El conflicto vasco: no a la extradición de Asier Guridi Zaloña

Hace unos días, se reunían los presidentes de los países más ricos, poderosos e influyentes para asistir al funeral de Nelson Mandela. Los grandes medios de comunicación exaltaron su legado de paz y reconciliación, olvidando o mencionando en letra pequeña su papel en la fundación de  Umkhonto we sizwe (Lanza de la Nación), brazo armado del ANC, que utilizó el sabotaje y el coche bomba para combatir el régimen racista de Pretoria. Mandela nunca pidió perdón por las acciones violentas cometidas en la lucha contra el apartheid, pues entendió que eran necesarias para la liberación de su pueblo. En el caso de Euskal Herria, se tiende a presentar un conflicto real, profundo, de largas raíces históricas y pendiente de resolución como una confrontación terrorista e irracional contra un impecable Estado de Derecho. Asier Guridi Zaloña, militante de las Gestoras Pro Amnistía y colaborador de Jarrai, no es un negro sudafricano en la era del presidente supremacista blanco  Pieter W. Botha,  pero ha conocido el aislamiento, la tortura, las amenazas de muerte, la dispersión penitenciaria y el acoso policial. Condenado a diez años por la Audiencia Nacional, huyó a Venezuela tras pasar un lustro entre rejas, soportando vejaciones, palizas y malos tratos. Durante una década, vivió como un refugiado, pero el pasado 20 de septiembre se le detuvo en una operación organizada por la policía española y la policía francesa en colaboración con el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN). El 7 de diciembre recobró la libertad, pero se ha puesto en marcha un proceso de extradición, lo cual significaría volver a caer en manos del Estado español, condenado por torturas en varias ocasiones por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y con una independencia judicial casi inexistente, según han denunciado varios juristas nacionales e internacionales.

La tortura en Euskal Herria: el caso de Asier

Al amparo de la legislación terrorista (Ley Orgánica 9/1984), que contempla un período de incomunicación de cinco días prorrogables hasta trece, el Estado español ha convertido la tortura en un método rutinario contra los independentistas vascos. En ese tiempo, el detenido no puede hablar con un abogado ni con un médico de su elección y ni siquiera su familia es informada de su paradero. La Fundación Euskal Memoria estima que cerca de 10.000 vascos han sido torturados en los últimos 50 años. Sólo entre 1978 y 1988 se detuvo a 7.370 y el 40% denunciaron torturas. Desde entonces, se han producido otros 1.700 casos. El Comité para la Prevención de la Tortura de Naciones Unidas consideró que era “creíble y consistente” el testimonio de Beatriz Etxebarria, que denunció haber sido violada anal y vaginalmente en 2011 en los calabozos de la Dirección General de la Guardia Civil en Madrid. “La barra”, “el quirófano”, “el potro”, “el misionero”, “la bañera”, “la bolsa”, “las flexiones” o la privación de sueño son algunas de las formas de tortura que emplean las Fuerzas de Seguridad del Estado. Sólo algunos casos salen a la luz por temor a las represalias. Martxelo Otamendi, director de Euskaldunon Egunkaria, soportó el espanto de la tortura cuando fue detenido en 2003 con otras diez personas. Al obtener la libertad condicional, Otamendi habló ante los medios de comunicación. Agotado, sucio y notablemente desmejorado, afirmó: “Si a Joan Mari Torrealdai, que es una eminencia de la cultura vasca, con 60 años, le han apaleado como le han apaleado, si a mí me han aplicado dos veces la bolsa, qué no harán con un joven o con una persona mayor que no tiene la capacidad de poder reunir, como yo, como Egunkaria, a tantos medios de comunicación, y cuyas denuncias de torturas quedan absolutamente en el olvido”. El caso de Asier Guridi Zaloña nos ayuda a hacernos una idea del viacrucis de los presos políticos vascos. Asier fue apresado el 15 de diciembre de 1992, después de que la Guardia Civil detuviera en un puesto de control a uno sus amigos y lo sometiera a la tortura de “la bañera”.

Asier fue interceptado cuando salía de su casa. Durante el traslado al cuartel Antiguo de la Guardia Civil de Donostia, sufrió los primeros golpes. Se le concedieron cinco minutos “para confesar” y enseguida comenzaron las torturas. Le sumergieron la cabeza en la misma bañera que había servido para torturar a su amigo y le advirtieron que Mikel Zabalza había muerto ahogado en ese mismo lugar. Después de unos minutos, Asier no pudo contener más la respiración y empezó a tragar agua, pensando que al menos la autopsia revelaría que había muerto torturado en las dependencias de la Benemérita. El interrogatorio continuó con la bolsa, descargas eléctricas, golpes, vejaciones, amenazas de detener a su familia y torturarla en su presencia o de hacerle desaparecer en el monte, con un tiro en la cabeza. Posteriormente, el juez ordenó su incomunicación. Durante los cinco días en la Dirección General de la Guardia Civil en Madrid, las torturas prosiguieron. Se le coaccionó una y otra vez para que se incriminara con declaraciones falsas y cuando al fin compareció ante Baltasar Garzón, juez de la Audiencia Nacional, el magistrado ignoró su testimonio sobre las torturas sufridas, con una mezcla de desdén, indiferencia y abierta complicidad.

