Doctores-antropólogos tiene la iglesia paralela

Por Nònimo Lustre*. LQSomos.

«Buscas el ser por lo alto, / tan alto que yo me temo /
que el ser que andas buscando /
debe ser el Ser Supremo»
(Chicho Sánchez Ferlosio, coplas de El Ser, 1978)

Hace veinte años, tropecé con una tesis doctoral que me sorprendió por su infinidad de errores gramaticales pero, en especial, por su hedor a catolicismo esotérico. El firmante, Juan Carlos Ochoa Abaurre, había pasado en el año 1999 unos meses en una aldea muy cerca de la ciudad de Iquitos. El título era llamativo –ah!, la Tierra sin Mal-, pero el grueso de la tesis se perdía en disquisiciones sobre los esotéricos cultos de la Europa anterior a la II Guerra Mundial. Para mayor inri, la etnografía de ese o de cualquier otro pueblo indígena, brillaba por su ausencia.

Afortunadamente, era una tesis muy corta (texto, 111.826 palabras; bibliografía, 3.763 p.) Pero, apenitas disimulada, estaba cargada la dinamita fascista-irracionalista embutida en las citas de luminarias académico-populares como Micea Elíade, 122 citas y Jung, 29 c. También podríamos reseñar a otros dos autores que, por distintos motivos, trufan la tesis: Freud, 20 c.; y su extraoficial padrino, Carlos Junquera, 15 c. ¿Y el trabajo de campo etnográfico? Pues decir deficiente es poco. Ejemplo, sobre un pueblo indígena vecino a los protagonistas de la tesis, los Ñihamwo –antes “yagua”-, los mencionaba en 33 ocasiones, todas ellas irrelevantes. (Ver Ochoa Abaurre, Mito y chamanismo: el mito de la Tierra sin Mal en los Tupí-Cocama de la Amazonía peruana. Tesis doctoral, Barcelona 2002)

Primer tercio del siglo XX: la plana mayor del fascismo-esoterismo europeo. Carl Jung y Mircea Elíade

¿Cómo fue posible que se aprobara una tesis así? No lo sé pero intuyo que en su éxito universitario confluyeron dos factores: a) que los fascistas esotéricos se reconocen a la legua entre sí; y b) que Ochoa pertenece a la cuadra (en España, grupúsculo semi-mafioso) de los curas que llegaron a cantar misa pero que, en sus destinos laborales como misioneros, descubrieron no a los indios sino a las indias. Aunque tienen ‘obispos’, Ochoa se conformó con depender del diácono –o, como mucho, presbítero- entonces llamado Carlos Junquera quien suele cambiar de nombre para que los navegantes internéticos no profundicen en los numerosos latrocinios intelectuales que ha perpetrado.

Por suerte, Oscar Calavia, un antropólogo hispano-brasilero, publicó en 2006 un artículo sin desperdicio con un título irónico que resumía el sentido de su descalificación de las obras de esa mafia católica, “La etnología amazónica al alcance de todos”. Aunque centrado en los ‘obispos’, menciona a Ochoa en los siguientes términos

“el doctor Junquera detenta responsabilidades docentes, y hay indicios de que está creando escuela. La misma editora que publicó el libro sobre lenguas amazónicas antes descrito publicó también en 2005 Mito y chamanismo en el Amazonas, de Juan Carlos Ochoa Abaurre, colaborador eventual de Carlos Junquera. Si presenciamos el despuntar de una escuela, cabría preguntarse por sus características. Su marca registrada sería, desde luego – a juzgar por el libro de Ochoa Abaurre- la metodológica. El mismo cuidado de evitar al lector todo y cualquier exceso de detalle y contexto, y sobre todo las mismas inclinaciones discursivas. Así, la constante preocupación acerca de la identidad, conjugada, por una paradoja demasiado común, con un tipo de descripción que se desliza como por una pista de hielo sobre la diversidad del universo descrito: el indio es, el indio piensa, y en suma el indio preserva su identidad siendo enfáticamente idéntico.

