Dios no consta, ¡Maradona sí!

Iñaki Alrui. LQS. Noviembre 2020

Hace dos semanas publicábamos esta nota sobre Diego Armando Maradona, había cumplido 60 años. Este miércoles 25 de noviembre nos ha dejado. Sea este nuestro adiós para el mejor jugador de futbol de la historia #DEPMaradona

“Me largué a llorar. Y llorando se lo conté a la Claudia, a mi vieja. A todos. Capitán de la Selección. Era lo que siempre había soñado ser. Representar a todos los futbolistas argentinos, a todos.” (1)

“Yo no la toqué, fue la mano de Dios”

Diego Armando Maradona cumplía sesenta años el pasado 30 de octubre, muchos dicen de él que es el mejor futbolista de la historia. Opiniones aparte, siempre estará entre los mejores.

Personaje polémico, controvertido, pasional, que a los tres días de su cumpleaños vuelve a estar ingresado en un hospital; el desgaste de la vida es una cifra que siempre nos acompaña, el número es 60.

Nació el 30 de octubre de 1960, con ascendencia española, croata y argentina. Fue el quinto de ocho herman@s, vecino de Villa Fiorito, Lomas de Zamora, al sur del Gran Buenos Aires. Con nueve años hizo la prueba de entrada en el Argentinos Juniors, el inicio de toda una carrera deportiva. A diez días de cumplir los dieciséis años debutaba en el campeonato nacional de la primera división argentina. Del Argentinos Juniors saltaría, en 1981, al equipo de la “Bombonera”, Boca Juniors. Después vendría el Barcelona, Nápoles, Sevilla, Newell’s Old Boys (de Rosario), vuelta a Boca Juniors… y en ese paso entre tiempos del jugador zurdo, los mundiales con la albiceleste (Inolvidable el Argentina vs. Inglaterra en 1986) combinado con rayas de cocaína, partidos amistosos, la extraordinaria técnica, medicamentos proscritos, su singular destreza con el balón tocando el cielo y el inferno con la misma bota, no es algo que ocurra de un día para otro, son sumas y restas de una vida que supera cualquier ficción escrita.

“Tengo un recuerdo feliz de mi infancia, aunque si debo definir con una sola palabra a Villa Fiorito, el barrio donde nací y crecí, digo lucha. En Fiorito, si se podía comer se comía y si no, no…” (1)

Lo deportivo es la marca, la etiqueta, el éxito. Pero ¿hay otro Maradona? Sí, claro, el Maradona de barrio, el que no olvida sus orígenes, la niñez del hambre, de la pobreza. Maradona siempre estuvo, y estará, en el fútbol de base, en los campos de tierra con portería entre piedras, en la eterna plaza de Mayo de las Abuelas, Madres e Hij@s. En los movimientos comprometidos latinoamericanos.

“Había que laburar mucho para alimentar tantas bocas. Había que laburar mucho y mi viejo se mataba. Por eso yo trataba de hacer las menos cagadas posibles, pero… A veces mi viejo cobraba y me compraba zapatillas y yo las rompía enseguida porque jugaba a la pelota todo el día. ¡Era para llorar!” (1)

¿Qué beneficio obtuvo Maradona por juntarse y apoyar a Castro o Chávez?… Nunca renegó de su origen, todo lo contrario, lo reivindicó y rompió el tópico de la profilaxis política que siempre rodea a los deportistas, siempre fue de Villa Fiorito, villero, honesto, golfo, tierno, canalla y niño cartonero, rasgado, errante, que se ha querido reconocer al lado de los abatidos que vagan en el reverso de una sociedad de desiguales. De alguna manera rompió las etiquetas (bien reales) de ese fútbol indiferente a la justicia, la verdad, la moralidad.

Maradona, una vez más, camina entre un pozo anímico y el esplendor del cosmos, no hay fango ni polvo que pueda tapar tanto brillo atesorado en ese metro sesenta y cinco de leyenda y metáfora en el fútbol. Tuvo a todo un país a su lado mirando hacia el futuro, 1986, entre la desolación de las muertes inútiles de las Malvinas, un pasado reciente de criminal dictadura, la bestial deuda externa (made in Escuela de Chicago), una nación llena de heridas por curar… y llegó el gol del Estadio Azteca para que la metáfora fuera fútbol, y el fútbol se hiciera pueblo.

“Era más que ganar un partido, era más que dejar afuera del Mundial a los ingleses. Nosotros, de alguna manera, hacíamos culpables a los jugadores ingleses de todo lo sucedido, de todo lo que el pueblo argentino había sufrido. Sé que parece una locura, un disparate, pero eso era, de verdad, lo que sentíamos. Era más fuerte que nosotros: estábamos defendiendo nuestra bandera, a los pibes muertos, a los sobrevivientes… Por eso, creo, el gol mío tuvo tanta trascendencia.” (1)

PD: Después de esta chapa personal estoy obligado a hablar de Edson Arantes do Nascimento, “Pelé”, pero eso ya será otro día.

Notas:
1.- Yo soy el Diego. Autobiografía de Diego Armando Maradona. ISBN 950-49-0228-6. Editorial Planeta (septiembre de 2000)

Más artículos del autor. Miembro del Colectivo LoQueSomos. En Twitter: @IkaiAlo

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