Arturo del Villar*. LQS. Julio 2018

Como heredero del dictadorísimo, el rey Juan Carlos I decretó lo que le dio la real gana, cuando no estaba ocupado en disfrutar de las 1.500 barraganas que le ha calculado el hispanista Andrew Morton, o en incrementar su fortuna personal de 1.800 millones de euros que le supone la revista Forbes

Existe una opinión generalizada en el reino sobre la indecencia de mantener el Ducado de Franco, y con Grandeza de España, creado por el rey Juan Carlos I de Borbón para perpetuar la memoria del militar traidor, rebelde y genocida que le designó su sucesor a título de rey porque le dio la dictatorial gana, sin consultar el parecer del pueblo español. Se han publicado comentarios en los que se manifiesta la vergüenza nacional que significa la continuidad de ese infamante título nobiliario, evocador de la sublevación militar de 1936 y la sanguinaria dictadura continuada hasta 1975.

La ministra de Justicia presuntamente socialista, Dolores Delgado, salió al paso de esas críticas el pasado día 4 de julio, para decir que “se estudiará la normativa vigente para posibilitar la retirada de títulos nobiliarios”. Parece desprenderse de esas declaraciones que es algo muy complicado suprimir un título creado por el iniciador de la monarquía del 18 de julio, instaurada por el dictadorísimo el 22 de julio de 1969, según les propuso a sus “procuradores” en la caricatura de Cortes creada por él mismo. Una vez que Juan Carlos de Borbón juró al día siguiente ante el mismo esperpento de Cortes lealtad al dictadorísimo y fidelidad a los Principios del Movimiento Nacional por los que se regulaba la dictadura fascista, quedó proclamado príncipe de España y sucesor en la Jefatura del Estado con el título de rey.
Un régimen dictatorial derivado de una sublevación militar es ilegal de pleno derecho, pero a los Estados Bandidos de América les interesaba sostenerlo, porque les permitía mantener bases miliares y nucleares en territorio español. La designación era ilegal, y en consecuencia lo es el régimen emanado de ella. Sin embargo, las naciones europeas aceptaron en sus instituciones a la monarquía del 18 de julio, sin autorizarnos a los españoles a expresar nuestra opinión en un referéndum libre y democrático. No solamente se encarcela a los políticos disconformes, sino también a los cantantes o a los dibujantes que se atreven a publicar lo que califican de “ofensas a la Corona” los jueces servilones. Así, muchos vasallos de su majestad el sucesor a título de rey del dictadorísimo y del sucesor del sucesor sufren prisión en las mazmorras borbónicas, o han debido exiliarse en otros países en los que se les permite vivir en la libertad prohibida en su patria.

Creación del Ducado de Franco

Como heredero del dictadorísimo, el rey Juan Carlos I decretó lo que le dio la real gana, cuando no estaba ocupado en disfrutar de las 1.500 barraganas que le ha calculado el hispanista Andrew Morton, o en incrementar su fortuna personal de 1.800 millones de euros que le supone la revista Forbes. El pueblo español castrado por la dictadura militar obedece servilmente, sin atreverse a pedirle cuentas de sus actos. Para demostrar su agradecimiento al exgeneral rebelde y genocida, nada más ocupar el trono a su muerte, creó un título nobiliario con el que mantener viva su memoria, tal como se imprimió en el Boletín Oficial del Estado número 285, de 27 de noviembre de 1975, página 24781:

Decreto 3028/1975, de 26 de noviembre, por el que se concede el título de Duquesa de Franco, con Grandeza de España a doña Carmen Franco Polo, Marquesa de Villaverde.
Deseando dar una muestra de mi Real aprecio a doña Carmen Franco Polo, Marquesa de Villaverde, y en atención a las excepcionales circunstancias y merecimientos que en ella concurren,
Vengo en concederle la Merced Nobiliaria de Duquesa de Franco, con Grandeza de España, para sí, sus hijos y descendientes, exento de derechos fiscales en su creación y en la primera transmisión.
Así lo dispongo por el presente Decreto, dado en Madrid a veintiséis de noviembre de mil novecientos setenta y cinco.
JUAN CARLOS

Esas “excepcionales circunstancias y merecimientos” consistían en estar considerada hija del dictadorísimo, aunque José Luis de Vilallonga asegura en su ensayo biográfico El sable del Caudillo (Barcelona, Plaza&Janés, 1977, página 97) que en realidad había sido procreada por su hermano Ramón en una tonadillera, y fue recogida por los tíos para que no quedase desamparada, habida cuenta de que su verdadero padre era un golfo notorio (en lo que salía a su propio padre). Alega como demostración que nadie vio nunca embarazada a Carmen Polo, y que a su marido se le achacaba una imposibilidad física de consumar una relación sexual, cosa que su atiplada vocecilla y su apariencia física incitan a aceptar como posible.