Así también la reiteración de ese tipo de discurso ético que, a fuerza de anorexia intelectual, ha llegado a parecerse con el discurso clásico de la izquierda: hay que dejar de pensar el mundo para transformarlo, lo que es mucho más llevadero cuando el mundo ya está suficientemente pensado desde hace varios siglos. Las novedades corren por cuenta de una predicación new age, con profusión de espiritualidad indígena, creencias ancestrales, sabiduría natural y una saludable distancia de las perplejidades y lepras modernas que nos hacen confiar en que el indio sea, a fin de cuentas, un portador de valores eternos. (cf. Oscar Calavia Sáez. 2006. “La etnología amazónica al alcance de todos”, en Quaderns-e de l’Institut Català d’Antropologia, Vol 8, nº 8/b. http://www.raco.cat/index.php/QuadernseICA/article/view/56018 )

Su dilecto discípulo Ochoa con los “yagua” –citados 33 veces pero ninguna con su auténtico etnónimo, Ñihamwo. No son tupí-guaraní. El ñihamwo es la única lengua de la familia lingüística Peba-Yagua. Foto de Ochoa incluida en su tesis doctoral

Olvidamos la malhadada tesis para centrarnos en un artículo que Ochoa publicó cinco años después de su ingreso en el inmarcesible club de los doctores académicos:

“Los autores que aquí recojo y que dibujan esta panorámica Iberoamericana: A. Metraux, E. Schaden, C. Nimundaju, H. Clastres, M. Marzal, M. Elíade, M. Harner, A. Jodorowsky y el mismo Levi-Strauss; y los profesores Francisco Bauza, Carlos Junquera, Octavi Piulats, Eduardo Subirats, Oscar Agüero, Fernando Ainsa, H. Cerutti y yo mismo.” Observación: una nómina donde autores respetables, bien a su pesar, son entreverados con charlatanes esotéricos e incluso con profesores sin ninguna relación con el tema tratado –ay, los peajes académicos-. Escrita, además, con faltas de ortografía (“Nimundaju” –en realidad, Curt Nimuendajú- es la más notoria porque se repite mucho en este ensayo)

Sólo analizaremos un par de sus excelsas cogitaciones: a) “el idioma Guaraní está considerado por muchos estudiosos como uno de los más evolucionados, pues tiene tal riqueza y fluidez que sólo comprendiendo su mecanismo íntimo podemos apreciarlo en toda su dimensión: el idioma guaraní es principalmente onomatopéyico y mantiene un diálogo con la Naturaleza en un tono íntimo, y además expresa el Universo desde su dimensión animista.

Es difícil reunir tantos disparates en tan pocas líneas. 1) que “el idioma Guaraní está considerado por muchos estudiosos como uno de los más evolucionados” es simplemente incomprensible. ¿A qué otro idioma le supera en evolución?, ¿quiénes son esos “muchos estudiosos”? Bah, da igual nunca los encontraremos ahorrándonos así la comisión de un delito violento. 2) después del dislate lingüístico, llega la perogrullada: pues claro que “sólo comprendiendo su mecanismo íntimo” entenderemos el idioma guaraní “en toda su dimensión”. Pero igual diríamos de cualquier otro idioma, fuera el kalmuko o el klingon. 3) “el idioma guaraní es principalmente onomatopéyico”… Nadie discute que todas las lenguas tienen un componente onomatopéyico pero nunca es ‘principal’ –salvo si creemos que algunos pueblos hablan sin gramática y sin creaciones propias y, probablemente, emitiendo sólo sonidos guturales -¿por qué no agudo?. 4) en cuanto a eso de la intimidad filológica con la Naturaleza y desde el animismo, mejor no comment.

Segunda excelsa cogitación: “La experiencia intelectual y práctica de la Nueva Antropología Iberoamericana se enfrenta, a la tarea de descifrar este lenguaje poético y metafísico –cuyos antecedentes se encontraban en la Utopía empírica del siglo XVI y XVII– que descubrimos en lo más profundo de la Mitología indígena e interpretar sus símbolos de acuerdo a una metodología teórica y práctica que viaje al origen de su significado. Nuestros filósofos y antropólogos se dieron cuenta, como lo hicieron aquellos humanistas –los teólogos del Renacimiento que denominaron Totus Orbis, a la nueva representación redonda de un mundo unitario y global que construyó Americo Vespuccio–, que en las selvas sobrevivía el mundo del misterio y de la magia ocultos en una Naturaleza que dialogaba con sus huéspedes.”