La conciencia política de Asier Guridi empieza a esbozarse cuando contempla a la Guardia Civil deteniendo a su profesor de música en Oñati. De joven, casi adolescente, se implica en los movimientos vecinales y en 1988 su conciencia cívica se transforma en compromiso político: milita en las Gestoras Pro Amnistía, colabora con Jarrai, participa en las protestas contra la Autopista de Leizaran y el cierre del diario Egin. Tras su detención y condena, sufre la dispersión penitenciaria, pasando por los penales de Valdemoro, Ceuta y Cádiz. Los malos tratos son continuos y notorios. En 1996, Nigel S. Rodley, Relator Especial de Naciones Unidas menciona en un informe la agresión sufrida en el penal de Ceuta, cuando varios funcionarios le golpean a la vez, provocándole una lesión ocular. Cuando regresa a Oñati con la libertad condicional, la policía le hostiga sin descanso, provocándole un cuadro de ansiedad y depresión. Por fin, Asier decide exiliarse a Venezuela, donde conoce a María Alejandra y tiene un hijo, Iban.

 Plan ZEN (Zona Especial Norte)

La incomprensión que suscita el conflicto vasco surge del desconocimiento o de la manipulación. Son muy pocos los que conocen la magnitud de la tortura como herramienta del Estado español para combatir el independentismo. Las cifras nos acercan al Chile de Pinochet o la Argentina de Videla. En 1983, el gobierno de Felipe González aprueba el Plan ZEN (Zona Especial Norte), un documento de once capítulos basado en las técnicas de contrainsurgencia impartidas en Fort Bragg, una base militar norteamericana situada en Carolina del Norte. Estados Unidos entendió que el movimiento revolucionario vasco de liberación nacional constituía una amenaza para su doctrina de seguridad nacional. El documento, que sería la base de la Ley Antiterrorista de 1984, pretendía establecer un estado de sitio encubierto, abordando todos los frentes: político, social, legal y policial. El plan era un ataque sistemático contra el independentismo que combinaba la guerra psicológica y la represión policial. El objetivo era dividir a la sociedad, fomentando la confrontación entre las fuerzas políticas de orientación soberanista, atribuyendo los éxitos policiales a la colaboración ciudadana (incluso cuando no fuera cierto) y captando a periodistas e intelectuales para desacreditar a la izquierda abertzale con intervenciones en los grandes medios de comunicación. El plan ZEN habla de “romper la solidaridad comunitaria en el seno de la sociedad civil por todos los medios disponibles: comunicación, presión social…”. La campaña mediática debe reflejar los conflictos internos de la izquierda abertzale, incitando “el desprecio” hacia sus “ideologías extrañas” y sus “costumbres criticables”. No es necesario que las noticias se correspondan con la realidad: “Basta que la información sea creíble para que pueda ser explotada”. Se elogiará, en cambio, a las Fuerzas de Seguridad del Estado, “incluso con publicidad pagada en los medios dispuestos a difundirla”, y se impulsará “la difusión de noticias falsas” y el “empleo de una semántica” que vitupere la insurgencia independentista. Además, se subvencionará “un buen folleto, La Verdad sobre la Nueva ETA, con opiniones de vascos, líderes en la política, el arte, la cultura, la economía”, donde “se ponga en evidencia: el daño que están provocando al pueblo vasco; la incompatibilidad con los valores tradicionales vascos; su desvinculación de la antigua ETA; la historia delictiva de los últimos años. Todo muy ilustrado y atractivo, con ediciones en castellano, euskera y francés, y procurando una distribución masiva”. Todas estas medidas se reforzarían con una presencia policial masiva en pueblos, ciudades y principales vías de comunicación. En los ochenta, Euskal Herria, con algo más de dos millones de habitantes, contaba con 12.000 agentes del Cuerpo Nacional de Policía y la Guardia Civil, 6.300 ertzainas y 2.000 locales o municipales, lo cual significaba un porcentaje de 1 policía por cada 10 habitantes.

