la poesía boricua, Hugo Margenat (1933-57), cuyas OBRAS COMPLETAS (1974) no había leído:

“No quiero escribir más versos
porque me saben a amargura,
porque me duelen cuando escribo
como si escribiera con un lápiz hecho de espinas.”

Casi al final de navegar por la poesía primeriza de Margenat, “Primeros poemas” (1950-51) y Breves palabras de las horas prietas (1952-1953),

“Llegó la contestación
en una voz ajena.
Era ella
una súplica
con garras.

Cierto, muy cierto,
señores burgueses,
soy poeta.

Es cierto.
Nada tengo.
Papeles…
Pluma…
Tinta imborrable,
y sobre todo:
un alma
superior
a las cajas de bacalao y queso”;

casi a la misma vez cae en mis manos el pdf de una traducción al español de otro clásico, no de poesía sino de historia marxista, Los jacobinos negros: Toussaint L’Overture y la revolución de Haití (1938) de CRL James. Libro que también, como las OBRAS COMPLETAS, quería leer desde hacía mucho tiempo:

“Por eso, la revolución de Santo Domingo será en gran medida una glosa de sus éxitos [Toussaint L’Overture] y de su personalidad política. El escritor [Beauchamp] cree y confía […] que entre 1789 y 1815, con la excepción del propio Bonaparte, la historia no registra la irrupción de ninguna figura individual más carismática que la de este negro, esclavo hasta la edad de 45 años. Sin embargo, Toussaint no fue quien hizo la revolución. Fue la revolución la que hizo a Toussaint.”

Al leer Los jacobinos negros, algo no vislumbrado con la claridad que se presenta ahora, algo clave, básico, fundamental, se impone con fuerza; a saber, la poca importancia, casi nula, que se le da a Haití en el contexto de los Estudios Latinoamericanos. En virtud de lo que fue la revolución pionera llevada a cabo de 1791 a 1804, la centralidad de Haití tendría que ser más protagónica en la discusión de la realidad latinoamericana. Como sintetiza CRL James:

“Haití se convirtió en la primera república negra fuera del continente africano, y en la segunda sociedad poscolonial de la era moderna (después de los Estados Unidos).”

Desde el “giro decolonial,” el nuevo libro de Jean Casimir, The Haitians: A Decolonial History (2020), sale al paso. Propone el sociólogo haitiano que Haití hay que verlo desde la mirada haitiana, y no, como es costumbre abordarlo, desde la construcción moderna del estado-nación occidentalocéntrico; entidad que ha considerado el surgimiento y la existencia de Haití como algo “inconcebible” e “indeseable.”

Torrentosa, fluida (aunque no lo parezca en esta cita),

“Como un libro cerrado,
Quieto, sin pronunciar palabras.
He pensado…”

la poesía de Margenat se desplaza como si fuera prosa (de la buena):

“Cabalgo en mi caballo de blancoazules.
Taciturno. Escucho, escribo, grito.
Carcajada honda en el pozo-mundo.
Las aguas se intranquilizan y un sapo salta iracundo.”

Entre giros de calada existencial, la poesía habla de la poesía y de la amada en el mismo verso:

“Tú, un libro, lamentos, una neblina
que se extiende con espantosa lentitud, versos.”

Variación del mismo tema; intensificación de la “neblina” en oscuridad:

“Estos libros, aquellos papeles,
y un vaso sin vino, y al fondo,
contigo, la noche.”

En cada página que leo de Los jacobinos negros, la figura de Toussaint se hace más inquietante:

“Deliberadamente cultivaba el secreto. Podía abandonar por ejemplo una ciudad en su carruaje rodeado por su guardias y al cabo de unos kilómetros apearse y cabalgar en dirección opuesta. Y después de estas repentinas incursiones a lo largo del país era capaz de llegar a su gabinete y dictar cientos de cartas hasta bien entrada la madrugada. Dictaba a cinco secretarios al mismo tiempo […] Era tan absolutamente dueño de su cuerpo como de su mente. No dormía más de dos horas cada noche y durante largos periodos se contentaba con dos plátanos y un vaso de agua por todo alimento.”

