El Corán en una mano y el Kaláshnikov en la otra

Por Guadi Calvo*. LQSomos.

En la provincia de Khunduz, al norte del país, con un millón de personas, se encuentra uno de los más números conglomerados de la minoría étnica hazaras de mayoría chií, alrededor de 60 mil personas. Los hazaras, han sido uno de los blancos preferidos de grupos fundamentalistas, por ser considerados heréticos…

A dos meses de la caída de Kabul, el Talibán, ahora, enfrenta a un enemigo, que quizás sea mucho más duro que la coalición internacional que los desplazó del poder en el 2001, la que acaba de retirase derrotada. Ahora los mullah, deben resolver la vida de 37 millones de almas, que han quedado en algo así como una como un limbo. Donde nada está definido. Nadie sabe ni siquiera, si pueden seguir vistiendo a la occidental, o deben recurrir al burka, las mujeres y a la camisa larga y el pantalón amplio del tradicional shalwar kameez, los hombres.

Pero eso es casi intrascendente, aunque un error en el atuendo puede significar, sino la muerte, castigos físicos e incluso la cárcel. La cuestión ahora, es comer, ya que el invierno avanza, duro cómo siempre y la sequía ha sido demoledora. Por lo que los mullah, se han dado cuenta que tienen que conversar con el resto del mundo, lo que incluye a los Estados Unidos, a China y a Rusia, para conseguir que su país detenga su caída, hacia el infierno del hambre y el desgobierno.

Más allá de las estrategias macro económicas, entrar en el juego internacional del crédito, la deuda, las ayudas “humanitarias” y esos largos y trágicos etcéteras, el mullah Abdul Ghani Baradar, la máxima autoridad política y el mullah Hibatullah Akhundzada cómo líder religioso del nuevo Emirato Islámico de Afganistán deberán aceptar que sólo con el Corán y la Kaláshnikov no basta. No solo para resolver las cuestiones económicas y humanitarias, sino también dos conflictos en ciernes, que se pueden profundizar: la guerra que le han declarado el Daesh Wilāyat Khorasan, el capítulo centro asiático de Daesh Global y la cuestión con Tayikistán, es el país más pequeño y el más pobre de Asia Central. con una frontera común muy caliente de más de 1400 kilómetros.

El viernes 15 de octubre se registró un nuevo atentado contra la mezquita de Emam Bargha Ptima, de la comunidad chiita en la ciudad de Kandahar. Un atacante suicida o shahid (testigo o mártir), se inmoló matado a 32 personas e hiriendo a otras 45. La minoría chií en Afganistán representa entre el 15 y el 20 por ciento de la población.

Al igual que el viernes, el día sagrado para el islam, el anterior viernes 8, mientras se desarrollaba la oración del mediodía o duhur (mediodía) en la mezquita Gozar-e-Sayed Abad, de la comunidad chií, en el distrito de Khanabad, de la ciudad de Khunduz, capital de la provincia del mismo nombre, un shahid se detonó matado a cerca de cien fieles. El templo se encontraba pleno de gente por tratarse de la plegaria más importante de la semana. Rápidamente el Daesh Wilāyat Khorasan (DWK), se adjudicó el atentando.

En la provincia de Khunduz, al norte del país, con un millón de personas, se encuentra uno de los más números conglomerados de la minoría étnica hazaras de mayoría chií, alrededor de 60 mil personas. Los hazaras, han sido uno de los blancos preferidos de grupos fundamentalistas, por ser considerados heréticos. Además, esa provincia también cuenta con una gran población de etnia uzbeka, la más numerosa del país después de la pastún, que han sido reclutados de manera coercitiva por el Daesh, aliado de la organización terrorista Movimiento Islámico de Uzbekistán.

El DWK, que opera desde 2015 en Afganistán, ha realizado infinidad de ataques de estas características incluso en Kabul, uno de los más notorios y recientes que ejecutó el pasado 26 de agosto fuera del aeropuerto internacional Hamid Karzai de la capital afgana, que habría dejado unos 182 muertos. 169 civiles que esperaban para poder embarcar algún vuelto que los sacara del país, y trece militares estadounidenses, a cargo de la seguridad interior de aeropuerto, además de 150 heridos. (Ver: Los nuevos salvajes). Tras ese ataque el Daesh, pasó la inacción hasta el pasado El 18 de septiembre, en que, reanudando sus operaciones, realizando veintidós ataques en once días, centradas contra el nuevo gobierno del talibán y civiles.

El día tres de octubre el Daesh, atacó en la mezquita de Eid Gah, Kabul, mientras se realizaba una ceremonia por la muerte de la madre de un líder del Taliban, el estallido de un coche bomba dejó cinco muertos y once heridos. Un ataque similar se había producido el seis de este mes contra una madraza (escuela coránica) en la provincia de Khost, al sureste del país, en el que al menos murió una persona y otras quince resultaron heridas.

