Manuel Blanco Chivite*. LQS. Octubre 2018

La lucha por el derecho a decidir y por la superación del régimen del 78, así como por el fin de la monarquía restablecida por Franco en 1947 y 1969 y por una nueva república supone hoy la principal y más importante iniciativa de los pueblos del Estado

La lucha que actualmente se lleva a cabo en Cataluña, País Vasco y por determinados sectores del resto del Estado por el derecho democrático a decidir no es sino, sencillamente, una lucha por la democracia.
La democracia que no se obtuvo en la Transición ni con la Constitución de 1978.

Tanto la una como la otra dejaron intacto todo el edificio estatal de la Dictadura fascista, todo su esqueleto fundamental que la sustentaba: los intereses económicos que la hicieron posible, el ejército que la mantuvo en el poder por la violencia, las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado que reprimieron a sangre y fuego a todos los disidentes, la Iglesia que la bendijo, la judicatura que la defendió con unas leyes tan espurias e ilegítimas como los propios jueces, los servicios secretos, las mismas bandas irregulares de terroristas… Todo permaneció, todo se mantuvo y todo se mantiene intacto todavía hoy.

Con la Constitución de 1978 (cocinada en despachos particulares, restaurantes y reuniones confidenciales más que en el parlamento) se inauguró en España el periodo todavía vigente de neofranquismo; es decir, la dictadura recubierta de un texto legal que sobre el papel reconocía una serie de derechos y libertades, siempre dependientes de su desarrollo legislativo y de la interpretación jurídica de tal desarrollo que hace ese corpus podrido de jueces que sirvieron a la Dictadura; corpus que, con contadísimas excepciones, se ha ido sucediendo hasta hoy, según la cultura y los hábitos franquistas dominantes en el gremio.

Una legalidad que, desde el primer momento y aún más en los últimos años, con su pretendido “desarrollo constitucional” va recortando las proclamaciones demagógicas y populistas del 78 y reconstruyendo y valorando el modo de hacer de un Estado Policial progresivamente más explícito.

De ahí que la lucha por el derecho a decidir y por la superación del régimen del 78, así como por el fin de la monarquía restablecida por Franco en 1947 y 1969 y por una nueva república supone hoy la principal y más importante iniciativa de los pueblos del Estado.

No se trata ni de conservar ni de recuperar derechos fundamentales democráticos que nunca estuvieron vigentes sino bajo la vigilancia de la policía y los jueces neofranquistas, sino de emplearse en su advenimiento real. Es decir, hacer que el pueblo, la ciudadanía en su conjunto, decida de todo aquello que afecta de manera importante a su vida y su economía. Vamos, conquistar de una vez por todas el derecho a decidir.

* Luchador antifranquista, condenado a muerte en los procesos del 27 de septiembre de 1975. Integrante de la Asamblea de redacción de LoQueSomos.
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