EE.UU. No salvará la democracia

Efraín Viveros Filigrana*. LQS. Enero 2021

Hoy, para analizar la situación mundial, es suficiente hablar de la sucesión presidencial en Estados Unidos y las incoherencias en el manejo de un virus que cobra vidas y deja a más gobiernos en el desprestigio por causa de sus improvisaciones. Es moda burguesa afirmar que con Biden “se salvó la democracia”, lo que es demagogia pues se alistan los halcones a tomar el gobierno.

Si, con las elecciones en Estados Unidos, la innegable supremacía económica de China, la relevancia militar rusa y la crisis de estancamiento económico del mundo pasaron a segundo plano en los titulares de noticias y columnas de opinión, aunque el estancamiento depresivo por la crisis económica abarca al conjunto del mundo capitalista-imperialista se le deja de lado para hablar sólo de la pandemia.

Se pregona que luego del 6 de enero, cuando ocurrió el asalto al capitolio de Washington ejecutado por los supremacistas blancos incitados por Trump, esos titulares dejaron ver la “fragilidad de la democracia” burguesa de los yanquis, que le ocurre como a todos los imperios, al decir de Biden en su toma de juramento: “El clamor por justicia racial conmueve. Lleva cuatrocientos años. El sueño de justicia para todos no será postergado nunca más (…) Estados Unidos se enfrenta a ‘un aumento del extremismo político, la supremacía blanca, el terrorismo interno, que debemos enfrentar y venceremos”.

Esa frase lapidaria de Biden mezcla asuntos generados por la lucha de clases entre ricos y pobres, entre capital y trabajo, entre la metrópoli y las colonias y da la explicación a la falta de gobernabilidad, que Biden pretende resolver llamando a la “unidad de la nación”, pero es una unidad imposible, ya está generada la incurable grieta social y política del estallido social ocurrido en mayo-julio del 2020, luego del crimen de la policía de Minneapolis sobre la persona del afroamericano George Floyd, en hechos que aún tienen polarizada a la América del Norte.

En Colombia tenemos el reflejo de esa moda y ahora están cantando vítores Duque y Uribe porque ante el rey muerto, Donald Trump, hay un rey puesto, Joe Biden. Pero esas alegrías de políticos bananeros no conectan con la convulsionada realidad del poderoso país del norte.

Los uribistas andan temerosos porque Santos sacó ventaja, mientras Pacho Santos, embajador de Duque le hacía campaña a Trump, el ex presidente Santos tenía al afrocolombiano ex ministro de ambiente, Luis G. Murillo, metido en las huestes electorales de Biden y sigue con la imborrable ventajita de ser vasallo de rancia alcurnia; mientras que los visibles del Centro Democrático son un grupo de levantados de entre la mediocridad política y profesional, así como han sido militantes de la lambonería servil a los grandes monopolios como el grupo Aval de Sarmiento Angulo.

Gringos relevantes en la derrota de Trump con la candidatura de Joe Biden, son los expresidentes Obama, Clinton y Bush; el ex vicepresidente Cheney y el general de la “guerra del desierto contra Irak” y ex secretario de Estado Collin Powell, los recordamos porque en su política exterior, mostraron el estilo del Tercer Reich. Así se nos facilita entender qué significa para Biden elevar a Estados Unidos “como un faro para el mundo” y agrega que puede “recompensar el trabajo, reconstruir la clase media, garantizar seguro médico para todos. Podemos impartir justicia racial y hacer que América vuelva a serlo”.

Es cierto que la política interna de Trump hacia los inmigrantes, la población afro-americana y las organizaciones de izquierda y sociales hizo recordar las políticas internas de Hitler. Además, habría que agregar que la política interna de los aliados de Biden tampoco fue la antítesis de la de Trump, incluso, por momentos fue muy agresiva, pero sin la espectacularidad mediática trumpista, como ya se insinúa al examinar los comentarios sobre la trayectoria guerrerista y militarista de buena parte del gabinete de Biden.

Ya pasó ese período de relativa estabilidad de la supremacía de los gringos logrado cuando las teorías de la perestroika de Gorbachov hundieron la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas -URSS- y Rusia resucitó debilitada, siendo utilizada vulgarmente para ocultar los logros de la revolución bolchevique de Octubre de 1917 y pregonar el supuesto fracaso del socialismo, así como desarrollar otra modalidad de la guerra fría, que hoy inútilmente tratan de revivir con teorías como la “amenaza terrorista” y colocar señuelos contra pueblos que merecen toda nuestra solidaridad como Venezuela, Cuba, la República Democrática de Corea, Palestina, Libia o Irán, alimentar a peleles domésticos que copió Trump en su campaña al hablar de “castro-chavismo”, son prácticas que hoy ya no salvan a Estados Unidos de la profundización de su crisis económica que deja espacio al crecimiento deslumbrante de China.

Los resultados de la administración Trump dejaron mucho que desear pues no consiguió detener ni a China económicamente ni a la Federación Rusa en lo militar, ha vuelto el nerviosismo a las altas esferas del poder imperialista norteamericano y, hoy estamos ante la ausencia de una nueva industrialización de Estados Unidos y del freno a la migración masiva de esa población trabajadora latinoamericana que se yergue como una fiera contra la oligarquía financiera yanqui.

Biden tuvo un receso y pasó de, ex vicepresidente del afroamericano Obama, a presidente de la Unión con la afroamericana-hindú, Kamala Harris, como fórmula vicepresidencial, es una especie de “enroque étnico” y de género en los principales cargos de ese país en decadencia, que les permite hacer demagogia entre los migrantes, las negritudes y otros pueblos originarios del mundo. Asuntos de poca monta cuando Biden retoma el gobierno para tratar de corregir el rumbo que lleva al desastre a la ex primera potencia del planeta.

Trump es personaje de una facción derechista, conservador, racista-supremacista blanco, anticomunista, enemigo de toda posición democrática y de izquierda. Pero la izquierda no ha sido su único enemigo, los movimientos sociales y la juventud de origen popular desplegaron gran energía opositora a Donald Trump, enfrentaron su reelección sin negociar alianzas con la candidatura de Joe Biden y el Partido Demócrata. Quedan con plena autonomía para seguir creciendo y ganar batallas contra el nuevo inquilino de la Casa Blanca, que está al servicio del roll económico de los poderosos círculos financieros de Wall Street y el sionismo internacional.

Con la salida de Trump se derrotó a un personaje de linaje fascista muy al estilo clásico; sin embargo, Biden y quienes lo acompañan, también se asemejan en varios aspectos a los fundadores del fascismo. Pero no se salvó la democracia en el mundo, como grita la oligarquía, el planeta sigue amenazado por procesos de fascistización al interior de las principales potencias y en los países dominados por el poder del capital local asociado con los monopolios imperialistas.

Debemos seguir esperando victorias producto de las reacciones libertarias de los pueblos de Estados Unidos, Europa, Rusia, China, la India, África y nuestro continente, de los pueblos del mundo que luchan por la democracia y la libertad con ansias de batallas por la toma del poder político, sin limitarse a ser oposición.

* Profesor de la Corporación Aury Sará Marrugo y del CIEP. Compromisario del CSNCGM en la USO. Sección afro del MCP. eviveros1951@yahoo.com
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