Derrota y gatopardismo: Francia en Mali

Por Guadi Calvo*. LQSomos.

En el desierto del norte de Mali, Francia acaba de sumar un jalón más, a su ya larga decadencia, que comenzó en los bosques de Dien Bien Phu en mayo de 1945, se confirmó en Argelia 1962, y desde entonces a pesar de sus esfuerzos políticos y diplomáticos, que no obviaron extorsiones, sobornos, boicots económicos, guerras sucias, genocidios (Ruanda 1984), masacres (Madagascar 1947-1949), desapariciones masivas, torturas y magnicidios (Thomas Sankara, 1987), a lo que habría que sumar el número desconocido de víctimas a causa de las pruebas nucleares en Argelia entre 1960 y 1966, y las que se siguen produciendo a raíz del vertido, en los desierto de Mali, Níger y Chad, de los residuos producidos en las centrales nucleares francesas.

A pesar de ese ciclo constante de violaciones a los Derechos Humanos, que serían la envidia de Hitler, no ha logrado reverdecer los laureles imperiales, más allá de seguir dominando desde lo económico, muchas de sus antiguas colonias, particularmente africanas.

La última derrota francesa en sus antiguas colonias, se acaba de producir en Mali, cuando muy elegantemente, el general Etienne du Peyroux, jefe de la Operación Barkhane (5500 efectivos) en Malí, estrechó la mano del nuevo comandante malí del campamento y entregó simbólicamente la llave de la base, al tiempo que un avión militar realizaba alguna pirueta en el aire, con mucho más éxito, que las que realizó contra las khatibas del Daesh y al-Qaeda.

Tras el arrío de la bandera francesa y el izamiento de la malí, ceremonia que ya se realizó en sus bases de Kidal y Tessalit. La Operación Barkhane comienza a terminar, el fallido intento con que, supuestamente, París, intentó controlar el avance del terrorismo wahabita en el Sahel, desde febrero de 2013, cuando con toda la fanfarria, el entonces presidente francés François Hollande, desde la mismísima Tombuctú, epicentro de conflicto, declaró el inicio de la ofensiva.

Las operaciones francesas en el Sahel, en realidad comenzaron casi un año antes, con la Operación Serval, (1700 efectivos) que en realidad su intención no era controlar el avance del integrismo armado, que si bien ya tenía presencia en la región, no representaba ninguna amenaza, sino acabar con una nueva sublevación del pueblo Tuareg, en reclamo de su ancestral territorio: Azawad. Un área que no solo ocupa el norte de Mali, sino también sectores de Argelia y Níger, donde casualmente Francia tiene explotaciones de gas, petróleo y uranio. Para desacreditar la causa tuareg, la inteligencia francesa infiltró muyahidines de al-Qaeda, que operaban en Argelia, Libia y Mauritania, los que aparecieron armados con los fusiles que Francia había entregado a los mercenarios sirios, que acababan de levantarse contra el presidente Bashar al-Assad, y de cuyo tránsito de más casi cinco mil kilómetros, atravesando media docena de fronteras internacionales nunca pudo explicarse.

El general du Peyroux, dijo que “Francia continuará con su presencia de una manera diferente”, para permitir que Mali “tome su destino en sus propias manos”, sin mencionar el estallido en las relaciones entre París y Bamako, tras el nuevo golpe de timón que los coroneles malíes, liderado por el Coronel Assimi Goita, que dieron en mayo pasado, a la revolución iniciada con el golpe del agosto del 2020, que precipitó el acercamiento a Moscú.

Tampoco el general du Peyroux, en su despedida hizo mención a que el desastre militar de sus tropas ha posibilitado que toda la región bajo su control se encuentre en situación extremadamente crítica como Burkina Faso y Níger y en pleno proceso de extensión.

Francia, de todos modos, dice que continuará en Mali, donde dejará cerca de dos mil hombres para “fortalecer y entrenar a los ejércitos locales”. A pesar de que quizás tenga que compartir escenario con los efectivos del temible Grupo Wagner, una agencia de seguridad de origen ruso, que ha logrado importantes avances en la guerra contra el terrorismo en Libia y República Centroafricana.

La llegada de los rusos a Mali, fue precedida, por un estallido de sentimiento anti francés, que se generó en el pueblo malí, tras las operaciones de las tropas galas contra la población inocente, en el marco de sus acciones de antiinsurgencia; su fracaso en la guerra contra los terroristas, y las sospechas de que París manejaba una agenda secreta, con la que se cree que estaba organizado una revuelta militar contra los coroneles nacionalistas y volver a instalar en Bamako, agentes pro franceses, como lo han hecho desde la independencia del país en junio de 1960.

Un giro europeo de 360 grados

Mientras, occidente sigue exigiendo la realización de elecciones en Malí a finales de febrero, lo que no hace con la junta dictatorial que gobierna Chad, encabezada Mahamat Idriss, hijo de su leal secuaz, por treinta años el general Idriss Déby, muerto en abril pasado. La Operación Barkhane en vías de extinción, será remplazada por una nueva fuerza de cerca de mi efectivos conocido como grupo Takuba, por la clásica espada tuareg, compuesto por comandos especiales franceses, además de efectivos de Bélgica, República Checa, Dinamarca, Estonia, Francia, Alemania, Países Bajos, Noruega, Portugal, Suecia, Reino Unido, Lituania y Níger, cuya misión será la de las tres “A”: aconsejar, asistir, acompañar, a las Fuerzas Armadas de Mali para ganar autonomía, particularmente en el área conocida como de las tres fronteras (Burkina Faso, Mali y Níger) donde tanto las khatibas Jama’at Nusrat al Islam wal Muslimeen o JNIM (Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes) que responde a al-Qaeda, y la franquicia del Daesh, Estado Islámico en el Gran Sáhara (EIGS), operan con amplísima libertad. Por lo que las fuerzas de Takuba, también dispondrán además de la base de Ménaka, el antiguo campamento francés, en el noreste del país donde nuevas tiendas de campaña color arena se han levantado, al tiempo que se excavan trincheras, y helicópteros Chinook de Italia y Blackhawks de Suecia, transportan insumos para refaccionar el antiguo campamento, que ha pasado de ocho hectáreas a treinta, y que estarán en pleno funcionamiento en unos meses más. Lo que anticipa que a los 900 hombres originales, se les sumarán nuevos efectivos, sin que se conozca todavía en cuantos se calcula la dotación final. Además le serán asignadas las bases de Gao y Ansongo áreas de mucha conflictividad, por lo que allí se debieron concentrar las acciones de la Operación Barkhane, en estos últimos años.

La nueva fuerza europea, además del combate al fundamentalismo, tendrá como misión principal, monitorear las relaciones de la junta del gobierno y los efectivos del Grupo Wagner.

La excusa de la existencia de la Takuba, al igual que la Serval, la Barkhane o la Sangaris, que también Francia había establecido en República Centroafricana en 2013 y de donde salió eyectada en 2016, es seguir teniendo el control de los gobiernos de sus viejas colonia y no solo evitar su independencia real, sino y fundamentalmente generen lazos con Rusia y China que se han lanzado a disputar el continente africano a las potencias coloniales que lo sigue manteniendo, a la dieta de siempre represión y hambre.

La Takuba, ya ha recibido su bautismo de fuego, hace unas semanas cuando un cohete, que no llegó a estallar, cayó en el campamento. Mientras que un día antes en Gao, los efectivos europeos fueron sometidos a fuego de morteros, sin provocar mayor daño, aunque si les adelanta a lo que deben estar preparados.

Malí – LoQueSomos

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
Somalia – LoQueSomos

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