Luis María Anson, director del ABC en esas fechas, reflejó el espíritu del Plan ZEN en un artículo elocuente: “Frente al desafío independentista, hay que trazar un plan profundo y meditado a corto, medio y largo plazo. Hay que instrumentar, dentro siempre de los límites del Estado de Derecho, una operación global en sentido contrario a la que han padecido los vascos. Hay que dedicar, durante dos o tres décadas, muchos miles de millones de pesetas anuales a financiar un plan que se extienda desde el tebeo, hasta los seriales de televisión, desde la ‘ikastola’ a la cátedra universitaria, desde el peonaje al empresariado, desde la divulgación popular a la investigación científica, desde los servicios de inteligencia a los engranajes más sutiles de las Fuerzas de Seguridad. La Historia, la verdad y la razón están con la unidad de España, de la que celebraremos en muy poco tiempo el V Centenario. Y es necesario penetrar los tejidos todos del pueblo vasco, de forma sistemática, estudiada y bien financiada, con su gran verdad histórica del ser español, para reconstruir el lecho común de la patria” (21 de marzo de 1985). Es inevitable no leer estas palabras y recordar el agresivo discurso de José María de Areilza en Bilbao el 8 de julio de 1937: “Que quede esto bien claro: BILBAO CONQUISTADO POR LAS ARMAS. Nada de pactos y agradecimientos póstumos. Ley de guerra, dura, viril, inexorable. Ha habido ¡vaya que si ha habido Vencedores y Vencidos!; ha triunfado la España, una, grande y libre; es decir, la de la FALANGE TRADICIONALISTA. Ha caído vencida para siempre esa horrible pesadilla siniestra y atroz que se llamaba Euzkadi”.

El derecho de autodeterminación

Al igual que Quebec, Escocia, Palestina, Córcega o Irlanda del Norte, Euskal Herria quiere ser una nación soberana. No se trata de regiones, sino de países con una lengua propia, una historia diferenciada, una cultura específica y, en mayor o menor grado, una experiencia de opresión. En una encuesta publicada en 2001 en Paris-Match, el 43% de los franceses se mostraba partidario de la independencia corsa. En Quebec y Escocia se mantiene una larga disputa que actualmente discurre por cauces exclusivamente pacíficos y democráticos. Palestina es un Estado ocupado. En 2012, la Asamblea General de Naciones Unidas reconoció su condición de “Estado observador no miembro”. Eso no ha impedido que el Estado de Israel continúe aplicando la “limpieza étnica” en Cisjordania y un silencioso genocidio en Gaza, la mayor cárcel al aire libre del planeta. Los Seis Condados de Irlanda del Norte siguen perteneciendo al Reino Unido, pero destacadas figuras del IRA Provisional como Gerry Adams (presidente del Sinn Féin) o Martin McGuinness (actualmente viceministro del gobierno autónomo) ocupan cargos públicos y la organización armada renunció a su actividad militar en 2005. ETA anunció un alto el fuego definitivo el 20 de octubre de 2011. Sin embargo, el Estado español prosiguió con su política represiva. La ilegalización de Herrira, un colectivo que defendía pacíficamente los derechos los presos políticos vascos, revela un talante revanchista e intolerante que contrasta con la voluntad negociadora de la izquierda abertzale. La extradición de Asier Guridi Zaloña sólo añadiría más sufrimiento a un conflicto que demanda una solución democrática. Venezuela debe conceder a Asier el derecho de asilo, demostrando al mundo que la Revolución bolivariana preserva el legado moral y político de Hugo Chávez. No hay ninguna razón democrática para oponerse a una Euskal Herria libre, independiente y soberana. Sólo el pueblo vasco puede elegir legítimamente su futuro. Hasta que se le reconozca y se le  posibilite el ejercicio de este derecho, los exiliados vascos deberían disfrutar de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de Naciones Unidas. Espero que Asier pueda permanecer al lado de María Alejandra e Iban, lejos de las autoridades españolas, que aún promueven y encubren la tortura y los tratos inhumanos y degradantes. En un famoso Manifiesto contra la Tortura firmado –entre otros- por Gabriel García Márquez, José Saramago y Eduardo Galeano se nos recuerda que “la tortura no sólo es una práctica cruel, sino que construye además todo un sistema de terror y coerción sociales. Su último objetivo es humillar y deshumanizar a las comunidades en las que se aplica, destruir sus vínculos de solidaridad, vaciar su confianza en sí mismas y liquidar su voluntad colectiva”. Asier ya ha conocido ese infierno. No toleremos que vuelva a la rueda del verdugo. La solidaridad entre los pueblos debe prevalecer sobre un imperialismo que ya no se atreve a pronunciar su propio nombre, inventando nuevas expresiones como “globalización” o “nuevo orden mundial”. La independencia de Euskal Herria no es un atavismo o una reivindicación provinciana, sino un paso hacia ese porvenir utópico donde los pueblos recuperan su soberanía y se liberan de un poder cada vez más global, opaco y antidemocrático.

* Publicado en “Into The Wild Union”

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