El fascismo avanza… ¿De quién es la culpa?

Tomás F. Ruiz. LQS. Fbrero 2019

El hecho de que España haya sido el único país que ingresó en la Unión Europea arrastrando su dictadura encubierta, en la que no sólo no se castigó a los criminales y torturadores del franquismo, sino que se los convirtió en jueces, policías y políticos “democráticos”, resulta cada día más fatal para la población española

La ultraderecha se dio cita en Madrid este domingo 10 de febrero

Ya no es sólo en Venezuela, donde el führer estadounidense Donald Trump amenaza con invadir el país y extorsiona a medio mundo para que apoye su criminal propósito. También en España el fascismo toma las calles, al estilo de como antes hacía en la plaza de Oriente, bajo la bendición del patibulario caudillo Francisco Franco. El gobierno se ha apresurado a catalogar la concentración de este pasado domingo como una decepción para los convocantes. Unos hablan de menos de 50 mil personas y otros de un cuarto de millón. Sean como fueran las cifras, lo que es cierto es que el fascismo español se siente cada vez más fuerte. Entre sus reivindicaciones más inmediatas, exige que se corten las cabezas de los independentistas catalanes, reclama al gobierno derogar timoratas leyes de derechos civiles e intimida a los ciudadanos que pasan a su lado para que canten el caralsol brazo en alto…
Me pregunto cómo diablos hemos llegado a un extremo así… ¿Cómo el pueblo ha guardado silencio mientras esa bestia tripartita nazi (compuesta por PP, Ciudadanos y Vox) ha tomado el poder en la comunidad andaluza y ahora vocifera enardecida sus criminales propósitos por toda España?

Cómplices del ascenso del fascismo

El primer cómplice de este avance del fascismo en España es, sin duda alguna, el gobierno psoe. El silencio del gobierno es más que comprensible. A Pedro Sánchez le viene de maravilla que este frente fascista avance y aplaste derechos democráticos en Andalucía. Gracias a este avance del fascismo, su partido refuerza la falsa apariencia que se atribuye como de gobierno de izquierdas.
Los jueces españoles, especialmente los de la comunidad valenciana, han sido su segundo cómplice. Desde los juzgados de toda España, especialmente desde Valencia, los jueces no sólo han dejado libres a terroristas de ultraderecha, sino que les han garantizado impunidad para que sigan cometiendo sus crímenes en las calles: acuchillando a jóvenes antifascistas, apaleando a mujeres indefensas y acosando a quienes se les enfrentaban mientras la policía mira para otro lado. Esa policía nacional que patrulla nuestras calles es, sin lugar a dudas, el tercer cómplice del avance del fascismo en España.
El hecho de que España haya sido el único país que ingresó en la Unión Europea arrastrando su dictadura encubierta, en la que no sólo no se castigó a los criminales y torturadores del franquismo, sino que se los convirtió en jueces, policías y políticos “democráticos”, resulta cada día más fatal para la población española. Ahora, tras conseguir gobernar Andalucía, estas bestias fascistas hacen gala de su terror patriótico por las calles de España (plaza de Colon, Madrid, el pasado domingo), se envalentonan y reclaman al psoe unas elecciones anticipadas con el objetivo de meter su hedionda pezuña en el gobierno central y empezar a encarcelar disidentes políticos, derogar leyes democráticas y expulsar inmigrantes.

El asalto al Estado

El modelo de asalto al Estado que sigue el tripartito nazi (PP, Ciudadanos y Vox) no es tampoco nuevo. Lo practicó Hitler en los años treinta, sembrando el terror en las calles de Alemania con sus tropas de asalto conocidas como camisas pardas. No contento con eso, quemó el Reichstag para acusar a la oposición, encerrarla y exterminarla. Esa fue su vía “democrática” de tomar el poder. En España, la táctica de la ultraderecha española es la misma. Utilizar la violencia contra una población timorata y forzar a las instituciones del Estado para que avalen sus exigencias de intolerancia y mano dura. Por lo pronto, con sus tácticas de extorsión han logrado que el proyecto de sacar a Franco del Valle de los Caídos quede pendiente. Todo un triunfo para esta manada de hienas.
La culpa es también de los políticos timoratos que, como IU o Podemos, guardan silencio en sus escaños; que no tienen el valor de levantarse y denunciar la falsa democracia que tenemos en España, que no se atreven (o no quieren, por los suculentos sueldos que cobran) abandonar una institución adulterada, el parlamento, donde se protege a un rey y a un sistema antidemocráticos y se violan diariamente los derechos de un pueblo amordazado e indefenso. A todos estos parlamentarios “de izquierdas” que tenemos en España ya no les interesa para nada los derechos del pueblo, por lo único que pelean ahora es por su derecho a vivir en un chalé con piscina y plaza de aparcamiento.
La culpa es de todos nosotros, que nos quedamos en casa callados mientras vemos por la televisión esa plaga de tarados mentales que toma las calles enarbolando trapos rojos y gualdas, haciendo apología del terrorismo y añorando el golpe de Estado del 1936, con el que provocaron más de un millón de muertos y aplastaron el último gobierno legítimo que hubo en España.

Todos somos responsables

La culpa es de todos aquellos que asistiremos silenciosos y timoratos a la farsa de juicio con el que quiere encarcelarse de por vida a ciudadanos catalanes por intentar hacer valer la voluntad de su pueblo y proclamar una legítima república. La culpa es de todos aquellos que no alzamos nuestra voz contra la brutal represión que el Estado ejerce contra los derechos humanos en Cataluña. Si dejamos que el Estado español aplaste a Cataluña, estamos dejando que nos aplaste a nosotros mismos.
El poema de Bertol Bretch (otros lo atribuyen al pastor Martin Niemöller) es más que explícito en el planteamiento de la táctica de exterminio seguida por Hitler: “Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio/ porque yo no era comunista,
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,/ guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata. / Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté,/ porque yo no era sindicalista, / Cuando vinieron a buscar a los judíos,/ no pronuncié palabra, porque yo no era judío, / Cuando finalmente vinieron a buscarme a mi, no había nadie más que pudiera protestar / y nada pude hacer porque ya estaba solo”
Cuanto más incrustados estén en las instituciones, más poder tendrán: el poder del terror y la coacción que ejercen impunemente con la complicidad de jueces y magistrados, la sempiterna y oculta mano negra de la indigna justicia que protege al fascismo en España… ¿Vamos a dejar al neonazi dirigente de Vox y a sus camisas pardas imponer el terror en las calles de España? ¿Vamos a permitir al corrupto Casado, al prepotente Albert Rovira, que consigan su propósito de encarcelar a todos los disidentes de su particular modelo de Estado totalitario?

Han sido muy pocas las voces que se han levantado contra esa amenaza de una barbarie fascista. La más lucida, y que debería servir para ponernos en guardia, ha sido la del activista Willy Toledo cuando afirmó que “Al fascismo se le combate con hostias”. Lamentablemente, Willy tiene razón. El fascismo no respeta ni derechos humanos ni reglas de juego democrático. La violencia y el terror son sus tácticas políticas, su única ideología es exterminar al oponente. En España lo tienen muy fácil, pues las instituciones por las que nos gobernamos son herencia del franquismo. La opción no puede ser más categórica: o ahora abrimos los ojos por nosotros mismos y actuamos en consecuencia o, dentro de poco, nos los abrirán a hostias los partidos fascistas.

Ilustración de Acacio Puig
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