El extraño caso de los fachas virtuosos

La extrema derecha mete en la cárcel al ex presidente de Caja Madrid Miguel Blesa, el banquero amigo de Aznar que fue aupado a la cúpula de la actual Bankia gracias a un pacto entre el PP, CCOO e IU. Podemos argumentarlo con la muletilla que más nos guste. “A caballo regalado no le mires el diente”.
 
O aquella otra tan socorrida de “no hay mal que por bien no venga”.Pero no por eso deja de ser extraño que un puñado de ultras recalcitrantes, fachas de armas tomar, nostálgicos de la dictadura e incluso filogolpistas estén hoy protagonizando en exclusiva algunos de los más sonados acosos jurídicos a los grandes corruptos del sistema. Hablo de lo que está ocurriendo en los casos Blesa y Nóos, donde estos patriotas de la vieja escuela hacen su agosto a través del seudosindicato Manos Limpias que dirige un personaje muy conocido en estos territorios colindantes con el hampa postfascista: Miguel Bernad Remón, antiguo secretario general del Frente Nacional, el partido hermano en España del xenófobo francés acaudillado por Marianne Le Pen. ¿De donde saca Manos Limpias tanto dinero para intervenir en decenas de sonoros y mediáticos pleitos? Sólo para representar a la acusación popular en el affaire Oriol Pujol-ITVs deberá depositar 8.000 euros. Un misterio envuelto en un enigma.
 
Ya sea parte de una trama para financiar sus reaccionarias actividades o una tapadera para forrarse a costa del pavor que personas relevantes y empresas sienten ante la posibilidad de que los tribunales metan las narices en sus negocios, la cierto es que esa especie de monopolio justiciero que ostenta Manos Limpias denuncia una grave incongruencia en la estrategia de la izquierda política y sindical. Al ignorar causas de enorme trascendencia social, como “los atracos” del Instituto Nóos y Bankia (la antigua CajaMadrid), donde se investiga el destino de caudales públicos, mientras, por otro lado, estos representantes de la izquierda institucional comparecen en asuntos tipo caso Bárcenas, que hasta la fecha solo trabaja sobre la pista de dineros privados, transmiten con su silencio la idea de que se mueven por rentabilidades partidistas, mientras se pliegan a los dictados superiores de Zarzuela y el sistema financiero.
 
No es una elucubración. Miguel Blesa llegó a la cúpula de la antigua Bankia tras un acuerdo entre el PP, CCOO e IU que entregó la presidencia al íntimo amigo de José María Aznar, la vicepresidencia al hombre de Izquierda Unida en la ejecutiva de la entidad, José Antonio Moral Santin, y permitió la entrada en la alta dirección de la entidad a otro representante más del sindicato, Francisco Baquero, marido de María Jesús Paredes, la antigua secretaria general de COMFIA, la sección de Finanzas y Administración de Comisiones Obreras, persona que años más tarde saldría de malas maneras de la central al revelarse que recibía favores económicos de las cúpulas bancarias a cambio de favorecerlas en los conflictos laborales.
 
Bernad es Caballero de Honor de la Fundación Francisco Franco por sus “servicios en defensa de los ideales del Movimiento” y tiene en su punta mira al entorno gay y todo lo que suene a transgresión. Ha denunciado ante el Defensor del Pueblo la ley que permite los matrimonios entre personas del mismo sexo y a Los Lunnis al Defensor el Menor por mostrar una familia homoparental en un episodio; a Nunca Máis, a los piquetes sindicales de la huelga del Metro de Madrid, a los trabajadores de Sintel acampados en el Paseo de la Castellana; y estuvo detrás de la denuncia contra Baltasar Garzón que culminó en su condena. Estrecho colaborador de Manos Limpias es también otro ultra de turbia trayectoria, el abogado Jaíme Alonso, ex secretario general de Fuerza Nacional del Trabajo (FNT), el “frente obrero” de Fuerza Nueva (FN), el partido de extrema derecha fundado y liderado por Blas Piñar.
 
