Maryssa Ruiz. LQS. Marzo 2018

A medida que pasa el tiempo se va acentuando aun más la idea de un reconocimiento carente de lógica hacia las personas, de una admiración que no es más que la muestra de cómo nos vamos convirtiendo en todo lo que supone la desaparición de la sensatez y la humildad

Cuando empieces a mirar a los demás a través de los ojos de tu alma, cuando comiences a tratar a cada ser humano por las acciones que ejecuta y no por como viste, por el coche que conduce, por la profesión a la que se dedica o por el dinero que tiene, cuando deje de importarte la imagen física y demás nimiedades absurdas que te convierten en un ser superficial y pedante, cuando descubras que hay mucho más en un ser humano que lo que crees ver, cuando ocurra todo esto será el inicio de la recuperación de los valores que hemos ido destruyendo con el paso de los años anclando a la raza humana en una espiral de egoísmo y estupidez sin límites.

A medida que pasa el tiempo se va acentuando aun más la idea de un reconocimiento carente de lógica hacia las personas, de una admiración que no es más que la muestra de cómo nos vamos convirtiendo en todo lo que supone la desaparición de la sensatez y la humildad. Nos hemos olvidado de la esencia del ser humano, esa esencia que demuestra que una vez fuimos coherentes con nuestras propias ideas y hacíamos uso de la empatía para ayudar a los demás sin esperar ningún tipo de agradecimiento.

¿Desde cuándo y hasta cuándo vamos a seguir ejecutando juicios de valor a priori sobre alguien a quien no conocemos de verdad? ¿Cómo se podría explicar que estamos centrando toda nuestra atención en cosas insignificantes y con ello perdiéndonos a nosotros mismos?

Si, en la actualidad solo se habla de política, fútbol, crisis económicas, programas basuras pero nos olvidamos de la crisis más importante, la pérdida de valores del ser humano que ocasiona nuestra paulatina destrucción.

Hay países enteros muriéndose de hambre, otros matándose a tiros por la religión e intereses económicos que solo pretenden enfatizar aun más esa maldita idea de que el dinero es el protagonista de un “todo´´ categórico y definitivo, y parece que a nadie le importa, estamos dormidos en un sueño del que no queremos despertar, nos hallamos bien inmersos en un pasotismo plagado de ignorancia, comodidad, codicia y ambición. Centramos toda nuestra atención en políticos inútiles, empresarios basura, figuras de escayola que son portadas en tronos por ignorantes que piensan que todo el daño que causan será borrado por obra divina, y equipos de fútbol millonarios cuya gran parte de miembros son unos profesionales en defraudar al fisco.

Parece que se nos olvida que somos seres humanos, personas con alma, sentimientos y corazón, parece que echamos en saco roto que estamos para ayudarnos los unos a los otros independientemente de la raza, sexo, profesión, ideología política o religiosa (siempre que haya respeto y educación dejando atrás los fanatismos y la humillación de la dignidad); vamos siguiendo pautas establecidas por líderes sin escrúpulos que juegan con nosotros como si fuésemos marionetas, anteponiendo nuestras verdaderas necesidades para lograr sus objetivos, objetivos que solo benefician a unos cuantos a la vez que a la gran mayoría nos hunden en un lodo del de que difícilmente lograremos salir , vamos surcando el sendero equivocado y destrozando todo a nuestro paso pero sin percatarnos que este hecho supone la destrucción de nuestra propia vida.

¿Empezamos a pensar?

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