El blues tuvo un hijo…

Mariano Muniesa*. LQS. Marzo 2021

… y le llamaron serpiente blanca

Escuchando con calma, atención y el teléfono móvil apagado este trabajo, lo cierto es que además de apreciar el magnífico trabajo que se ha hecho desde el punto de vista técnico, en cuanto a remezcla, masterización y producción de este álbum

Whitesnake, el grupo que formó en un primer momento David Coverdale como proyecto para lanzarse como cantante en solitario tras la disolución final de sus Deep Purple en 1976, pero que poco tiempo después y ante la entidad de muchos de los músicos que entraron en el proyecto, como sus ex compañeros de la púrpura Jon Lord (teclista) e Ian Paice (batería) se conformó como un grupo más que una banda de acompañamiento para su vocalista, se hizo extraordinariamente popular y conoció, al menos en su fase más primaria, un prestigio y una fama muy grandes entre 1980 y 1984, coincidiendo con lo que fueron los años de gloria de la New Wave Of British Heavy Metal, fenómeno musical al cual nos hemos referido en otras ediciones de estos “papeles”.

Sin embargo, Whitesnake, aunque coincidieran en tiempo y espacio, incluso generacionalmente con Judas Priest, Saxon, Iron Maiden o Girlschool, musicalmente nunca encajaron del todo en el standard de la NWOBHM, por un elemento diferencial sumamente importante: su conexión con el blues, en especial si se quiere con el blues más clásico, el que inspiró a Eric Clapton, Jeff Beck o los Rolling Stones.

Aun cuando si se escuchan los álbumes de Whitesnake de aquellos años obviamente y por una influencia nunca negada y bien asimilada del heavy metal, la banda se escora hacia esa sonoridad dura, con guitarras recargadas, bases de ritmo muy sólidas y melodías de voz en tonos muy altos, el blues, la cadencia blues y esa especialísima huella que la música de la población negra desheredada del sur de los Estados Unidos dejó en el rock, se deja ver de manera muy destacada en el estilo y en muchas de las canciones de Whitesnake, tanto en sus comienzos como en la época de finales de los 80, la época en la que el propio Coverdale se llamó años después a sí mismo, con una graciosa y loable ironía, “un árbol de navidad”, por el exceso de laca en el pelo, adornos y vestuario acicalado que caracterizó su periodo de 1987 a 1990.

Por ello, me parece sumamente acertado y coherente con la experiencia, la trayectoria y la cultura musical de un cantante de la categoría de David Coverdale, que dentro de esa magnífica idea de editar un triple recopilatorio con lo mejor de la trayectoria reciente de Whitesnake dividido en tres temáticas diferentes, dedique el último disco de esa trilogía al blues, por cuanto ha sido una influencia básica, un pilar fundamental de su historia a lo largo de toda su vida en la música.

Para quienes tengan un conocimiento simplemente superficial de lo que significa este lanzamiento, pongámonos en antecedentes: a finales de 2019, se anuncio que Whitesnake editarían por partes un triple álbum recopilatorio llamado ‘Red, Hot & Blue’ que compilaría sus mejores canciones, remasterizadas y mejoradas técnicamente agrupándolas por temáticas. El álbum “Rojo” (“Red”), el color de la pasión, reuniría las canciones de amor, las baladas más románticas y pasionales, género del que Whitesnake siempre han sido unos magníficos cultivadores –recuérdense baladas tan famosas como “Is This Love?”-el álbum blanco (“White”) recogió los rocks más duros y guitarreros de la serpiente blanca, tales como “Restless Heart” o “Still The Night” y ahora, dándole la relevancia y la entidad merecida al blues en su lenguaje musical, aparece el disco dedicado a aquellas canciones que le han dado a Whitesnake un sello de identidad más claro con Memphis, Austin o Chicago, o si se quiere, con el legado de Muddy Waters, Howlin’Wolf o Robert Johnson.


En febrero se ha puesto a la venta ese «Whitesnake The Blues Album», esas 14 canciones en las que el blues es el elemento común a todas esas composiciones. Canciones que han sido revisadas, remezcladas y remasterizadas para ofrecer a los fans de la banda, en las propias palabras de su líder, “la mejor experiencia sonora para sentir el blues en Whitesnake”. El recopilatorio se edita en formato digital, CD y doble vinilo azul, para los coleccionistas de memorabilia rockera.

David Coverdale dice, en relación con este disco: “Es difícil encontrar las palabras que puedan reflejar con precisión cuán profundamente se conectó el blues con mi alma. “Blues” es para mí es una hermosa palabra que describe todo lo que significa una expresión emocional: el blues son sentimientos, ya sean sentimientos de tristeza, soledad, vacío… ¡pero también aquellos que expresan alegría, celebración y fiesta, cantar y bailar, sensualidad y amor!».

La lista de canciones de «The Blues Album» es una mezcla de éxitos que por un lado hicieron mella en las listas de éxitos de su época y por otro, cortes más profundos que aparecieron en los álbumes de Whitesnake desde «Slide It In» de 1984 hasta «Forevermore» de 2011 junto con “River Song”, del álbum en solitario de 2000 de David Coverdale, «Into The Light». Alguna de las que más llamarán la atención a los seguidores del grupo, “Slow And Easy”, “Woman Trouble Blues”, “Whippin’ Boy Blues” o “Crying In The Rain”.

Escuchando con calma, atención y el teléfono móvil apagado este trabajo, lo cierto es que además de apreciar el magnífico trabajo que se ha hecho desde el punto de vista técnico, en cuanto a remezcla, masterización y producción de este álbum, lo que personalmente más me ha gustado y he agradecido, motivo por el cual me ha parecido buena idea recomendar a todos ustedes la adquisición de este disco, es que obviamente con la inevitable puesta al día del sonido del grupo y sin tratar de desnaturalizar su esencia más puramente hard rock, estas canciones son un magnífico ejemplo de cómo el blues no solamente dio toda su base musical y vivencial al rock, sino que lo nutrió de sentimiento, de soplo emocional vital, de fuerza creativa.

“El blues tuvo un hijo, y le llamaron Rock’n’Roll”, Johnny Winter dixit.

Cierto que la sentencia no por repetida ha dejado de tener sentido. Abriendo la tercera década del siglo XXI, más allá de los grupos que en especial desde Estados Unidos, caso de Blackberry Smoke, Tyler Bryant & The Shakedown, Dirty Honey o The Cadillac Three han hecho de esa adhesión al blues más arraigado en sus orígenes su seña de identidad más característica, este espíritu, este mensaje, esta actitud, esta forma de entender y vivir la música, sigue presente en los más grandes, que han llegado a serlo precisamente por hacer suya la esencia blues, tal y como hizo David Coverdale incluso mucho antes de crear Whitesnake, sino en su época como cantante en la etapa final de Deep Purple con temas como “Might Just Take Your Life” o “Mistreated”. Exactamente igual que Brian Jones, John Mayall o Eric Clapton en los años 60, o Jimmy Page, Rory Gallagher, Gary Moore o Steve Marriott en los 70.


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