Dos personajes quiméricos con seguidores

Arturo del Villar*. LQSomos.

En el imaginario Estado de la Ciudad del Vaticano, consistente en dos palacios, pero representado en la ONU gracias a una ficción internacional como si existiera realmente, se produjo este 23 de junio de 2021 el encuentro de dos seres quiméricos, aunque con muchos seguidores como si fueran ciertos. Son el papa Paco, que afirma ser el vicario de Jesucristo, y Spiderman, que pretende ser un hombre araña. Protagonizan cuentos fabulosos, en los que creen algunas mentes fanatizadas o infantiles como si fuesen verdaderos. Los dos visten trajes fantasiosos, en un intento por demostrar que son únicos. Todos sabemos que no hay ningún vicario de Jesucristo y ningún hombre araña, aunque fingimos creer sus historias, igual que las protagonizadas por brujos y hadas o por licántropos y zombis.

No obstante, debiera desenmascararse el caso del imaginario Estado Vaticano, porque es un peligro público debido a su injerencia en los asuntos internos de los Estados reales. Al mismo tiempo que se producía ese encuentro entre los dos entes de ficción, hacía una advertencia el jefe del Gobierno italiano, Mario Draghi, en el Senado de su país, acerca de un tema de gran importancia internacional que no tiene nada de ficticio.

Ocurre que el Senado de la República de Italia discute en estos días un proyecto de ley contra la homofobia, que ya fue aprobado en el pasado mes de noviembre por la Cámara de los Diputados, y que preocupa al presunto Estado Vaticano. En consecuencia, la Secretaría de Estado hizo llegar una llamada “nota verbal” por escrito al Gobierno la pasada semana, con una recomendación para cambiar algunos puntos.

El motivo consiste en que los vasallos del papa Paco, dictador absoluto e infalible del imaginario Estado Vaticano, opinan que la ley, de ser aprobada por el Parlamento en su redacción actual, pone en peligro la libertad religiosa, garantizada en los acuerdos rubricados entre ambos países, el real italiano y el ficticio vaticano. Por lo tanto, aconsejan a los senadores su modificación, en lo que constituye una intolerable injerencia en los asuntos internos de la República Italiana.

Es decir, de conformidad con el contenido de la nota, la libertad religiosa del pueblo italiano consiste en obedecer las indicaciones que le dicten desde ese utópico Estado que tiene incrustado en la ciudad de Roma. Para cualquier mente sensata eso es precisamente lo contrario de la libertad, es una sumisión a las instrucciones de un Estado extranjero.

Ante esta realidad, el presidente Draghi se sintió obligado a hacer una declaración en el Senado, para recordar lo que debiera ser obvio incluso para los habitantes de ese ilusorio Estado creado en 1929 por el fascista Benito Mussolini. Lo que manifestó es tan lógico que no haría falta decirlo, pero al tratarse de la Iglesia catolicorromana, acostumbrada a inmiscuirse en las decisiones de los verdaderos Estados, creyó conveniente recordarlo: “Italia es un Estado laico, y el Parlamento es libre de debatir y aprobar sus normas de convivencia.” Resulta asombroso que haya sido necesario advertir esta norma, habitual en las relaciones entre los Estados, al más minúsculo del mundo.

Pequeño, pero capaz de acoger todas las corrupciones posibles. Con el cuento del vicariato de Jesucristo en la persona del papa, que es infalible por acuerdo del Concilio Vaticano I, y el apotegma igual de falso según el cual no hay salvación eterna para las almas fuera de la Iglesia catolicorromana, propalado por la misma Iglesia catolicorromana en su favor, el Estado de la Ciudad del Vaticano goza de impunidad para cometer toda clase de delitos financieros, llegando hasta el asesinato de banqueros por saber mucho. Fue lo sucedido en los años ochenta del siglo pasado, con la quiebra fraudulenta del Banco Ambrosiano, propiedad en parte del Estado Vaticano, y el irónicamente llamado Instituto para las Obras de Religión, involucrado en actividades de la logia masónica Propaganda Due.

Por eso el mismo día en que Paco se entrevistaba con Spiderman entró en vigor su motu proprio con las “Normas sobre la transparencia, el control y la competencia en los contratos públicos de la Santa Sede y del Estado de la Ciudad del Vaticano”, del pasado 19 de mayo. Es un nuevo intento de Paco para poner un poco de orden en las finanzas vaticanas, las más corruptas del mundo. La única solución factible es eliminar el Vaticano, disolver sus instituciones y repartir entre los pobres sus riquezas.

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio
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