El ”Espartaco negro” Toussaint, deja al lector con la boca abierta. Su determinación; su liderazgo y sagacidad; su abolicionismo; su ser “sinceramente católico,” para nada afecto al vudú; su fervor por la ciudadanía francesa, por su Revolución de 1787 y consecuentemente su antiindependentismo, acrecientan la intensidad de su perfil. Sobre sus últimos días, dice CRL James:

“La derrota de Toussaint en la Guerra de la Independencia, su encarcelamiento y muerte en Europa son considerados unánimemente una tragedia. Contienen auténticos elementos trágicos porque aún en el clímax de la guerra Toussaint intentó preservar el nexo con Francia, esencial para que Haití perseverase en su largo y difícil camino hacia la civilización. Convencido de que la esclavitud no volvería a imperar nunca en Santo Domingo [Haití], no estaba menos convencido de que esclavos llegados no hacía tanto tiempo de África nunca podrían alcanzar la civilización ‘por sí solos.’”

La poesía de Margenat se expande:

“Sirve la tarde para no escribir,
no decir nada,
nada más que para caer mirándola
envuelto en una sábana de ideales
arrancados al gemido de la tierra.”

Hacia finales de mayo, la lectura de Los jacobinos negros, “nada hay tan feroz como un imperialista en las colonias,” un libro que es necesario releer, me catapulta hacia la novela haitianoamericana de Edwinge Danticat, Framing of Bones (1998). Vuelta a la masacre de 1937, Río Dajabón; frontera entre Haití y la República Dominicana. Zona de espanto y sangre. El Generalísimo, Rafael Leónidas Trujillo, ha prometido limpiar la República Dominicana de haitianos. Cunde el terror. Estampida de regreso a Haití; le toca a la protagonista haitiana de la novela, junto a otros miles, aguantar la violencia del racismo que le cae encima, cuando, al decir la palabra “perejil,” revela desde la pronunciación de la “r” su haitianidad. Violencia que desató Trujillo, conocida como la Masacre del Perejil (1937), mediante la cual el estado racista asesinó entre 20,000 y 30,000 haitianos. La protagonista se salva.

La poesía de Margenat se contrae:

“Han sido tantos y tantos los pensamientos
con que he envuelto tu última palabra,
y han sido tantos los desvelos
sobre lo que no he podido escribir
pero que dentro, muy adentro
en mí está sangrante.”

JUNIO; desde el norte de Ohio al Aeropuerto Internacional de Detroit, Michigan, vía I-75 y I-275. Periplo de una hora y quince minutos en utopistas por las que, a pesar de la progresiva desindustrialización del midwest, fluye una inmensidad de camiones; monstruos que transitan de norte a sur del país.

Aeropuerto de Detroit, North Terminal; llego dos horas antes del vuelo. En la computadora llevo otra traducción al español, en pdf, de un clásico del pensamiento afrocaribeño latinoamericano, que también, desde hacía muchos años —lagunas, demasiadas lagunas—, quería leer: Los condenados de la tierra (1961) de Franz Fanon.

Regalo viejo.

Después de haber leído artículos y visto charlas en Youtube del sociólogo Ramón Grosfoguel sobre las zonas del ser y el no-ser fanonianas; después de leer sobre la colonialidad del ser que, a partir del pensamiento fanoniano, elabora el filósofo Nelson Torres Maldonado, leo, en la espera anterior al viaje, el famoso prefacio que John Paul Sartre le dedica a Los condenados de la tierra, del cual rescato esta saeta cienciaficcionada:

“Europeos, abrid este libro, penetrad en él. Después de dar algunos pasos en la oscuridad, veréis a algunos extranjeros reunidos en torno a un fuego, acercaos, escuchad: discuten de lo que piensan hacer con vuestras factorías, con los mercenarios que las defienden. Quizás estos extranjeros se den cuenta de vuestra presencia, pero seguirán hablando entre ellos, sin tan siquiera bajar la voz. Esta indiferencia hiere en lo más hondo: sus padres, criaturas de las sombras, vuestras criaturas, eran almas muertas, vosotros les quitasteis la luz, no hablaban sino con vosotros y vosotros ni siquiera os tomabais la pena de responder a esos zombis. Los hijos, en cambio, os ignoran: los ilumina y los calienta un fuego que no es el vuestro. Vosotros, a cierta distancia, os sentís furtivos, nocturnos, estremecidos: a cada cual su turno; en estas tinieblas de donde va a surgir otra aurora, los zombis sois vosotros.”

