El derecho de autodeterminación de Cataluña y la postura de la izquierda

Mikel Itulain*. LQS. Mayo 2019

Acusar a los partidarios de la libertad de autodeterminación, es decir, de la libertad de separación, de que fomentan el separatismo es tan necio e hipócrita como acusar a los partidarios de la libertad de divorcio de que fomentan el desmoronamiento de los vínculos familiares

Podemos oír frecuentemente que la decisión de los catalanes de determinar ellos y no otros su rumbo político es una acción insolidaria. Que deben permanecer en la unidad de España para de ahí «todos unidos» cambiar las cosas.
La respuesta para una mente libre y honesta, que abundan poco, es clara. Nadie es insolidario por ser él mismo y tomar sus decisiones, sea una persona o un pueblo.
Tampoco podemos esperar demasiado del Reino de España, donde la desigualdad social y la pobreza son males históricos, no solo del momento presente, y que derivan de su modo de ser y organizarse. La libertad y la tolerancia siempre fueron y son perseguidas. Para ocultar la dura y flagrante realidad a los presos políticos se les denomina «políticos presos», que son ciertamente políticos que han sido encarcelados o han tenido que huir por motivos políticos. Aunque el carácter inquisitorio de este país quiera obligar a no utilizar estas palabras que bien definen lo que sucede y por eso deben ser ocultadas. 1
Veamos ya si desde un punto de vista solidario, que debería ser propio de la izquierda, si debe apoyarse ese derecho a la autodeterminación. Quien mejor nos lo expone es el rigor en estos asuntos de Lenin, prestemos atención.
El fin del sistema medieval viene de la mano de la creación de nacionalidades, con el propósito de poder actuar de forma viable, tanto económica, social o políticamente. De ahí vinieron las revoluciones burguesas y las mayores revoluciones, como la rusa, la china o la cubana años después.
Aquella nación que no permite que otras puedan ejercer los derechos que tiene ella, actúa como opresora. El deber de la solidaridad es apoyar aquí a los oprimidos, con los que no hay por qué coincidir en otros supuestos políticos o económicos.

Por cuanto la burguesía de una nación oprimida lucha contra la opresora, nosotros estamos siempre, en todos los casos y con más decisión que nadie, a favor, ya que somos los enemigos más intrépidos y consecuentes de la opresión. Por cuanto la burguesía de la nación oprimida está a favor de su nacionalismo burgués, nosotros estamos en contra. Lucha contra los privilegios y violencias de la nación opresora y ninguna tolerancia con el afán de privilegios de la nación oprimida. 2

Lenin, ruso él, advertía sobre el daño y peligro de un nacionalismo ruso tan intolerante y feudal que no permitía que se creasen otras nacionalidades, como Polonia. Y acusaba, con razón, a Rosa Luxemburgo de oponerse a tal, porque como exponía el pensador si había un freno real al desarrollo de la democracia y de los derechos del proletariado era ese nacionalismo hegemónico.

Llevada de la lucha contra el nacionalismo en Polonia, Rosa Luxemburgo ha olvidado el nacionalismo de los rusos, aunque precisamente este nacionalismo es ahora el más temible; es precisamente un nacionalismo menos burgués, pero más feudal; es precisamente el mayor freno para la democracia y la lucha proletaria. En todo nacionalismo burgués de una nación oprimida hay un contenido democrático general contra la opresión, y a este contenido le prestamos un apoyo incondicional, apartando rigurosamente la tendencia al exclusivismo nacional, luchando contra la tendencia del burgués polaco a oprimir al hebreo, etc., etc. 2

Y aquí viene una pregunta pertinente y honda en su sentido: ¿Puede ser libre un pueblo que oprime a otros pueblos? La respuesta es diáfana, no deja lugar a las dudas, tanto si lo miramos desde un punto de vista práctico como teórico.

Los intereses de la libertad de la población rusa exigen que se luche contra tal opresión. La larga historia, la secular historia de represión de los movimientos de las naciones oprimidas, la propaganda sistemática de esta represión por parte de las «altas» clases han creado enormes obstáculos a la causa de la libertad del mismo pueblo ruso en sus prejuicios, etc. 2

Sin combatir esos prejuicios y la opresión o explotación de otros como ellos no se puede ser libre ni conseguir la reivindicación y justicia social que se pide.
Como saben, los fascistas ucranianos se han dedicado a derribar estatuas de Lenin, sin querer conocer que fue precisamente este político quien le dio tanto a esa nación y luchó por sus derechos.

Y, como no queremos hacer «conjeturas» vanas, estamos firmemente por lo que es indudable: el derecho de Ucrania a semejante Estado. Respetamos este derecho, no apoyamos los privilegios del ruso sobre los ucranios, educamos a las masas en el espíritu del reconocimiento de este derecho, en el espíritu de la negación de los privilegios estatales de cualquier nación. 2

He aquí un buen símil hecho entre el derecho al divorcio, defendiendo a la oprimida, la mujer, con el de la autodeterminación.

Acusar a los partidarios de la libertad de autodeterminación, es decir, de la libertad de separación, de que fomentan el separatismo es tan necio e hipócrita como acusar a los partidarios de la libertad de divorcio de que fomentan el desmoronamiento de los vínculos familiares. Del mismo modo que en la sociedad burguesa impugnan la libertad de divorcio los defensores de los privilegios y de la venalidad, en los que se funda el matrimonio burgués, negar en el Estado capitalista la libertad de autodeterminación, es decir, de separación de las naciones no significa otra cosa que defender los privilegios de la nación dominante y los procedimientos policíacos de administración en detrimento de los democráticos. 2

La perspectiva de la clase trabajadora ante lo que tratamos debería ser nítida.

En cuanto el proletariado de una nación cualquiera apoye en lo más mínimo los privilegios de «su» burguesía nacional, este apoyo provocará inevitablemente la desconfianza del proletariado de la otra nación, debilitará la solidaridad internacional de clase de los obreros, los desunirá para regocijo de la burguesía. Y el negar el derecho a la autodeterminación, o a la separación, significa indefectiblemente, en la práctica, apoyar los privilegios de la nación dominante. 2

También Marx y Engels ven las contradicciones de los socialistas de los estados dominantes. Como sucedía con los ingleses e Irlanda o con los rusos y Polonia. En los que toman el ideario de las clases dominantes de su país, no comprendiendo u olvidando los deseos de sus camaradas de clase de otras nacionalidades. Respecto a Inglaterra esto comentaba Marx:

La clase obrera inglesa no hará nada mientras no se desembarace de Irlanda… La reacción inglesa, en Inglaterra, tiene sus raíces en el sojuzgamiento de Irlanda. 2

Si apoyas la injusticia engendras injusticia, si apoyas la opresión engendras opresión y finalmente, especialmente si eres de la clase obrera, esto recae sobre ti.
No se debe ser indiferente al trato injusto y cruel hacia minorías étnicas o nacionales. En el caso catalán la reacción de España ante una propuesta pacífica y democrática ha sido desproporcionada, intolerante, injusta. No debemos callar, pues, de otro modo, si dejamos hundir la libertad, abandonar la democracia, podremos ser los próximos perseguidos.

Referencias-Notas:
1.- La Junta Electoral prohíbe a TV3 decir las palabras ‘exilio’ o ‘presos políticos’. El Confidencial. 28.03.2019.
2.- V.I. Lenin. El derecho de las naciones a la autodeterminación. 1914.
Urnas son amores. Derecho a decidir

* LoQueSomos en Red
@MikelItulain

Síguenos en Facebook: LoQueSomos Twitter@LQSomos Telegram: LoQueSomosWeb

Deja un comentario