Un párrafo no sólo eurocéntrico sino también paternalista hasta la caricatura. Y, como corresponde a quien se siente seguro y apoltronado en el inexpugnable castillo de Occidente, pretencioso puesto que no sólo se inventa una Nueva Antropología Iberoamericana –no es nueva sino una antigualla fraguada en Trento-, sino que, además, la diseña a partir de unos Próceres antropológicos europeos y hasta medievales. Los indígenas y/o los antropólogos ‘nuevos’, deben profundizar en el “lenguaje poético y metafísico” que nos enseñaron los utopistas occidentales de los siglos XVI y XVII –una periodización cronológica más que dudosa. Y, para remate, “nuestros filósofos y antropólogos”, ¿nuevos, actuales?, tienen que estudiar a al cartógrafo Vespucio -vayan, pues, aprendiendo trigonometría. En cuanto a que la “Naturaleza dialogaba con sus huéspedes”, se nota que Ochoa no ha dialogado nunca ni con un cactus. (cf. Juan Carlos Ochoa Abaurre. 2007. “Descubrir la Ontología en la mitología del pueblo Tupí-Guaraní. El reto de una nueva antropología iberoamericana”, en Thémata. Revista de filosofía, nº 39)

San Rafael NO es una comunidad plenamente indígena sino, como demuestra esta foto, “campesina

Huelga añadir que, tanto en la tesis como en este artículo, Ochoa ignora a Calavia, pese a ser una autoridad en materia guaraní como demuestra que coordinó un número monográfico sobre “La persistencia Guaraní”, en la Revista de Indias, vol. 64, nº 230, 2004.

Finalmente, Ochoa no está interesado en la evolución de los indígenas con los que –dice- ha vivido. Es peliagudo haber compartido con unas gentes, que ya estaban turistizados cuando Ochoa los visitó, sin tener la menor preocupación por lo que les pasaba entonces y les pasa hoy. Pero es natural, cuando buscas al Ser Supremo, en su ontología y en el Axis Mundi –el Eje de Hitler y de Eliade- no puedes detenerte en minucias con las que viven, gozan y padecen los indígenas. Con más motivo si desconoces sus más elementales características etnográficas porque, en tal caso, tu única opción es la metafísica –¿ello, qué tiene que ver con la antropología?: nada.

Por si algún irracionalista despistado –todos lo son-, quiere visitar el pueblo de San Rafael, que tan jugoso rendimiento académico propició, tiene dos opciones a cual más fácil: ir desde el aeropuerto internacional de Iquitos en una excusión pagadera o ir de voluntario. Veamos los detalles:

Turismo entre los vecinos Ñihamwo. La cerbatana es efectiva en tiro aéreo, nunca en tiro horizontal

La excursión pagada. DIA 1: Iquitos-San Rafael. Navegación por el Rio Amazonas rumbo a la comunidad ribereña de San Rafael situada a 18 kilómetros. Arribo, recepción, bebida regional y danza típica de bienvenida. Muestra de saberes herramientas y actividades ancestrales locales. Visita al proyecto de apicultura de la familia Laiche con la posibilidad de obtener miel de abeja genuina.
DIA 2: San Rafael. Desayuno tradicional. Visita guiada al Mariposario Morphosapi. Por la tarde, visita a la Isla de los Monos. Regresando a la comunidad, podrán observar algunos delfines en el Río Amazonas.
DIA 3: San Rafael-Iquitos. Desayuno tradicional y después canotaje en el rio Amazonas. Pesca tradicional en canoa con guía local. Aprovechamiento de la caña, uso del trapiche y el cachete.

El voluntariado. Una oportunidad de colaborar como voluntario en la comunidad campesina de San Rafael, en el río Amazonas, para conocer de cerca la cultura, forma de vida y los tesoros escondidos del lugar de la mano de los propios locales. Una experiencia mágica, que nos invita no sólo a descubrir el Amazonas, sino a descubrirnos a nosotros mismos. Gracias a la agencia T. Viajes con Sentido, conocerás de primera mano la cultura del país y su gente trabajando codo a codo con la gente local (nuestras negrillas destacan que “descubrirnos a nosotros mismos” es el gancho que nunca puede faltar en la propaganda del humanitarismo)

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