Desertores y contrabandistas en Ucrania

Por Nònimo Lustre. LQSomos.

En medio de una guerra cualquiera, ¿podemos encontrar buena gente? Sépase que no buscamos Héroes nacionales ni Santos sino colectivos de ‘personas humanas’. Difícil pesquisa. Pero los hay. Para nosotros, estos ‘humanos’ son los que van más allá del inane humanitarismo de los pancartistas por la Paz y de las Ong’s que remiendan el papel de los Estados. Esas personas humanas sólo pueden ser las desertoras, únicas Justas que encarnan la posición moral y pragmática que, hoy, debe tenerse ante el rearme ucranio-ruso-europeo y el belicismo desaforado de los sumisos bons citoyens de Bruselas-OTAN.

“Insumisos, refractarios, desertores”

Paradójicamente, la deserción o fase superior del pacifismo, tiene mala prensa incluso entre los humanitarios. Lo menos que se le achaca es que “es un delito” (cierto, está penada hasta con el paredón) pero, en especial, se la tergiversa como ‘insolidaria, apátrida, egoísta, cobarde’, etc. Incluso, en el repertorio del folklore alternativo que brotó en los años 1960’s, encontramos pocas canciones ‘desercionistas’. Entre ellas, la más conocida es aquella premonitoria de los años 1950’s que comienza “Monsieur le Président…” y que pide a los ciudadanos que no obedezcan, que no vayan a la guerra: “Et je dirai aux gens / Refusez d’obéir / Refusez de la faire/ N’allez pas à la guerre” (Le déserteur, Boris Vian, 1954)

En los párrafos siguientes, apoyándonos en los ejemplos que la invasión rusa de Ucrania ha sacado a la luz, intentaremos analizar los distintos tipos de desertores y de las variedades de los contrabandistas que les ayudan a cruzar las fronteras. Ofreceremos algunas cifras pero vaya por delante la advertencia: tanto si son cantidades oficiales como si son notas periodísticas, simplemente ninguna es de fiar.

Militares desertores y paracaidistas

Según cifras oficiales del ministerio de Defensa de Ucrania, en enero de 2019, 9.300 militares habían desertado del ejército ucranio. Ello a pesar de que una ley promulgada en 2015 que los definía con un eufemismo (“disruptores del servicio militar”), permite a los actuales 200.000 soldados -Zelenksi quiere incrementarlos en un 50%-, disparar a matar contra los desertores.

Un 30% de los reclutas ucranios no se presentaban en el cuartel y, entre los ‘entregados’, la mitad era inútil para las armas. Además, fuera de Ucrania hay unos 7 o 9 millones de jóvenes ucranios que han emigrado/desertado para no caer en la ominosa recluta. En esta aversión al servicio militar, también influyó la batalla de Ilovaysk, en Donestk 2014, donde el ejército ucranio fue estrepitosamente derrotado por las milicias del Donbas (cf. Tim Judah, “Ukraine: A Catastrophic Defeat”, The New York Review of Books, 05.IX.2014) La impotencia del gobierno ante semejante avalancha de huidos, le llevó a proponer ¡un salario para los desertores! Los diputados de la Rada exclamaron que era amoral pagar por no trabajar; al final, eran los tribunales los que debían decidir caso por caso (ver Endre Szénási. 2019. Desertion from the Ukrainian Armed Forces; en https://www.researchgate.net/publication/330740610)

El problema del 2019 venía de antaño, exactamente desde que el ejército ucranio bombardeaba diaria y sistemáticamente el Donbas -incluyendo el terrorismo de Estado que supone plantar coches bomba dentro de las capitales. Según la fiscalía militar ucrania, “Unos 16.000 soldados ucranios, algunos con su armamento, han desertado desde que la guerra llegó al Donbas en abril de 2014” (International Business Times, 05.X.2015) Cierto, incluso aunque no gusten de citar la derrota de Ilovaysk.

