De qué hablamos cuando hablamos de Kazajistán

Por Guadi Calvo*. LQSomos.

Junto a Rusia, Azerbaiyán, Irán, Turkmenistán, Kazajistán las orillas del Mar Caspio, una de las regiones petroleras más ricas del mundo en la que se calculan que sus reservas probadas superan los 30 mil millones de barriles, aunque las estimaciones totales alcanzarían los 184 mil millones barriles, los que, en un cincuenta por ciento, pertenecen a Kazajistán

Afganistán, por otros medios…

Nunca conoceremos, en cuanto ha tenido intervención Rusia, para la reciente derrota de los Estados Unidos, en Afganistán, pero sí sabemos que Washington, no es de quedarse con la sangre en el ojo y acaba de dar otro golpe en la frontera rusa.

Los diarios del mundo entero, señalan en títulos catástrofe aquel remoto, pero siempre crucial punto en el mapa: Kazajistán, donde el “mundo libre” se encuentra disputando una nueva batalla, en la guerra que occidente le ha declarado hace años al presidente ruso Vladimir Putin.

Sin que se acalle todavía la cuestión de los refugiados en Bielorrusia, la crisis latente de Ucrania, los constantes rugidos de laucha de Polonia contra Moscú, los renovados bríos del enclave sionista contra Siria, sin contar las desesperadas maniobras de Estados Unidos y sus socios menores (Francia, Reino Unido etc.), para evitar que Moscú termine de acomodarse en República Centroafricana y Mali, ahora en Kazajistán, se levanta un nuevo fantasma de guerra. Nuevo en la geografía, pero ya sobradamente usado, en los recursos que la CIA utiliza en las fronteras rusas. Si hiciéramos un mínimo esfuerzo de imaginación, y transportáramos a la ciudad de Almaty, la más importante del país, aunque su capital es Astaná, a Trípoli o Kiev, por ejemplo, la receta sería exactamente la misma: Protestas populares, violencia, incendios, saqueos, ataques armados a la policía y una cobertura mediática digna del mejor Mundial de Fútbol, agítese hasta el hartazgo. Sal y pimienta al gusto.

El presidente del país centro asiático, Kassym-Jomart Tokayev, ya ha anunciado el control de la revuelta, que comenzó el domingo dos, al calor de una repentina escalada en los precios del gas licuado de petróleo (GLP), utilizado, particularmente en el oeste del país, para los autos, que agrava una seria crisis financiera.
Las protestas que se iniciaron hace dos semanas en la ciudad petrolera de Zhanaozen, a más de tres mil kilómetros de Almaty, se expandieron rápidamente a otras ciudades ha sido contenida, al costó de 26 muertos y más de tres mil detenidos. Entre los muertos 18 pertenecían a las fuerzas de seguridad, uno de ellos ritualmente decapitado, además las autoridades informaron que entre sus efectivos se registraron casi 800 heridos. Un resultado prometedor para las fuerzas ciudadanas que protestaban serenamente, mientras asaltaban el palacio presidencial, que fue íntegramente destruido, al igual que el edificio de la intendencia, según señalan los mismos participantes, las puertas del palacio habían sido volteadas por tractores, para enseguida pasar a prender fuego y destruir todo lo posible. Sin duda mejorando en mucho la labor de los muchachos de Trump, que justamente un año atrás tomaban el Capitolio en Washington (Ver: El aullido de Pedro Picapiedra).

Al parecer el mismo jueves en horas de la noche, según las autoridades todo estaba bajo control, habiendo finalizado las protestas, sin conocerse exactamente el accionar de las tropas enviadas por Putin, unos 2500 hombres llegados el mismo jueves en el marco de la alianza regional de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (CSTO) compuesta por una alianza de Rusia, Bielorrusia, Armenia, Kazajstán, Kirguistán y Tayikistán. La secretaria de Relaciones Exteriores británica, Liz Truss, refiriéndose a la fuerza de intervención rusa, dijo: “Cualquier fuerza desplegada debe tener una misión clara y actuar de manera proporcional en cualquier uso de la fuerza para defender los legítimos intereses de seguridad en Kazajstán”, quizás sin recordar, que ese principio fue olvidado, por las tropas británicas que se desplegaron en la provincia de Helmand (Afganistán) y en otras tantísimas intervenciones a lo ancho del mundo y a lo largo de la historia.