De Detroit a Houston. Vuelo de dos horas y cuarenta minutos (en la peor aerolínea: Spirit). Justo en el momento de despegar, saltan, del “Capítulo 1: La violencia,” estos fragmentos del pensamiento político de Fanon:

“Liberación nacional, renacimiento nacional, restitución de la nación al pueblo, Commonwealth, cualesquiera que sean las rúbricas utilizadas o las nuevas fórmulas introducidas, la descolonización es siempre un fenómeno violento […] La descolonización, que se propone cambiar el orden del mundo es, como se ve, un programa de desorden absoluto […] El colonizado que decide realizar ese programa [‘vencer todos los obstáculos con que se tropiece en el camino’ para derrocar el colonialismo] […], está dispuesto en todo momento a la violencia.”

Según avanza la lectura del Capítulo 1,

“El hombre colonizado se libera en y por la violencia,”

el vuelo alcanza su altitud, normalizándose en una horizontalidad estable que dura más de una hora, al cabo de la cual se quiebra, entre páginas que echan humo, la tranquilidad:

“El desarrollo de la violencia en el seno del pueblo colonizado será proporcional a la violencia ejercida por el régimen colonial impugnado.”

Tensión. A más de 30,000 pies de altura, sobrevolando Kentucky o Tennessee, la lectura de Los condenados de la tierra genera turbulencia libresca. Golpeteo de textos que chocan entre sí; ya sea por el sentido de relativo vacío que siente el lector latinoamericano que llega a la biblia fanoniana esperando referencias al Caribe o a América Latina (las referencias son mayormente a África y al Tercer Mundo); ya sea por el peso de la tesis, que endosa, como paso previo a la liberación, la violencia anticolonial y decolonial:

“Solo la violencia ejercida por el pueblo, violencia organizada y aclarada por la dirección, permite a las masas descifrar la realidad social, le da la clave de ésta. Sin esa lucha, sin esos conocimiento en la praxis, no hay sino carnaval y estribillos.”

En cuanto al golpeteo libresco producido por el vacío relativo de referencias al Caribe y América Latina, en colisión con el caribeñismo/haitianismo de Los jacobinos negros, las referencias que el panafricanismo de Los condenados de la tierra hace a América Latina, que no son muchas, son sobre todo como modelo de lo que no le debe pasar a África. En una nota al pie de página, Fanon le dice a los africanos que luchan contra el colonialismo que no olviden mirar el caso de América Latina, mayormente liberada del colonialismo español a principios del siglo XIX, pero reinscrita en el neocolonialismo usamericano:

“En el contexto internacional actual, el capitalismo no ejerce el bloqueo económico contra las colonias africanas y asiáticas únicamente. Los Estados Unidos, con la operación anticastrista, abren en el continente americano un nuevo capítulo de la historia de la liberación laboriosa del hombre. América Latina, formada por países independientes con representación en la ONU y con moneda propia, debería constituir una lección para África. Esas antiguas colonias, desde su liberación, sufren en medio del terror y la privación la ley implacable del capitalismo occidental.”

Ante esta situación, Fanon endosa la Revolución Cubana de apenas dos años (1959-61). Aplaude la transferencia de poder de la dictadura capitalista al pueblo; vaticina que, a partir del esfuerzo colectivo, los cubanos triunfarán sobre la contrarrevolución orquestada por Usamérica; desea, por el bien de la humanidad, que el colonialismo y el neocolonialismo terminen; ata el poder usamericano al dólar y sus transnacionales; destaca, desde el principio del párrafo, la importancia del momento africano que vive:

“La liberación de África, el desarrollo de la conciencia de los hombres han permitido a los pueblos latinoamericanos romper con la vieja danza de las dictaduras, en las que los regímenes se suceden sin diferencias. Castro toma el poder en Cuba y se lo entrega al pueblo. Esta herejía es resentida como una calamidad nacional por los yanquis y los Estados Unidos organizan brigadas contrarrevolucionarias, fabrican un gobierno provisional, incendian las cosechas de caña, deciden por último estrangular despiadadamente al pueblo cubano. Pero va a ser difícil. El pueblo cubano sufrirá, pero vencerá. ”

Fanon subraya la solidaridad del presidente de Brasil, Janio Quadros, con la Revolución Cubana en 1961; y apuesta por la liberación futura que se está cocinando en el mundo:

“También los Estados Unidos van a retroceder quizá un día ante la voluntad de los pueblos. Ese día lo festejaremos, porque será un día decisivo para los hombres y las mujeres del mundo entero. El dólar que, en resumidas cuentas no está garantizado sino por los esclavos repartidos por todo el globo, en los pozos de petróleo del Medio Oriente, las minas del Perú o del Congo, las plantaciones de la United Fruit o de Firestone, dejará de dominar con todo su poder a esos esclavos que lo han creado y que siguen alimentándolo, con la cabeza y el vientre vacíos, con su propia sustancia.”