Evidentemente, también hay desertores en el ejército invasor ruso. Lo que no hay en su caso son fuentes informativas variadas. Ejemplo: ¿podemos creer que el Estado Mayor moscovita reconoce que “the moral and psychological condition of Russian personnel continues to decline, and we have seen cases of groups of soldiers surrendering” (Olha Hluschenko, 12.III.2022) Ningún general de ningún ejército reconocerá jamás que algunas de sus tropas están desmoralizadas y prestas a desertar. Item más: “Un site ukrainien diffuse des vidéos de prétendus déserteurs russes” (Valarié y C. Jeannin, 13.III.2022)

Un caso cuasi imposible de cuantificar porque prospera como una maniobra en la oscuridad es el de los militares profesionales aliados que han llegado a Ucrania como presuntos desertores –los paracaidistas que no caen del cielo sino de los clubs belicistas. Pero en sus países no son clasificados como tales sino como AWOL (=absent without official leave, ausentados sin permiso oficial), léase que esta deferencia administrativa nos inclina a sospechar que la OTAN puede haberlos enviado como espías o, más probablemente, como comandos especializados. No sabemos cuántos son. Por ejemplo, las escasísimas referencias en los medios nos hablan de un número (¿) de soldados británicos que son awol sólo en su personal capacity y que han desobedecido órdenes por lo que, a su vuelta, habrán de enfrentarse a alguna sanción (Sky News, 10.III.2022)

En el área francófona, la OTAN se empeña igualmente en borrar sus huellas: “14 légionnaires français d’origine ukrainienne que querían llegar a Polonia fueron detenidos por la policía de París. El ejército francés cuenta con 9.000 legionarios, 700 de origen ucranio de los cuales 20 han sido considerados ‘desertores’ (Franceinfo, 02/03/2022) Algunos, han sido declarados oficialmente como ‘con permiso’ (Le Figaro, 14.III.2022)

Por su parte, Bélgica tiene ínfulas psicológicas: Guerre en Ukraine: deux militaires belges sont partis pour le front ukrainien, dont un déserteur (Belga, 15.III.2022) Para algunos intelectuales belgas, los desertores son enfermos mentales, gentes mentalmente débiles fichadas por la policía -¿les internará en psiquiátricos?. El gobierno belga se mostró ‘sorprendido’ (ému) antes la embajada de Ucrania por la selección ‘diplomática’ de guerreros para la ‘legión internacional’ (Le Soir, 17/03/2022) Pero no concedió ninguna importancia a que alguno/s de los hipotéticos reclutados se encuadren en el Corps Franc Wallonie, nombre actualizado de la infame Légion Wallonie, división de nazis encabezada por León Degrelle, el títere de Hitler que escapó a España donde los franquistas le hicieron millonario.

Civiles desertores y contrabandistas

Obviamente, los desertores de esta guerra son abrumadoramente varones civiles de entre 18 y 65 años a quienes, so pretexto de la recluta total y del estado de alarma, Zelenski no les permite abandonar la Patria. Un colectivo clandestino de unos mil voluntarios se afana en cruzar a Polonia a desertores ucranios. Sergei, un vendedor, declara que ha ayudado a 50 personas utilizando apps encriptadas para organizar las rutas de escape, a pesar de que los rusos les disparan y de que el camino esté minado (ver P. Hill, desde Przemysil, Polonia, 05.III. 2022) Obviamente, para cruzar las fronteras, los desertores han recurrido a quienes mejor las conocen –los contrabandistas.

Frontera Ucrania-Polonia, contrabando de cigarrillos a la vieja usanza

Por contrabandistas entendemos aquellos autónomos que saltan las fronteras sin depender de esas multinacionales del crimen en las que militan narcotrafiantes de drogas duras, evasores fiscales y blanqueadores de dinero. Es decir, pequeños empresarios que, sin tiempo especulativo que perder, defienden con sus actos el cacareado Libre Comercio, aunque muchos de sus individuos sepan que el neoliberalismo –y los neofascistas que lo preconizan- representan la fase superior del fascismo. Estamos ante genuinos internacionalistas. Huelga añadir que estos contrabandistas autónomos gozan de nuestra simpatía mientras que los otros, los esbirros y chupatintas de las grandes multinacionales del narco y de los delitos financieros, nos resultan odiosos.

