El alucinante viaje de Joe Bonamassa

Mariano Muniesa*. LQS. Diciembre 2020

«Mi padre fue, además de guitarrista, comerciante de guitarras, así que las guitarras estaban siempre alrededor de la casa como parte de mi vida. Estaban por ahí como sillas o mesas, así que cada día las sentía como algo cotidiano en mi vida.» Joe Bonamassa

Dijo de ese muchacho larguirucho, débil, pálido y sin un solo rasgo en apariencia propio de los curtidos y duros talentos del blues BB King: “Será una leyenda antes de cumplir 25 años”. Era el año 1989 y Joe Bonamassa, con tan solo 12 años de edad, había dado su primer concierto, con entradas a 5 dólares como telonero del propio BB King.

De lo que ganó con ese concierto, recuerda que se compró una Super Nintendo y varios accesorios para su guitarra, más concretamente pastillas de la marca Joe Barden. Afirma que nunca siente nervios ni miedo en el escenario, – “Nunca me pone nervioso salir a escena. Todo lo contrario. Ese es mi elemento natural, es donde más relajado y feliz me puedo encontrar”- y en su primer concierto en 2009 en el Royal Albert Hall de Londres, Eric Clapton se subió al escenario con él y en cierta manera, en el imaginario colectivo esa noche quedó como una suerte de “paso de testigo” del dios del blues blanco a quien más o menos de manera implícita reconocía como su heredero, a pesar de que el propio Joe Bonamassa nunca lo ha querido reconocer así. “No, nunca he pensado tal cosa. Pienso que simplemente le gustaba el giro que yo le estaba dando al blues británico y sabía lo que significaba para mí actuar con él, así que accedió. La razón de que yo eligiera la guitarra y el blues de pequeño es él, es “mano lenta”, es Eric Clapton. Y Eric siempre ha sido muy generoso con otros músicos de blues. De hecho, apoyó a Freddy King en los 60 y a Muddy Waters en los 70. Él es el genio, nuestro maestro y yo solo intento seguir sus pasos”.

Este guitarrista neoyorquino de blues, alumno de Stevie Ray Vaughn y de otros maestros del blues como Duke Robillard, Danny Gatton, Robben Ford y por descontado, Eric Clapton, Joe Bonamassa, se ha consolidado en los últimos años no solamente como uno de los músicos de este género más admirados unánimemente por crítica y público pese a su juventud, sino como uno de los artistas de blues-rock contemporáneo más prolíficos en directo, con una media de 200 conciertos al año, y exactamente igual en estudio, pues desde 2009 raro es el año en el que no saca entre dos y tres discos, alternando duetos con artistas como Beth Hart, proyectos de grupos como Black Country Communion –donde compartió estrellato con el ex – Deep Purple Glenn Hughes, el hijo del batería de Led Zeppelin John Bonham, Jason Bonham y el prestigioso teclista Derek Sherinian- y diversas grabaciones en vivo.

Este verdadero “workalcholic” de la música, a quien tuve el placer de poder entrevistar en 2009 en mi breve paso por el proyecto Rockola FM mostrándose como alguien de una corrección y una profesionalidad exquisita, además de ser una persona sumamente afable, cordial y cercana, acaba de añadir una nueva muesca en la culata de su fusil; su nuevo álbum de estudio, «Royal Tea», ha llegado a las listas de Billboard esta semana con números récord, ya que el titán del blues-rock ha conseguido su 24º álbum número uno en la lista de blues de la legendaria y prestigiosa publicación, en la que también ha entrado con el número 7 en las listas de rock y el número 41 en el top general de los 200 álbumes de Billboard.

Al igual que los grandes músicos británicos de los 60 y 70 (Cream, Rolling Stones, Led Zeppelin, Jeff Beck, etc.) se apropiaron del blues al objeto de construir su personalidad musical para luego devolverles la gloria reivindicando a los grandes genios del blues negro americano a través de su éxito, ahora Joe Bonamassa en cierta manera hace el viaje de vuelta: este «Royal Tea», disco del músico de blues más grande de la escena estadounidense actual, ha sido grabado en los Abbey Road Studios de Londres con la declarada intención de impregnarse del british-blues, fuente básica de su formación como compositor y guitarrista, y de hecho su escucha –que recomiendo entusiásticamente a todo seguidor del mejor blues- nos deja el perfume de esencias que nos llevan inequívocamente a Led Zeppelin, Cream o John Mayall & The Bluesbreakers.El “british álbum” en estudio de Joe Bonamassa.

En esa entrevista de la que os hablaba en Rockola FM, recuerdo que al preguntarle como alguien tan acostumbrado al directo afrontaba pasarse entre cuatro y seis semanas tocando enfrente de una mampara de cristal con un técnico de sonido delante, me hablaba de lo importante que siempre ha sido para él la elección del estudio adecuado en cada momento. Pocas dudas caben de cómo el entorno influye en la orientación que imprime a sus discos cuando se escucha su «Blues Of Desperation» de 2016 y se conoce el dato de que Nashville y la “créme de la créme” de su escena musical fueron protagonistas de ese trabajo. “Donde grabas un álbum, ese lugar deja una huella en la música que haces en ese momento”, señala. “Este álbum también es una instantánea”.

De hecho, el personal del que se ha acompañado para esta grabación indudablemente han ayudado a darle ese toque “british blues” a este álbum, ya que al repasar la nómina de músicos que han coescrito con Bonamassa «Royal Tea», nos encontramos con el ex guitarrista de Whitesnake Bernie Marsden, el ex letrista de Cream Pete Brown y el pianista Jools Holland, un tesoro nacional del rock británico. Importante rol ha jugado también desde la producción Kevin Shirley –famoso por sus trabajos con Iron Maiden- quien ha sabido llevar tanto al propio Joe Bonamassa como a su banda, que en esta ocasión está formada por Anton Fig (batería), Michael Rhodes (bajo) y Reese Wynans (teclados) a ese sonido, a esa influencia y a esa atmósfera blues rock de pura raigambre británica.

Mucho más de lo que yo les pueda decir en este artículo, escuchar y degustar este «» es lo que les va a dar la verdadera medida de la calidad, la sensibilidad y el respeto por esa tradición musical que Bonamassa plasma en los microsurcos de cada una de las canciones que componen este trabajo. Abriendo con una sección de cuerda orquestal, «When One Door Opens» combina esa barroca introducción con un riff denso, recargado, hardrockero en el que sorprende en algunos pasajes esos fuzzed-wah tan bien colocados. En esa misma línea se sitúa el que da título al disco, «Royal Tea», con esas maravillosas ráfagas de Hammond de Reese Wynans y que conforma, junto a la pieza anteriormente citada, las canciones en las que se hace más evidente la huella británica de este álbum. Sin perjuicio de que en «High Class Girl» Bonamassa vuelva al blues americano más tradicional, que en «Lonely Boy»profundice en esas mismas raíces o que en «Beyond The Silence» se mueva metamorfoseante entre lo acústico y lo eléctrico.

Alguien con el bagaje, la trayectoria y la cultura musical de Joe Bonamassa es muy raro que defraude, aunque siempre pueda existir la excepción que confirme la regla. Con «Royal Tea», créanme, la excepción a la regla se antoja muy, muy lejana todavía.

Página oficial de Joe Bonamassa

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* Nota original del diario “La Región”

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