Desnuda

Por María Inés Anuch. LQSomos.

“Si somos honestos, lo que hace que algo sea imposible, no es nuestro miedo, es la indiferencia.”

Estaba terminando un artículo sobre las implicancias de lo “virtual” en el mundo actual, debido a la contrariedad que me provocaba contar la desafortunada experiencia que continúo padeciendo por haber sido hakeada (crakeada), cuando decidí dejar “lo virtual de lado” para hablar de uno de los “aspectos oscuros de la realidad en el mundo aparente (virtual).”
. Antes de advertir el hakeo, estuve siendo calumniada en internet en la página donde sólo figuraban mis datos profesionales, campaña de desprestigio que se minimizó cuando tomaron conocimiento de ésta nota.
Fue la película alemana Naked (Desnuda) , la que me dio el impulso necesario para contar que el costado oscuro de la virtualidad, no sólo sucede en las películas.
El tema de la película es el más conocido de los que hakean a personas comunes. Una adolescente de 16 años que se fotografía desnuda para su novio, las fotos son captadas por un haker (craker) y subidas a un sitio donde ofrecen pornografía. Como la página aparentemente era de Bruselas, las autoridades alemanas le explican a la madre, que la ley no contemplaba éste supuesto porque Alemania no tenía jurisdicción según la ley, “que no se podía hacer nada porque no había convenio con Bruselas”, etc.

Lo destacable de la película es el esfuerzo, el compromiso, la entrega, la dedicación de la madre quien jamás aceptó un “no se puede” por respuesta, lo que le ocasionó miles de problemas hasta en su propia familia y el deterioro de su salud. Suplicó el apoyo de varias víctimas como su hija quienes- salvo una- se negaron rotundamente en un primer momento; pero la constancia e insistencia de la madre, vencieron la resistencia y el miedo de aquéllas y así logró ser escuchada por las autoridades..

Inspirada en hechos reales -una adolescente y una joven que se suicidaron en Alemania por el mismo motivo-, en mi criterio, la película cumple el objetivo de concientizar acerca de la gravedad del problema.

Debido a mi ignorancia, haber visto la película antes de lo que me sucediera, me hubiese parecido una exageración, casi me hubiese identificado con el personaje prejuicioso de la película, afirmando “y si se fotografían desnudas”…; y seguramente no hubiese entendido la intensidad de emociones que se desatan entre las víctimas, no sólo por el hakeo, sino por la indiferencia de las instituciones, de las autoridades, la acefalía legislativa y el prejuicio, la incredulidad, la discriminación, la marginación de la sociedad en general y de sus allegados en particular.

Mi historia no tiene que ver con desnudos. Hoy en día es suficiente resistirse a un intento de estafa de una inmobiliaria cualquiera- respaldada corporativamente por un grupo poderoso de inmobiliarias- para violentar tu vida, creando falsas páginas en internet, hakeando la computadora y el celular, entre otras cosas, con la finalidad de destruir: sea buen nombre, salud, economía, trabajo, familia, finanzas, voluntad, es decir todo lo que tenga que ver “con ese personaje irracional que intentó resistirse al sistema de estafas perfectamente armado ”, y que nadie intenta desafiar.

Si todos tuviéramos conciencia de lo fácil que resulta hoy esconderse cobardemente detrás de la tecnología para convertir a la víctima en victimario, provocando la impotencia y destrucción psíquica, física e intelectual que no tiene medios para enfrentar a un ataque “que parece virtual, pero es real”.

Claramente lo dijo Montagne: “la Cobardía es la madre de la Crueldad”.

Dos artículos de opinión publicados en la revista española “Lo que Somos” en el año 2020 , fueron la excusa justa para “que los algoritmos” transformaran a una abogada más-lógicamente sin ningún antecedente violatorio de ley o ética alguna- en un revoltoso, agitador, subversivo y peligroso personaje que había que exponer públicamente. Como yo no estaba en ninguna red social, salvo twiter desde octubre de 2020 (antes de enterarme de esto) , “el armado de desprestigio” se publicó en lo único que había en internet sobre mi persona, mi nombre con mis datos profesionales. Como me explicara uno de los tantos técnicos, las publicaciones NUNCA fueron producto de Algoritmos, lo cual es más que lógico, ya que día a día fueron cambiando, aumentando o mitigando las calumnias que esporádicamente reaparecen como forma de intimidaciòn.