La contrabandista y su sucesora

Lo indudable es que la duquesa se apresuró a reunir 38 medallas de oro y condecoraciones, entregadas a su padre putativo por todas las corporaciones españolas durante su larguísima dictadura, junto con otras preseas del mismo origen, y se las llevaba a Ginebra en un bolso el 7 de abril de 1978, cuando fue retenida, que no detenida, pues tal cosa era imposible, en el aeropuerto de Madrid-Barajas, a pesar de disponer de un pasaporte diplomático. Según declaró, eran recuerdos de su papá que llevaba a guardarlos en un banco suizo para que no se perdieran. Fue condenada por el Tribunal de Contrabando a pagar una multa de 6.800.000 pesetas por intento de evasión de objetos de valor histórico, pero recurrió y la multa fue anulada, como era previsible, tratándose de ella. Hubiera podido pagarla sin ningún menoscabo, puesto que su fortuna estaba valorada en 600 millones de euros a su muerte el 29 de diciembre de 2017.
Se planteó entonces el reparto de la herencia entre sus hijos, y también los títulos nobiliarios. Su primogénita, Carmen Martínez-Bordiú Franco, reclamó el Ducado de Franco, que le fue concedido, según publicó el Boletín Oficial del Estado número 161, de 4 de julio de 2018, página 67519:

Orden JUS/708/2018, de 31 de mayo, por la que se manda expedir, sin perjuicio de tercero de mejor derecho, Real Carta de Sucesión en el título de Duque de Franco, con Grandeza de España, a favor de doña María del Carmen Martínez-Bordiú Franco.
De conformidad con lo previsto en el Real Decreto de 27 de mayo de 1912, este Ministerio, en nombre de S. M. el Rey, ha tenido a bien disponer que, previo pago del impuesto correspondiente, se expida, sin perjuicio de tercero de mejor derecho, Real Carta de Sucesión en el título de Duque de Franco, con Grandeza de España, a favor de doña María del Carmen Martínez-Bordiú Franco, por fallecimiento de su madre, doña Carmen Franco Polo.
Madrid, 31 de mayo de 2018.- El Ministro de Justicia, Rafael Catalá Polo.

Consumada está la vergüenza nacional, porque el nombre del mayor criminal contra el pueblo español habido en a historia, continúa en un título nobiliario que al parecer es obligado mantener, porque lo concedió el agradecido rey Juan Carlos I de Borbón y es imposible eliminar su decisión por otro rey, como sería su hijo y heredero Felipe VI de Borbón.

El Ducado de Palma de Mallorca

Es una de las mentiras que nos cuentan a los vasallos, puesto que el rey Felipe VI anuló el Ducado de Palma de Mallorca, creado por su padre, como dueño y señor de las tierras de España y sus habitantes, para regalárselo a su hija la infausta Cristina, por el mérito de casarse. Lo perpetró con el que iba a hacerse tristemente célebre Iñaki Urdangarin, sucesor de los Siete Niños de Écija en el arte de robar al prójimo, actualmente alojado en una cárcel de lujo que ya la quisiera yo para mí. Así consta en el Boletín Oficial del Estado número 232, de 27 de setiembre de 1997, página 28331:

Real Decreto 1502/1997, de 26 de septiembre, por el que se concede, con carácter vitalicio, la facultad de usar el título de Duquesa de Palma de Mallorca a Su Alteza Real la Infanta Doña Cristina.
En atención a las circunstancias que concurren en Mi muy querida Hija Su Alteza Real Doña Cristina de Borbón, Infanta de España, con ocasión de su matrimonio y como prueba de Mi profundo afecto y cariño,
He tenido a bien concederle, con carácter vitalicio, la facultad de usar el título de Duquesa de Palma de Mallorca.
Así lo dispongo por el presente Real Decreto.
Dado en Madrid, a 26 de septiembre de 1997.
JUAN CARLOS R.