Al aterrizar en el George Busch Intercontinental Airport de Houston, vuelvo a este subrayado en amarillo del Capítulo 1:

“¿Qué es pues, en realidad, esa violencia? Ya lo hemos visto: es la intuición que tienen las masas colonizadas de que su liberación debe hacerse, y no puede hacerse más que por la fuerza. ¿Por qué aberración del espíritu esos hombres sin técnica, hambrientos y debilitados, no conocedores de los métodos de organización llegan a convencerse, frente al poderío económico y militar del ocupante, de que solo la violencia podrá liberarlos?” […] Porque la violencia, y ahí está el escándalo, puede constituir, como método, la consigna de un partido político […] que el pueblo argelino rechace todo método que no sea violento, prueba que algo ha pasado o está pasando[…] los pueblos subdesarrollados hacen saltar sus cadenas y lo extraordinario es que lo logran.”

Estoy en el aeropuerto del presidente usamericano que, el 20 de diciembre de 1989, invadió Panamá, George H. W. Bush; invasión que, tres años después, produce su contradiscurso en el documental de Barbara Trent, The Panama Deception (1992).

JULIO; desde Houston, terminar Los condenados de la tierra produce vértigo. En la conclusión del libro, Fanon invita al Tercer Mundo a trascender el modelo eurocéntrico con eje en Europa, cuya “aventura prodigiosa del Espíritu europeo” ha “justificado” sus “crímenes” y ha

“legitimado la esclavitud en la que [Europa] mantiene a las cuatro quintas partes de la humanidad.”

Desde Houston, esa centralidad que en 1961 Fanon le adjudica al modelo eurocéntrico, dentro del cual incluye el fenómeno usamericano, produce vértigo, en la medida en que el eurocentrismo que denuncia Fanon tiene como eje Europa, no tanto Estados Unidos. Potencia esta que, a partir del final de la Guerra Fría en 1991, va a ocupar la centralidad neoliberal que, desde el Tercer Mundo, Fanon le criticaba a la modernidad agotada de Europa en 1961.

¡Vértigo! Esa Europa colonizadora ha sido subsumida por el neoliberalismo usamericano de la posguerra fría (1991-2008), del cual Houston, Texas, forma parte desde 1836 y 1845.

Fines de junio. Del ensayo político a la novela histórica; la urgencia con que Fanon pedía atravesar el eurocentrismo con eje en Europa se siente como un vuelco feroz, ya que esa urgencia requiere atravesar, hoy, el neoliberalismo a quemarropa que Estados Unidos lidera.

Desde ese vacío que se siente, sin serlo, como un silencio político en la conclusión de Los condenados de la tierra, surge de la biblioesfera, quizás por la hibridez cultural de Houston, una novela histórica sobre la Sicilia andalusí del siglo XII difícil de rechazar: Un sultán en Palermo (2004) de Tariq Alí. Novela que ficcionaliza la biografía del geógrafo, cartógrafo y egiptólogo Muhammad al-Idrisi (1100-1165), a quien encontramos en la novela en el proceso de terminar de escribir, entre 1153 y 1154, su “geografía universal.” Solo le falta, gracias a su mecenas, el sultán de Palermo, redactar las primeras palabras del mamotreto que lleva escribiendo desde hace diez años. Un proyecto literario que empezó de esta manera:

“—Con la venia del sultán [habla Idrisi], me gustaría escribir una geografía universal. Cartografiaré el mundo que conocemos y trataré de descubrir las tierras que aún nos son desconocidas. Será de utilidad para nuestros mercaderes y para los capitanes de nuestras naves. Esta gran ciudad [Sicilia] es el centro del mundo. Los comerciantes y los viajeros hacen aquí un alto antes de dirigirse hacia Occidente u Oriente. Pueden proporcionarnos mucha información. El sultán recibió la noticia con manifiesta alegría.”