Originariamente, ilustraron el título de mi publicación “el Discernimiento la última víctima del Covid 19”, con fotos de Franco, de Dilma Rousef cuando fue detenida como terrorista, de un oscuro personaje chileno un tal Becker, entre otros. Estas fotos aparecían ilustrando el título del artículo, pero durante meses no publicaron el artículo de “este terrorífico, subversivo y peligroso personaje”, por lo tanto nadie podía saber cuál era mi pensamiento para una ilustración así.
Sin embargo transcribieron un comentario mío en un blog privado de un escritor español, donde debido a mi ingenuidad y desconocimiento de las redes sociales, aclaro que soy la firmante del segundo artículo que fue objeto de ilustración con imágenes “La filoskerdos que le sostiene la corona al virus” y graficaron este título, entre otras imágenes, con la foto del fiscal Nisman (cuya muerte desató innumerables conflictos políticos) Estos gráficos estaban en la página de internet donde aparecía varias veces reproducido el artículo por la revista.

Sin saber que los teléfonos también estaban intervenidos, cada persona que contactaba por éste medio, y cuyos teléfonos estaban entre mis contactos o extraía de internet, ya que estábamos en plena pandemia, me respondían luego de varias llamadas: los abogados especializados: que no entendían porque era delito, que si yo había escrito el comentario o no, que trate de hacerlo desaparecer de la web; que no tenía tiempo de hacerme el informe que me había prometido…; los primeros técnicos, a la hora o al otro día de mi mensaje: que no conocían ni el word, que solamente manejaban un solo programa, etc. y lo más limitante: los delitos informáticos se denuncian por la web. Planteo el tema telefónicamente ante la policía de delitos informáticos y me responden que me dirija a un Centro Comunal (que estaban cerrados) a hacer la denuncia. Me presento ante una dependencia policial y me responden “si no le sacaron plata no hay delito” y no me tomaron la denuncia.

Mis comentarios por teléfono con mis amigos, corregían las mentiras y contradicciones que ponían en evidencia el armado y lograba mitigar bastante el desprestigio y la injuria originaria, y así descubrí que el celular y la computadora también habían sido hackeados.

Decidí reactivar un antiguo celular, poner número nuevo y por las dudas resetearlo entero y asegurarlo. Apenas comienzo a usarlo me muestran un “álbum romántico” con varias de las fotos que yo había tomado de prueba del hackeo. Las más importantes desaparecieron.

Lo peor vino después. En Argentina decidieron que “toda la Justicia de Capital Federal y Provincia de Buenos Aires, fuera virtual”, hasta antes de la pandemia se subía a la web y como muy buena prueba de respaldo se presentaba en papel. Notificaciones que no me llegaban, mails que no llegaban a otras personas, o que no me llegaban a mi, juzgados que me demoraban 8 y 9 meses por un decreto, recibí mails con información falsa, suscripciones de revistas y academias que ponían y sacaban a su antojo y finalmente me impidieron entrar al sistema a subir escritos y comenzaron a impedirme trabajar en el word. Ante la imposibilidad de trabajar y los riesgos que implicaba para mis clientes y mi responsabilidad profesional, me vi en la obligación de renunciar a todos los expedientes que tramitaban en Capital Federal. Como no podía entrar a la web para poder hacerlo, porque me habían hakeado también el programa de la Justicia Nacional, llamé a la Secretaría de una de las Cámaras y me contestaron que no tenían idea. Tuve que denunciar la situación por mail a la Cámara del Trabajo y a todos los Juzgados pidiendo instrucciones para poder renunciar, mediante un mail.

Llegué a leer los obituarios de mi padre recientemente fallecido en el word, me sacaron todos los archivos que tuvieran relación con la estafa que yo había guardado, me armaron páginas con pistas falsas, hasta que advertí que me acosaban inmobiliarias que yo no había consultado y a las que llamaban no me respondìan, me dilataban…. Cada técnico que lograba contactar, me manifestaban cosas totalmente distintas, pero que- salvo lo del Poder Judicial y lo el Word que no tenía explicación-, no encontraban rastros de hackeo, que sólo hackean a los terroristas, narcotraficantes o criminales peligrosos y según ellos (fueron 4 en total), la computadora la dejaban totalmente protegida para “que no me entren virus electrónico o hakers”. Los dos supuestamente más calificados- contactados indirectamente por conocidos- fueron los que más perjuicios me causaron. El último me propuso que el mejor sistema de protección- con tres P.C. en funcionamiento- tuve que comprar una nueva- era colocar un programa que aparecía con el IP tachado, lo que luego advertí que era totalmente ilegal.

Salvo uno, todos se cubrían diciendo que cuando la tecnología es muy buena, no hay sistema que la asegure… Y todos me manifestaron que “no me tome el trabajo de hacer la denuncia porque nadie hace nada.” Los técnicos atravesaban la puerta y “todo lo protegido” volvía a estar como si nada. El ultimo ordenador- el que supuestamente utilizaría sin entrar en internet- luego de ser protegido y preparado por dos técnicos… nunca la pude usar.