Aparentemente algo sucedió con los manifestantes entre del martes al miércoles, ya que, según los testigos, los gestos amables y sonrientes del martes “sin agresión y con mucha esperanza”, al día siguiente tras intensos tiroteos, se produjeron incendios de vehículos, saqueos de comercios e incluso se tomó el aeropuerto de Almaty, lo que obligó a suspender el tránsito aéreo. Mientras que Internet se interrumpió en gran parte del país.

En el interior del país la situación no fue tan grave, en la ciudad de Aktobe, los manifestantes fueron en torno al aeropuerto y la estación de tren, para evitar que sean vandalizados, al tiempo que reclamaban diálogo con las autoridades. En otras ciudades se produjeron actos aislados de violencia como el incendio de autos, lo que obligó el cierre de edificios públicos y bancos. Se destaca que en la ciudad de Taldykorgan, fue derribado un monumento a Nursultan Nazarbayev, quien gobernó el país desde 1991 a 2019 y considerado oficialmente el líder de la nación y quien todavía preside el Consejo de Seguridad.

Kazajistán con una frontera de más de 6800 kilómetros con la Federación Rusa y de más de 1500 con China, es la novena nación más extensa del mundo, con una población que apenas supera los veinte millones de almas

Junto a Rusia, Azerbaiyán, Irán, Turkmenistán, Kazajistán las orillas del Mar Caspio, una de las regiones petroleras más ricas del mundo en la que se calculan que sus reservas probadas superan los 30 mil millones de barriles, aunque las estimaciones totales alcanzarían los 184 mil millones barriles, los que, en un cincuenta por ciento, pertenecen a Kazajistán. Lo que representa el 21 por ciento del PIB. Además de ser el mayor productor mundial de uranio y contar con ricas canteras de manganeso, hierro, cromo y carbón. Lo que ha convertido al país en la economía más rica de la región.

Su desbordante riqueza, la escasa población y el dilatado territorio, sumado a sus fuertes lazos con Moscú, que, desde hace sesenta años, cuenta en el país con el cosmódromo de Baikonur, la mayor plataforma de lanzamiento espacial del mundo, a lo que se suma la alianza con Beijing, quien considera a la nación kazaja como un socio fundamental en el trazado de la Nueva Ruta de la Seda, para lo que China ha hecho importantes inversiones en ruta, ferrocarriles e infraestructuras portuarias para agilitar el tránsito comercial.

Dada ese cúmulo de condiciones, no se le puede escapar a nadie que la nación clave, en estratégica Asia Central, obliga a sus socios principales, Rusia y China, y a los Estados Unidos, y sus socios menores, a tener una atención respecto a estas revueltas. Y que muchas empresas petroleras como Chevron, ExxonMobile, trabajan junta Kazmunaigaz (la compañía estatal kazaja), y otras occidentales como Royal Dutch Shell (Países Bajos), la francesa TotalEnergies, la británica BP y la Agip, italiana, también con importantes intereses, necesita un Kazajistán, apaciguado.

Lo que se da de frente con las necesidades políticas del Departamento de Estado, en su campaña contra el presidente Putin.

Perturbaciones como las vividas a lo largo de la semana, hacen a ese país pasible de caer entre los tantos objetivos del terrorismo integrista, ya que además de contar con una población musulmana, que representa poco más del setenta por ciento de la población, en varios de los países con que tiene fronteras como la provincia China, de Xinjiang, una región autónoma de mayoría uigur (musulmanes) cuyos movimientos independentistas como el MITO (Movimiento Islámico de Turquestán Oriental) con vínculos con al-Qaeda, desde el año 2000, han producido importantes atentados en el interior de China, incluso llegado a operar en la mismísima plaza Tiananmen, en 2013, donde provocaron cinco muertos y cuarenta heridos.

También en las naciones de la frontera sur de Kazajistán, (Kirguistán, Turkmenistán y Uzbekistán) operan con relativa facilidad bandas vinculadas a al-Qaeda y el Daesh, que podrían dadas la extensión de esos límites, lo escabroso del territorio, los renovados bríos de las bandas fundamentalistas tras la victoria de los mullah afganos, la necesidad del Lebensraum (espacio vital) del Daesh Khorasan, que se bate en retirada de Afganistán, perseguido por el Talibán, y la necesidad de Washington de complicar las políticas de Putin, en su expansión en África, intentando arrinconarlo en la conflictividad de sus fronteras (Ucrania, Polonia y Bielorrusia), por lo que ensayar, un Afganistán, por otros medios, en Kazajistán, no deja de ser una mala idea.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional

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