Defensa apasionada de los libros

Ángel Escarpa Sanz*. LQS. Mayo 2019

Para algunos de los que tuvimos el privilegio de abrir y regentar una librería en este país, leer es comprometerse y defender los valores democráticos, aquí y donde quiera que un hombre o una mujer son humillados, explotados

“Somos lo que comemos”, se nos dice insistentemente. A mí particularmente me gusta creer que, además de los genes que heredamos, somos lo que leemos: Soy aquellos libros que leí en el pasado, desde aquellos tebeos que leía en mi lejana niñez, aquellas novelas de P. C. Wren que me arrastrarían -a mis 18 años- a las tierras de África, a ese cuerpo, la Legión, donde, durante tres años, conviví con hombres endurecidos por la vida. De la mano de los libros de John Steinbek, Arthur Miller, Buero Vallejo, marcado por los poemas más apasionados de Miguel Hernández, los versos más hermosos de nuestro amado Antonio Machado, participé en las reivindicaciones en las calles, desde la exigencia del fin de la dictadura, la lucha por la amnistía y del resto de las libertades en los años 60, hasta afiliarme en aquel partido de izquierda que, inconforme con el actual estado de cosas en el País, exige aquí y allá el restablecimiento de la república. No están tan lejos en el tiempo las manifestaciones para exigir la liberación de N. Mandela, el fin del “apartheid”, la descolonización del Sáhara, el fin de la ocupación de Palestina, las condenas por los asesinatos en Vitoria, los de los abogados de la calle Atocha, etc. etc. Porque leer, más allá del placer mismo, también es asumir el compromiso de transformar, de enfrentarnos a la responsabilidad de ser ciudadanos libres. Leer es gozar de “Platero y yo”, “Don Camilo”, las novelas de Agatha Christie y los deliciosos cuentos de O´Henry; pero también es asumir la defensa de las libertades, del medio ambiente, de los animales y de las personas más desfavorecidas.

Para algunos de los que tuvimos el privilegio de abrir y regentar una librería en este país, leer es comprometerse y defender los valores democráticos, aquí y donde quiera que un hombre o una mujer son humillados, explotados.

Los libros son aquellas mujeres a las que nunca alcanzamos a amar, todos los hombres y las mujeres a los que nunca alcanzamos a conocer, los viajes que no emprendimos; los paisajes, los abismos, los volcanes, los acantilados, las regiones a las que jamás nos asomamos. Son las películas que no vimos, las canciones, las sinfonías que no pudimos escuchar jamás, las batallas en las que nunca participamos, los países a los que no viajamos. Son las aventuras que otros hicieron por nosotros, los hijos que no tuvimos, los padres que perdimos, los libros que no nos fue posible escribir, los tiempos que no vivimos. Son los trenes que perdimos, los barcos en los que nunca nos embarcamos, las fondas donde nunca pernoctamos; las estaciones ferroviarias, los hoteles, las cárceles y lugares de vicio donde nunca pudimos acceder. Son los lugares donde pudimos haber nacido, donde bien pudimos habernos suicidado, aquel día aciago en el que solo les pedíamos a los dioses que se nos tragase la tierra. Son los maestros que no tuvimos, el no-lugar donde tantas veces nos pesamos y nos medimos como hombres y como mujeres.

Junto con nuestros genes, los libros son la herencia que nos vamos pasando, familia tras familia, generación tras generación. Son el hilo que nos une con aquellos individuos que, igual que nosotros, en el pasado amaron, se entremataron, sudaron, se reprodujeron, domesticaron a los animales, levantaron muros y cercados e hicieron su casa de este planeta. Somos aquel que un día lejano cayó sobre el polvo, abatido por el plomo del gobierno reaccionario, mientras gritaba: ¡Libertad! El que gritaba: ¡Vivan las cadenas! en Cádiz; el que no vivió para ver rodar su cabeza en los días de la guillotina en París.

Los libros son esa cuerda que une la memoria de las personas, de los pueblos de la Tierra.

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* Fundador de la librería Miguel Hernández de Madrid, aquella que en las primeras Ferias del libro tenia de fondo una bandera tricolor contra viento y marea, editor en la transición de la “Constitución de la II Republica», detenido en los 80 por la venta del censurado “El libro rojo del cole”… Histórico militante comunista, luchador inagotable ¡Sigue dando batalla!
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