Nuestro respeto y abierto apego para con los contrabandistas nace no sólo de la teoría –quieren borrar las fronteras estatales que, activa y realmente, son una de las peores lacras que aquejan a la Humanidad-, sino también por infinidad de experiencias personales. Es evidente que estos audaces emprendedores -auténticos porque no cuentan con la complicidad de los gobernantes-, tienen buena imagen literaria y pésima imagen judicial. De hecho, es fácil comprobar que, en el siglo XIX latinoamericano, las arremetidas de los entonces llamados liberales, encontraron en el contrabando su bicha negra. Ejemplo: José Gervasio Artigas (1764-1850), Padre de la Patria uruguaya y Prócer de la Independencia, fue sistemáticamente vilipendiado por ‘contrabandista’. Desde 1814, los mandamases de Argentina le insultaban como «bandido» y «anarquista». En el Facundo o Civilización y barbarie en las pampas argentinas (1845), D.F. Sarmiento lo retrata como arquetipo del caudillo bárbaro habiendo sido un «contrabandista temible», «era un salteador»; «treinta años de práctica asesinando o robando» como jefe de bandoleros eran sus títulos para mandar «sobre el paisanaje de indiadas alborotadas por una revolución política”. Y, en 1918, todavía los jefes rioplatenses le describían como «capitán de bandidos, jefe de changadores y contrabandistas», etc.

Tabaco no en rama sino en tronco

Ciñéndonos a la actual guerra, encontramos que Ucrania tiene fronteras con siete países y, evidentemente, frontera es parónima de contrabando.

Tras un trabajo de campo de 4 días, unos antropólogos extranjeros publicaron esta narrativa: “The cigarettes are everywhere -people in the bus do not hide them from my view… Everybody seemed to be in a good mood. All of them were women… the smugglers themselves do not sell cigarettes directly to local Poles; it is local Polish dealers who are buying cigarettes from them.” Léase, que el tabaco –y el alcohol- están controlados por unos polacos más o menos mafiosos. El seudo-paper no menciona la palabra corrupción para ninguno de los dos bandos de aduaneros (ver Zuzana Novotna, Petr Gibas y Štěpan Ripka. 2006. “The passage of a cigarette package: a border crossing observation”, pp. 75-85 en Anthropology at Borders: Power, Culture, Memories. Barbora Spalova, Jakub Grygar, eds., Praga, ISBN 80-239-8391-1) Más allá de los (pequeños) negocios del tabaco y del alcohol, la corrupción de los aduaneros polaco-ucranios se analiza con cierto detalle por Abel Polese (ver “Who has the right to forbid and who to trade? Making sense of illegality on the Polish-Ukrainian border”, en B. Bruns, J. Miggelbrink, eds.. 2011. Subverting Borders, DOI 10.1007/978-3-531-93273-6_2)

Cuando el contrabandista comercia con bienes de mucho volumen y minúscula ganancia, es visto con paternalismo. Pero, desde el año siguiente al golpe de Estado del 2014, los ataques al Donbas afectaron a la imagen mediática de los contrabandistas ucranios: “Smugglers profit from Ukraine’s dirty war. Blockade of separatist areas is a headache for locals and a boon to illegal trade” (B. Vitkine, 03.XI.2015) Dicho en breve: el separatismo es sinónimo de tráfico ilegal –la guerra sucia desaparece como causa y como cotidianeidad.

