Francisco Cabanillas. LQS. Abril 2018

En el fondo, la pregunta fundamental es,
¿cómo el sujeto queda constituido en lo enredado,
en el caos, en las rutas carnavalescas caribeñas?”
Miguel Pruné.
Ínsulas extrañas. Ciencia ficción en el Caribe hispano y otras islas adyacentes (2015).

Propuesta

(La literatura merma ante la economía neoliberal, que es ¡la verdadera ciencia ficción!).

Entre una política anticolonial puertorriqueña, en el cuento de José E. Santos, “Terminator boricua” (2007), y otra política decolonial cubana, en el cuento de Yoss, “Fangio inmemoriam big race” (2011), la ciencia ficción caribeña se enreda en un contrapunteo narrativo que, por un lado, trastoca la historia; y por el otro, plantea un nacionalismo paradójico.

La tesis no es, estrictamente, que el nacionalismo literario boricua y cubano constituya una aporía, sino que la ciencia ficción lo lleva a la aporía.

El trabajo se divide en tres partes: cuento, ciencia ficción y contrapunteo narrativo.

Cuento

Tanto “Terminator boricua” como “Fangio in memoriam big race” vuelcan en la literatura un antecedente fílmico. En el cuento boricua, un clásico de la ciencia ficción estadounidense, The Terminator (1984); en el cubano, un drama de suspenso histórico, Operación Fangio (1999), basado en un hecho real: el Gran Premio Automovilismo de Cuba del 24 de febrero de 1958.

Contraste interesante: mientras que el cuento más anclado en la apariencia del realismo literario (el boricua) se deja seducir por la emblemática película hollywoodense del androide asesino, al ciberpunk cubano lo seduce el realismo de la película que le rinde un tributo (neobarroco) a una realidad histórica.

Tensión.

En ambos cuentos, sin embargo, se trata de una politización feroz de la literatura: ficción de una ciencia politizada contra la anexión imperial usamericana (clave esta de la aporía nacionalista).

Ciencia ficción

A un primer nivel, “El terminator boricua” se vale de la ciencia ficción —definida como una relación tipo el científico-la máquina-el viaje— para ir del presente, año 2095, al pasado, año 1898, para resolver el futuro, año 2198.

A su vez, “Fangio in memoriam big race” se instala en el ciberpunk del futuro, año 2058, a cien años de la fecha histórica de 1958, para historiar el pasado reciente, del 2016, año en que colapsa la Revolución, al 2028, cuando el Navy de Estados Unidos (Thalos) “pacifica” la “guerra civil” que sigue al colapso (2016-2028), para volver brevemente al presente último, 2059, año de elecciones en el que Cuba corre el riesgo de convertirse en el Estado 52 de Usamérica.

Entre el cuento boricua y el cubano se cruzan las fechas: el presente futurista del primero, 2095, se refracta en el futuro presentista del segundo: 2059.

Contrapunteo: entre una fecha y otra, Puerto Rico se independiza en el año 2198 y se hace Estado 51 en 2068 (a esto volvemos después).

De Cuba, no se sabe cuándo, entre 2028 y 2059, se hace Estado Libre Asociado de Norteamérica. ¿Después de la intervención de los Thalos?

A un segundo nivel, el humanismo anticolonial de “El terminator boricua” se vale de la ciencia ficción, sin ciborgs ni clones ni replicantes, para resolver un problema político de 300 años. Ciencia fantástica del tiempo libertario.

A su vez, el transhumanismo decolonial de “Fangio in memoriam big race” se vale de la ciencia ficción —sin humanos, llena de hologramas, plagas transgénicas, ciborgs vivientes, bioandroides infantiles, sistemas electrónicos, deslizadores magnéticos, tecnología bioinformática, trenes de levitación magnética antigrav, turboflaps, holoseries, protectores bucales de biogel hechos de caña… —; se vale de todo eso para plantear un problema de involución política: el retroceso de la república a la colonia moderna.