Cuando finalmente deja de posponer la finalización del manuscrito, las palabras iniciales que escribe Idrisi en el siglo XII retumban en Houston:

“La tierra es redonda como una esfera y las aguas se adhieren a ella y se mantienen así merced a un equilibrio natural que no sufre variación alguna.”

AGOSTO; en la primera semana del nuevo mes, en el vuelo de Houston al Aeropuerto Luis Muñoz Marín de San Juan, avanzo en la lectura de otro clásico, The War of the Worlds (1896) de E.G. Wells. Lo primero que releo al instalarme en la isla son los dos ensayos introductorios/neobarrocos del “libromata,” FUMAndoMAFÚ: materiales para la historia de la mariguana en Puerto Rico (1996/2002) del lingüista Rafael Andrés Escribano.

Pero sobre todo, desde la Calle Venus, no muy lejos del restaurante Tomate en la Avenida Isla Verde, encaro el poemario erótico-neovanguardista de Edgardo Nieves Mieles, 96 (2014), cuya voz poética,

“Montañas de libros se acumulan en torno a mí,”

deja un montón de huellas/referencias al proceso de escribir:

“Con los ojos, los dedos y la boca
cosidos de música
selecciono palabras frescas
como el rocío del paraíso.”

Proceso que, en el contexto erótico del poemario, mezcla el sexo y la escritura, entre otras contigüidades, con la flora y las frutas:

“Desde entonces, esta urticante pasión por pisotear adjetivos
como claveles y exprimir adverbios como naranjas.
De untarle aceite para máquina de coser
a los lenguajes que se me antojan más locuaces.
Este hormigueo que no deja de bailarme en la punta de los
dedos manchados de tinta.”

Espejo metapoético,

“Y, si me preguntan, diré que la poesía
ha sido para mi espíritu lo que el agua para el pez”;

cristal que proyecta al poeta enamorado, primero de Eros:

“Extraigo de mis bolsillos las servilletas donde no hago otra
cosa que hablar de ti.”

Y después de la poesía:

“Estoy en el jardín. Tú ya no estás más.
a lo lejos, un barco muge como una bestia herida.
Las gaviotas revolotean sobre mi cabeza caliente.
Con la tristísima y amada cuchara de todos mis días sin ti,
ahogo cristales de azúcar en la humeante taza de café
y una vez más celebro tan gloriosas miserias
en este pequeño espacio de la dicha llamado POEMA.”

Espacio de la dicha, habitado por

“estos tigres de papel [los poemas] que ahora ves alborotándome el
escritorio.”

Incluido el alboroto en los casos en que la dicha se convierte en desdicha:

“Lo cierto es que quiero escribir, pero solo me salen humo y ceniza.”

Fines de agosto; retorno de San Juan a Detroit. Tramo de seis horas y media. Durante el vuelo, termino The War of the Worlds (1896) de E.G. Wells. De la novela de ciencia ficción crítica del imperialismo inglés, no fue difícil pasar, al terminarla en la tranquilidad del vuelo, a la fotografía de ciencia ficción de Adál, crítica del imperialismo usamericano, en su serie sobre los coconautas boricuas, Coconauts in Space (1994-2016). Fotografía que retrata/inventa el alunizaje ficcional boricua de 1970, anterior al histórico de la NASA en el mismo año; foto escrita con una cita histórica que fue parte del viaje a la luna usamericano en 1970:

“HOUSTON, WE HAVE A PROBLEM.”

Oración que la fotografía resignifica: no, Houston, no es un problema técnico, sino etnopolítico, antiimperial.

Aleteo. Aterrizaje borrascoso en Detroit. Del aeropuerto al norte de Ohio; retorno por las autopistas I-275 y I-75, transitadas por monstruos. Los fantasmas de la literatura se alborotan.

* Francisco Cabanillas (1959, Puerto Rico) enseña lengua castellana, cultura y literatura hispanoamericana en Bowling Green State University, Ohio. Ha publicado cuatro libros de ensayo: Escrito sobre Severo (1995), Pedreira nunca hizo esto (2007), K-lores del trópico: ensayos transboricuas (2012) y Ensayos silenistas (2014). Miembro de LoQueSomos

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