Lógicamente estoy simplificando una historia mucho más larga y compleja sólo para ser tratada por un probo e intachable Juez Penal-Con la ilusión de ser escuchada, decido volver a insistir telefónicamente ante las instituciones; recibiendo como respuesta “mande la denuncia por mail”. Mando tres mails a tres organismos del estado especializados en cibercrimen, y uno sólo me responde “por razones de seguridad no recibimos adjuntos”, ¡y yo recurriendo a un organismo de seguridad informática!. Remití el texto adjunto abierto en el mail y me respondieron: “haga la denuncia en la policía”. Siempre voy a necesitar creer que la respuesta vino de los hackers…

El intento de estafa data de noviembre de 2017 a julio de 2018, y “casualmente” el hostigamiento reapareció en plena pandemia ante mi obsesiva búsqueda de una inmobiliaria seria para vender una propiedad. Tarde, pero por eso pude deducir quienes eran los autores ya que los métodos de hostigamiento eran iguales que en el 2018, pero le agregaron la sofisticación de la tecnología.

DESNUDA, es la palabra por la que me siento representada. Desnuda DE libertad, de intimidad, de contención por el sistema, de protección, de conocimientos informáticos, desnuda de ley , de instituciones, de justicia, de poder, de dinero para tener la tecnología necesaria para desenmascararlos, de profesionales preparados y respaldados en todos los aspectos…

DESNUDA POR: la falta de solidaridad, de empatía, de colaboración, de respuesta, de interés; desnuda por la indiferencia, la necedad, los prejuicios, la incredulidad, la inacción de la sociedad en general y aún de los que te rodean en particular. DESNUDA, como se tiene a alguien sujeto a tortura.

Es absolutamente desgraciado que alguien entre impunemente en tu intimidad , maneje tu vida, que te encuentres presa en tu propia casa, que no sepas quienes ni cuantos conocen todo sobre ti, que te impidan trabajar, que escuchen todas tus comunicaciones, que manejen todos tus contactos, que violen tu libertad a cada minuto de tu existencia; y como me advirtió alguien que puedan fraguar órdenes, créditos, documentos, escritos en tribunales en mi nombre y miles de peligros más.

Pero mucho más terrible es la ausencia de una organización sólida y una Justicia especializada que nos protejan seriamente de los peligros de la “virtualidad” de la que nadie habla, para la que no hay leyes acordes, instituciones, gente y equipos capacitados y la información necesaria de que esa arma (internet) puede ser usada contra cualquier honesto ciudadano común. Reconozco que mi confianza, negación, ignorancia y el generalizado prejuicio que no soy ni tengo nada atractivo para ser hakeada, me convirtieron en la víctima perfecta.

La película termina relatando que se hizo en homenaje a las dos chicas que se suicidaron, no recuerdo bien la fecha, pero habían pasado varios años y aún la ley no había cambiado en Alemania.

La finalidad de ésta nota no es contar mi historia- que da más para un libro de ciencia ficción que para una nota-lo que pretendo es advertir a personas como yo, que una herramienta tan útil y eficiente como internet para muchas cosas, puede convertirse- con una mentira bien armada y las relaciones y los medios suficientes- en una sofisticada arma de destrucción de personas comunes que nada tienen que ver con el crimen, mientras los verdaderos criminales se esconden anónima y cobardemente detrás de la virtualidad. Y lógicamente las más castigadas van a ser las personas que se resisten a las ilicitudes e inequidades contra las que los gobiernos no quieren o no pueden hacer nada.

La responsabilidad es Nuestra, somos nosotros los que tenemos que liberarnos de prejuicios y solicitar a las autoridades el dictado de leyes y la inversión de dinero en equipos y técnicos capacitados para detectar, mitigar o al menos disminuir estos flagrantes delitos. Aun reconociendo el hackeo al Sistema Web del PJN, nadie quiso firmarme un certificado que lo compruebe. Y no puedo pedir que sean héroes, los técnicos saben “que no hackea cualquiera”, pero sí es muy fácil hackear a cualquiera por el motivo que sea.

No puedo llegar a imaginar las maravillas que bien usada podría hacer la tecnología- si ya están estudiando cómo resucitar personas- aunque lamentablemente no puedan encontrar la cura de un virus , que no sólo nos obligó a aislarnos, sino que nos arrojó a “las bondades de la tecnología” y al uso obligado de internet, en el día a día.

Los contagios y los muertos dan fe que “lavándonos las manos”, no previnieron el virus que llegó a matar cuerpos. Lo triste es que si seguimos “lavándonos las manos” y permanecemos indiferentes a las nuevas mafias que manejan el poder con la tecnología entre otras cosas, ni siquiera vamos a poder reparar que además- repitiendo las palabras de Jaron Lanier- “están matando nuestras almas.”

Lo dijeron de distinta forma pero desde Albert Einstein, Martin Luther Kin, coincidieron con Edmun Burque:

“Lo único necesario para que triunfe el mal es que los buenos no hagan nada”…

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