La ciencia ficción caribeña se colma de fricciones políticas.

Contrapunteo narrativo

Fricción entre el humanismo anticolonial y el posthumanismo decolonial, nostálgico este de la modernidad boricua del año 2198: una ficción con la ciencia y la tecnología para volver al pasado, alterarlo y reconectarlo con la dirección histórica del independentismo hispanoamericano decimonónico, truncado en 1898. Una modernidad (la boricua de 2198) donde el homo sapiens controla la ciencia.

¡Nostalgia posthumanista!

Contrapunteo del cuento boricua, publicado en 2007, y el cubano, publicado en 2011, cuya fricción trastoca la historia.

No solo porque, desde el cuento cubano, la anexión de 2068 rompe la continuidad colonial de 300 que plantea el cuento boricua con la independencia en 2198, sino sobre todo porque, al hacer de Cuba otro Puerto Rico, como plantea críticamente “Fangio in memoriam big race,” el cuento pone patas arriba la gramática decimonónica de la caribeñidad cubanorriqueña, según la cual Cuba se ha posicionado como el futuro de Puerto Rico.

¡Virazón!

Por eso, el personaje que parodia la voz de Martí, “el Apóstol,” en el cuento cubano, critica en spanglish el trastoque que hace del Estado Libre Asociado boricua el norte político de la Cuba posthumanista del año 2059 (otro Estado Libre Asociado de Norteamérica): “I’m afraid that this jodida island will continue being un feudo yanqui…es like Puerto Rico hace décadas: todos los boricuas love a lot feeling big patriots saying shits de los americanos, pero very happy que estaban también de have the hated passport of the Empire. Y ya sabes: Cuba y Puerto Rico son de un pájaro las dos alas…”

El contrapunteo de la ciencia ficción caotiza la historia.

Conclusión

Divergencia (islas que no se repiten): el futuro republicano de Puerto Rico, finalmente independiente, choca con el futuro “neo-neocolonial” de Cuba, convertido en otra versión del Estado Libre Asociado de Puerto Rico.

Convergencia (islas que se repiten): aporía nacionalista. Tanto la ciencia ficción anticolonial boricua como la decolonial cubana parten de una premisa paradójica: la idea que, en el siglo XX, XXI o XXII, la culminación del imperialismo usamericano en el Caribe hispánico culmina en la anexión.

Aporía: desde la historia reciente de Puerto Rico (ley PROMESA de Obama en 2016) y la de la Cuba de Obama y Trump (2016-2018), para el imperialismo usamericano el Caribe hispánico funciona mejor como colonia: ¡nunca, desde 1898, como estado federado!

La realidad (inmediata) rompe la ciencia ficción.

Como tributo a los versos decimonónicos de Lola Rodríguez de Tió, “Cuba y Puerto Rico son de un pájaro las dos alas,” la ciencia ficción puertorriqueña escribe “El terminator boricua”; como su herejía más salvaje, la ciencia ficción cubana pone sobre la mesa “Fangio in memoriam big race.”

Vuelta al epígrafe:

“En el fondo, la pregunta fundamental es, ¿cómo el sujeto queda constituido en lo enredado, en el caos, en las rutas carnavalescas caribeñas?”

Como sujeto, el nacionalismo queda constituido como una aporía: la anexión como culminación del colonialismo/neo-neo colonialismo.

*Trabajo presentado en la conferencia “Calibanías y caribeñidades: espacios y topografías,” llevada a cabo en Marquette University del 5 al 7 de abril de 2018.

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* Francisco Cabanillas (1959, Puerto Rico) enseña lengua española, cultura y literatura hispanoamericana en Bowling Green State University, Ohio. Ha publicado cuatro libros de ensayo: Escrito sobre Severo (1995), Pedreira nunca hizo esto (2007), K-lores del trópico: ensayos transboricuas (2012) y Ensayos silenistas (2014). Miembro de LoQueSomos

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