Frontex: Operación Bruselas-Rumania Joint Action Day Finestra, 20.XI.2021. Participaron 13 países y 6 agencias de la UE

Pero todo cambia cuando del tabaco y el alcohol se deriva al tráfico con migrantes y no nos referimos al leitmotiv mediático de las mafias sino a los Estados que las propician –recordemos el trato criminal y hasta genocida que Polonia perpetra en el bosque de Bialowieza contra los migrantes que llegan desde Oriente (ver De Gaulle, nazismo y oligarquías, 08.III.2022)

Entre 2013 y 2018, dos investigadores estudiaron las 360 sentencias dictadas por los tribunales ucranios contra 406 contrabandistas –la mayoría, entre 25 y 44 años de edad, 8% mujeres y 15 aduaneros. Pero, en lugar de limitarse a las estadísticas de sus condiciones sociales, se desperdigaron por la sociología y la criminología –empezando por el absolutamente desacreditado Lombroso. Preguntados por reos por su motivo para contrabandear personas, la respuesta fue unánime: “Porque es una una manera fácil de hacer dinero” (ver Yurii Kuryliuk y Serhi Khalymon. 2020. “Criminal profile of migrants’ smuggler across the State Border of Ukraine”, en Amazonia 9: 27. http://dx.doi.org/10.34069/AI/2020.27.03.21)

Actualmente, los contrabandistas ucranios operan en los montes sub-Cárpatos de la frontera con Polonia. ¿Cuántos desertores han logrado la libertad gracias a ellos? Imposible saberlo; no hemos encontrado ni estimaciones periodísticas ni, mucho menos, estudios científicos. Sin embargo, nos sobran las apresuradas gacetillas ayunas de comprobación y sobradas de tendenciosas insinuaciones: “Los refugiados que tratan de escapar de Ucrania, objetivo de los contrabandistas. Estudiantes varados en el noreste del país son llevados en camiones a Polonia previo pago de 500 euros” (Refugees trying to flee Ukraine targeted by people smugglers, Nadine White y May Bulman, 03.III.2022)

La actual diáspora de mujeres y niños no debe hacernos olvidar que, desde el menos 1990, la emigración ucrania hacia Europa y otros continentes ha de calcularse en cifras astronómicas -¿8 o 10 millones de personas? Ucrania pierde población: en 1990 ascendía a 52 millones que, en 2014, se había reducido a 45 millones. Desde 2014, Ucrania es aún más “un país de huérfanos con padres vivos” que sobrevive por las remesas de sus emigrantes en el extranjero.

¿Un pueblo armado?

Pongamos en perspectiva aritmética la actual obsesión de la OTAN por enviar armas sofisticadas a Ucrania. Dado que el actual gobierno ucranio nació hace un mínimo de ocho años como fruto podrido de un golpe militar y, asimismo, recordando que sus batallones –Azov et al-, llevan todos estos años aterrorizando hasta con coches bomba al Donbas, es obvio que Ucrania debe estar plagada de armas domésticas (véase Ucrania en llamas, el documental prohibido en Ucrania https://odysee.com/@Bitraciumchannel:6/Ucrania-en-llamas,-un-documental-de-Oliver-Stone:e)

Veamos algunos datos siempre dudosos: en 2018, el Small Arms Survey calculaba que, antes de la invasión, Ucrania albergaba unos 2 millones de armas registradas y unos 3 m. de armas irregulares. Lviv (Leópolis para la propaganda de guerra) era el nódulo de todos los contrabandos, desde armas hasta tabaco, pasando por las drogas, la trata de blancas, los numerosos vientres de alquiler que Ucrania vendía a 50.000 euros o mucho menos, etc. Si observamos el mapa territorial del avance ruso, Lviv, al este del país y cercano a Polonia, es muy probable que lo siga siendo (ver Francesco Buscemi, Nils Duquet, Ekaterina Golovko y Eric Woods. 2018. “Illicit firearms proliferation in the EU periphery: the case of Ukraine”; en Triggering Terror: Illicit Gun Markets and Firearms Acquisition of Terrorist Networks in Europe, Nils Duquet, ed.; Flemish Peace Institute, Bruselas. ISBN 9789078864905)

Imagen de cabecera: Frontera Ucrania (izq foto)-Polonia (dra foto) No sabemos de qué lado está la ominosa cruz
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