Intentando neutralizar las acciones del Daesh, la comandancia del Taliban, ha iniciado un minucioso rastreo entre sus partidarios ya que se cree que algunos de sus muyahidines, han comenzado a operar a favor de la organización fundada en 2014 por Abu Bakr al-Baghdadi, prefiriendo una interpretación todavía más extrema del Corán.

Se cree que el emir regional del Daesh, que sería conocido como al-Muhajir, habría logrado seguir ocultando su verdadera identidad, e incluso operando dentro de la estructura del talibán. Según hombres de la seguridad del anterior gobierno afgano al-Muhajir, habría mantenido una reunión con el subjefe de inteligencia del talibán, el mullah Tajmir Jawad, sin que este se diera cuenta de que estaba frente a uno de los hombres más buscados del país. En respuesta a estos ataques el talibán durante las últimas semanas ha generado bombardeos contra los refugios del Daesh, particularmente en la provincia de Nangarhar, junto en la frontera con Pakistán.

La presencia de una khatiba del Daesh, en un Afganistán gobernado por el talibán, sin duda beneficia a los Estados Unidos, ya que, de alejarse demasiado los mullah del camino trazado por Washington, podría utilizar a este grupo, para controlarlos.

La frontera ardiente

Desde principios de octubre las tensiones entre Tayikistán y Afganistán han ido en aumento, al punto que tanto Pakistán como Rusia, han llamado a los gobiernos a disminuir las tensiones, antes que estalle un conflicto armado.

Desde la victoria del Talibán a mediados de agosto, el presidente tayiko Emomali Rahmon, a diferencia de Shavkat Mirziyoyev el presidente de Uzbekistán, que se ha comprometido, con el nuevo gobierno del emirato afgano, ha mantenido una política distante. Siendo en único país de la región que ha anunciado que no tienen la intención de reconocer al nuevo gobierno de Kabul.

El presidente Rahmon, reiteró en varias oportunidades, lo dicho en su discurso de la Asamblea General de Naciones Unidas del pasado 23 de septiembre acerca de la necesidad de un gobierno afgano, “inclusivo” además de referirse a que el ascenso de los mullah significaba una complicación para el ya complejo proceso geopolítico de la región, temiendo que Afganistán se convierta en un santuario para el terrorismo internacional, agregando que: “El hecho de que los talibanes no hayan cumplido sus promesas anteriores de formar un gobierno integral con la amplia participación de las fuerzas políticas y étnicas afganas es un motivo de grave preocupación”. Además de Rahmon, ya ha asistido a dos desfiles militares en la región de Darvoz el 27 de septiembre y en Khorog el día treinta de septiembre. En la frontera con Afganistán, Dusambé ya desplegó 20 mil soldados más a las dotaciones permanentes, además de haber realizado ejercicio de guerra en todo el país, en la que participaron 230 mil efectivos.

Dichas declaraciones produjeron la respuesta de los dos viceprimeros ministros del talibán, los mullah Abdul Ghani Baradar y Abdul Salaam Hanafí, que advirtieron sobre una “nación vecina” que intenta entrometerse en los asuntos de Afganistán. Mientras que uno de los jóvenes más prominentes del nuevo emirato afgano, Inamullah Samangani, que en su cuenta de Twitter el pasado 29 de septiembre, refiriéndose concepto de democracia del presidente Rahmon, señalando que: “Ha sido presidente durante 27 años, tal vez lo sea durante otros seis, o incluso más”.

La grave de la situación se incrementa tras los rumores de que posiblemente los jefes del Frente de Resistencia Nacional de Afganistán, la única fuerza anti talibán con epicentro en la provincia de Panjshir: Ahmad Massoud y Amrullah Saleh, huyeron a Tayikistán a finales de septiembre. (Ver: Panjshir, ¿la última batalla del Talibán?) Lo que incrementa la presión fronteriza.

El pasado cuatro de octubre, se conoció que los muyahidines afganos, había asesinado a un ciudadano afgano que intentaba cruzar a Tayikistán, en el trascurso de una operación en la que se intentaba localizar a personas provenientes del valle de Panjshir, epicentro de la resistencia de Massoud, que procuraban llegar a Tayikistán.

El conflicto con el talibán, deberá ser observado con mucho cuidado por el presidente Emomali Rahmon, ya que en su país opera el grupo integrista Jamaat Ansarullah, fundado en Afganistán por el tayiko Amriddin Tabarov en 2010 y que ha lanzado diversos ataques contra Tayikistán, que cuenta con una población de diez millones de personas, en su totalidad musulmanes.

Si bien es improbable que estalle un conflicto armado entre esas dos naciones, ya que Rusia, está interviniendo muy diplomáticamente con Kabul y tiene una fuerte alianza con Dusambé, por lo que la diplomacia del presidente Vladimir Putin está interviniendo fuertemente en atenuar el conflicto. Aunque para los Estados Unidos, no sería una mala noticia el estallido de una guerra “tan lejana”, donde los guerreros sostengan el Corán en una mano y el Kaláshnikov en la otra, pueda volver a alcanzar.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional

Afganistán – LoQueSomos

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