Se trata, en consecuencia, de un asunto de Estado, que se ajusta estrictamente al artículo 64:1 de la vigente Constitución sancionada el 27 de diciembre de 1978. Podría discutirse cuáles son las extraordinarias circunstancias que concurrían en la interfecta para merecer ese título, simplemente por encamarse con un jugador de balonmano, pero no merece la pena.
Lo significativo es que tanto en el título como en la parte dispositiva se asegura que la graciosa concesión fue hecha “con carácter vitalicio”. Según el Diccionario de la lengua española elaborado por la Real Academia Española, en su última edición de 2014, la palabra vitalicio se define así: “Dicho de un cargo, de una merced, de una renta, etc.: Que duran desde que se obtienen hasta el fin de la vida”. Todos sabemos que la infausta Cristina de Borbón vive todavía, puesto que visita semanalmente a su marido en la cárcel para mantener el preceptivo vis a vis que tanto le complace. De acuerdo con los deseos de su real padre, debiera ostentar el título de duquesa de Palma de Mallorca hasta que la muerte la separe de su delincuente esposo, que tan buen papel realizó a sus órdenes de jefa de la banda.

Nulo por real decreto

Pero en este reino el delito se castiga (si el delincuente no se apellida Borbón, naturalmente), y la infausta Cristina ha perdido en vida el Ducado tan fácilmente obtenido. Su padre se lo regaló, su hermano se lo quitó: asuntos de familia. Así se lee en el Boletín Oficial del Estado número 140, de 12 de junio de 2015, página 49608:

Real Decreto 470/2015, de 11 de junio, por el que se revoca la atribución a Su Alteza Real la Infanta Doña Cristina de la facultad de usar el título de Duquesa de Palma de Mallorca.
De conformidad con lo dispuesto en el artículo 6 del Real Decreto 1368/1987, de 6 de noviembre, sobre el régimen de títulos, tratamientos y honores de la Familia Real y de los Regentes, he resuelto revocar la atribución a Su Alteza Real la Infanta Doña Cristina de la facultad de usar el título de Duquesa de Palma de Mallorca, que le fue conferida mediante Real Decreto 1502/1997, de 26 de septiembre.
Así lo dispongo por el presente Real Decreto.
Dado en Madrid, el 11 de junio de 2015.
FELIPE R.

Es de notar que no menciona la condición vitalicia de la concesión del Ducado, una condición muy destacable, porque implica que no puede ser revocado, sino que la interfecta puede utilizarlo hasta el último aliento de su vida. Un importantísimo dato que su majestad pasa por alto, aunque lo conoce, puesto que cita el decreto de otorgamiento. Volvamos a consultar el Diccionario académico, máxima autoridad en materia lingüística existente en el reino, para saber exactamente lo que es la prevaricación en castellano: “Delito consistente en que una autoridad, un juez o un funcionario dicte a sabiendas una resolución injusta”. El rey es el primer funcionario, puesto que “arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones”, según dice el artículo 56:1 de su Constitución borbónica.

La real prevaricación

Además tiene la facultad de prevaricar cuando le parece oportuno. Para eso es rey y no debe rendir cuentas ante nadie. La prevaricación de Felipe de Borbón se debe al recurso indebido al real decreto 1368/1987, de 6 de noviembre, publicado en el Boletín Oficial del Estado número 271 el día 12, página 33717. Este texto legal regula la condición de príncipes, infantes y familiares del rey, y el uso de títulos nobiliarios entre ellos, sin que pueda ser aplicado para revocarlos, puesto que nada dice sobre ese aspecto. Por el contrario, el sexto artículo dispone:

Art. 6.º El uso de títulos de nobleza, pertenecientes a la Casa Real, solamente podrá ser autorizado por el Titular de la Corona a los miembros de Su Familia. La atribución del uso de dichos títulos tendrá carácter graciable, personal y vitalicio.

De nuevo se alega la condición de vitalicios para los títulos concedidos por la real gana del rey de turno a sus familiares que desee distinguir, suponiendo que un título nobiliario vaya a ser considerado una distinción a estas alturas, cuando las monarquías son residuos absurdos suprimibles. Nada se indica en este real decreto acerca de la posibilidad de revocar un título concedido por el titular de la Corona.

Lo indudable es que el rey en el trono puede revocar una real orden de un predecesor cuando le venga en gana. Así lo ha hecho Felipe VI al anular el Ducado de Palma de Mallorca otorgado por su padre y señor nuestro a la infausta Cristina. En consecuencia, puede abrogar por su real gana el Ducado de Franco creado también por su padre, y librar al reino de la vergüenza en que se halla sumido por la exaltación continuada del dictadorísimo. Quizá no se atreva a hacerlo para no disgustar a la Hermandad de Combatientes y a la Guardia de Franco, no vaya a ser que organicen otra guerra como la de 1936. Es lo malo de no haber disuelto todas las organizaciones fascistas, y de no haber encarcelado a todos los cómplices del dictadorísimo, aquellos que juraron lealtad a su persona y fidelidad a sus leyes genocidas. Que sabemos muy bien quiénes son.

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio.
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