Este batiburrillo de tramas ultras y activismo jurídico, según distintas fuentes, parece encubrir un bien engrasado aparato de extorsión al servicio de oscuros intereses. El modus operandi de Manos Limpias, a decir de esta versión, consistiría en financiarse con el dinero logrado mediante las actividades de defensa y ataque en los tribunales, usando y abusando de la herramienta de la acusación popular como una ruleta rusa apuntando a sus clientes. Esta dialéctica de las togas y las presiones explicaría la holgada situación económica que disfruta el seudosindicato, que le permite asumir la cuantiosas fianzas que suelen exigir jueces y tribunales para “discriminar” la personación en los procesos de mayor boato.
 
Del caso Nóos a Bankia, los fachas metidos a moralizadores públicos siguen ganando posiciones con el favor acrítico de los medios. Miguel Blesa, el amigo de pupitre de Aznar convertido en poderoso banquero al asumir la presidencia de CajaMadrid, en su momento la tercera entidad financiera de España, ha ido a dar con sus huesos a prisión por la denuncia de Manos Limpias. Aunque en este caso, el estrellato no se lo lleva Bernard sino un viejo conocido de la policía y hoy muy estimado agente de influencia periodística-financiera como cabeza visible de Ausbanc, una asociación de teórica defensa del consumidor. Luis Pineda Salido, que así se llama el abogado del seudosindicato ultra que ha llevado con éxito la acusación en el caso Blesa, es un antiguo dirigente del Frente de la Juventud (FJ), una organización terrorista de extrema derecha involucrada en numerosos delitos de matiz política antidemocrática a finales de los años setenta y principios de los ochenta. Siendo aún menor de edad, Pineda y su camada negra estuvieron implicados en numerosas acciones involucionistas. Fue detenido por robo a mano armada y múltiple secuestro en el domicilio de una persona de la nobleza, la marquesa de San Eduardo, en marzo de 1980; apareció relacionado con la trama civil del 23-F y un año más tarde, en el aniversario del tejerazo, promovió altercados violentos en las calles de la capital junto con otros miembros del FJ para conmemorar el intento de golpe de Estado según el guión de estrategia de la tensión diseñado por los restos del bunker franquista.
 
Esos pecados de adolescencia, con el paso del tiempo y la ayuda de la amnesia social, obraron el milagro de servirle de insólita experiencia para liderar Ausbanc, una entidad que supuestamente defendía los intereses de usuarios y clientes bancarios pero que, según múltiples testimonios recogidos en la prensa y denuncias ante los tribunales, se lucraba haciendo todo lo contrario. Damnificados por el escándalo de Afinsa y Forum Filatélico que confiaron pleitos a Pineda han declarado que lejos de apoyarles utilizaba esa representación para pactar a sus espaldas con las sociedades denunciadas. En este sentido, la presencia del antiguo dirigente de la extrema derecha en las juntas de accionistas del Banco de Santander, entidad que financiaba muchos de sus eventos públicos y daba soporte publicitario a las revistas y periódicos de Ausbanc, era una constante año tras año, ponderando públicamente la gestión de su presidente Emilio Botín y reventando sin miramientos las intervenciones de los sectores críticos.
 
La reaparición de Luis Pineda junto a sus camaradas de Manos Limpias como ángel exterminador de la corrupción en estos tiempos de emergencia social, a lo Amanecer Dorado en Grecia, constituye una anomalía en la tradición de los sectores vinculados con las tramas negras al servicio de banqueros, servicios de inteligencia y políticas reaccionarias. Ni los niños vienen de París, ni los pajaritos disparan a las escopetas, ni Manos Limpias es trigo limpio. Por más que su papel de indómitos vengadores les haga aparecer como fachas virtuosos por haber dejado la sedicente izquierda los atributos de la denuncia social en el arroyo.
 
 

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