El himen como eterna obsesión

Paula+Rego.+Casa+de+Celestina.+2001Patxi Ibarrondo*. LQSomos. Septiembre 2014

Acababa de almorzar y de pronto me vi tomando el café con Fernando de Rojas. Emanaba de su espectral aspecto un mundo ruin, oportunista, precario, miserable. Los ciegos eran engañados por sus lazarillos, los purulentos iban mostrando sus llagas a cambio de una improbable limosna a la puerta de los templos de la piedad; la nobleza y los hacendados hacían su ley, los animales eran severamente maltratados. así como los pobres descalzos.

Quizá ese día habría suerte, una ceremonia, un bautizo, un milagro de la fe, y las criadas de los señoritos arrojarían unas monedas al suelo para que los andrajosos se las disputaran a codazos como canes hambrientos. Era menester que, al tiempo de la disputa, los harapientos se encomendaran a Dios y a toda la corte celestial como prueba de agradecimiento. Así, los ricos iban henchidos de gozo por el buen empleo de su calderilla, mientras sorteaban el fango y evitaban el fétido olor de una miseria infecciosa y antiestética.
Por entre los recodos de los fatigados andurriales de la bilis merodeaban extraños seres, a los que hacía daño la luz del día. Su risa no tenía dientes o uno solo, su rostro era de cera ajada, sus rasgos afilados, sus uñas garfios y su mirada oblicua y maliciosa, sus carcajadas alcohólicas. Las sarmentosas manos aferraban el obstinado mango, para remover la olla de los cocimientos de profusos reptiles y otros materiales propios de conjuros y brujerías.

Las alcahuetas remendonas de virgos eran las guardianas de la decencia que equilibraba la pulsión del vicio y la buena sociedad. La necesidad y la estulticia hacían causa común. Las doncellas tenían que ser doncellas; un desliz con mancebo apuesto, un extravío de la llave de la castidad y perdían todo su valor de canje.

Era el año 1.499 fue cuando Fernando de Rojas creó la primera versión de la “Tragicomedia de Calisto y Melibea” o “La Celestina”. La “edición príncipe” de esta gran obra literaria se guarda celosamente en Nueva York.

Por aquel entonces la feroz Inquisición perseguía y quemaba por igual brujas que judíos o cualquier otra sombra a la religión católica. Los sefarditas fueron expulsados por los Reyes Católicos por promiscuidad y avaricia usurera.

El himen intocado de la mujer era una inversión principal para terratenientes y alcurnias de cristianos viejos. Los conversos eran legión, pero estaban bajo permanente sospecha. Las crónicas de entonces decían que “la codicia y la avaricia sustituyen en los personajes de la clase baja a la furia amorosa de la clase alta”. El derecho de pernada, los abortos, los hijos ilegítimos…

Deseando abandonar la opresiva atmósfera del siglo XVI, aproveché una ocasión única. Mi admirado amigo H.G. Welles me hizo una visita, y su máquina de atravesar el tiempo nos llevó a un lejano futuro; año 2.014 del siglo XXI. Eché un vistazo alrededor. Las señales y rótulos estaban escritas en lenguaje español. En el escaparate de un gran Centro Comercial estaba encendida una televisión. Unos personajes con forma humana se agitaban de una manera convulsa. Parecían a punto de agredirse, siempre antes de los cortes publicitarios. Me acerqué sin llamar la atención. Así pude escuchar las cosas que preocupaban a la gente de ese siglo. Los alcahuetes de antaño se dedicaban ahora a la satánica publicidad, incitadora a morder la venenosa manzana del consumo.

Discutían acremente y con pasión de alto voltaje, acerca de la conveniencia o no de que las mujeres fueran vírgenes al casamiento. La cadena era Tele5. Un individuo reclamaba la nulidad matrimonial porque su pareja le había mentido. Parecía un pobre diablo ratonil, pero se le veía a gusto ante las cámaras. Había salido del profundo pozo de la inexistencia. Después de cinco años de noviazgo y abstención coital, al llegar al himeneo lo había sabido. Había grandes voces a su favor y muchas mujeres. Un cirujano afirmaba que tenía clientela para recomponerse el himen, creo que mediante rayo láser. Pasó un estruendoso camión y no lo puede oír bien. Según parecía, ellas lo hacen porque así el hombre siente reafirmaba su virilidad.

Sopesando a qué momentos del pasado nos apetecía regresar sin traumas, una noticia apareció en la pantalla de Internet. Decía algo así como que científicos rusos «habían perdido el control de un satélite” que se desplazaba a más de 17.000 millas por hora. a En el interior de ese satélite había centenares de insectos y lagartijas copulando como locos.

Al parecer, se está tratando de investigar los efectos secundarios de la cópula en la “gravedad cero”. Se supone que con vistas a la futura procreación en el espacio sideral.

Al fin y al cabo procedemos de los reptiles desde los tiempos del paraíso. Aunque unos individuos hayan evolucionado más que otros, como diría el maestro Shopenhauer, «todo amor o pasión esta abocado a la procreación».

* El Antídoto

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– Imagen: Paula Rego » A Casa de Celestina», 2001

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