El monstruo que devoró a Pink Floyd

Mariano Muniesa*. LQS. Febrero 2020

La mayoría de sus canciones pueden tomarse aisladamente no solo como partes integrantes de un todo, sino que tienen entidad propia como tales canciones

Esta gigantesca obra musical («The Wall»), es la piedra angular sobre la cual se sustentó la leyenda de Pink Floyd como una de las bandas más grandes de la historia.

19 de enero de 1980: el álbum «The Wall» de Pink Floyd alcanza oficialmente el nº1 como disco más vendido en Estados Unidos, manteniéndose 15 semanas en ese puesto y empezando a convertirse en uno de los clásicos más celebrados de toda la historia del rock: el álbum doble más vendido nunca y uno de los más multimillonarios de la historia de la industria del disco, con un total de 33 millones de copias vendidas en todo el mundo, de las cuales 11.5 millones fueron vendidas solo en Estados Unidos, en donde debido a su carácter de disco doble, está certificado por la RIAA (Recording Industry Association of America) como veintitrés veces disco de platino.

«The Wall» se puso a la venta a finales de 1979, pero no fue hasta que entró en el número 1 de las listas americanas cuando tanto los singles que sucesivamente se extrajeron del álbum como el propio disco realmente empezaron a adquirir el éxito comercial, la notoriedad y ese carácter de obra creativa de referencia absoluta en el rock de la década de los 80. Hasta tal punto que inspiró un concepto de gira que nunca antes se había hecho, una película que contiene uno de los mejores trabajos de animación jamás realizados y el símbolo del final definitivo de la guerra fría justamente en el décimo aniversario de la edición del disco, cuando en el verano de 1990 se representó justo en la ciudad que se convirtió en el epicentro de la división de Europa, Berlín, que había visto unos meses antes cómo el muro que separaba aquellos dos mundos se derribaba.

Al repasar la historia de cómo se hizo «The Wall», resulta significativo comprobar cómo esta gigantesca obra musical, esta monumental ópera-rock que probablemente y en dura pugna con «Dark Side Of The Moon» es la piedra angular sobre la cual se sustentó la leyenda de Pink Floyd como una de las bandas más grandes de la historia, nació de un profundo sentimiento de frustración de Roger Waters ante la incomunicación que percibía que existía entre el grupo y sus propios seguidores, en especial durante la gira que hicieron en Estados Unidos para presentar «Animals» en 1977. Su preparación y grabación supuso una quiebra total en las relaciones entre la banda y su teclista Rick Wright e incluso estuvo en el origen de la ruptura de Roger Waters con el resto del grupo años más tarde. La vieja historia de la criatura que devora a sus padres, que en el caso de «The Wall» y Pink Floyd adoptó caracteres de auténtica tragedia griega.

Es sabido que Roger Waters tenía en mente la idea de convertir «The Wall» en una película al mismo tiempo que grababa el disco

Musicalmente, aún siendo una ópera-rock, es decir, un disco conceptual estructurado en torno a una historia cuyo desarrollo temático conlleva un notable grado de homogeneidad musical, al igual que sucedía con otras obras análogas –»Tommy» de los Who, «The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars» de David Bowie- este trabajo puede y debe escucharse y valorarse partiendo de la premisa de que aún siendo una ópera-rock, la mayoría de sus canciones pueden tomarse aisladamente no solo como partes integrantes de un todo, sino que tienen entidad propia como tales canciones. Dejando al margen «Another Brick In The Wall» como single, «Young Lust» es quizá una de las canciones que por la fuerza de su base de ritmo es de las mejores de todo «The Wall» junto a «One Of My Turns», musicalmente muy similar a aquella, amén de las dos otras piezas maestras que han trascendido históricamente como clásicos imperecederos de Pink Floyd: «Run Like Hell», con el intenso e inquietante juego de voces entre David Gilmour y Roger Waters, dando vida musical a la atormentada y terrorífica ensoñación del protagonista de la historia, Pink, que se transmuta de estrella de rock en líder neo-nazi, y la inmensa balada «Confortably Numb», aquella canción compuesta inicialmente por David Gilmour para un proyecto de disco en solitario y que en la historia, y muy específicamente en la película, muestra uno de los momentos más dramáticos de «The Wall».

Es sabido que Roger Waters tenía en mente la idea de convertir «The Wall» en una película al mismo tiempo que grababa el disco. Por ello, y como apuntaba al principio, se diseñó un concepto de puesta en escena totalmente revolucionario, con un inmenso muro de 10 metros de alto por 20 de ancho, y toda una serie de decorados, efectos especiales y números de escenario para desarrollar la trama de la historia casi a modo de una representación de teatro musical, pero su complejidad era tal que resultaba imposible poder montarlo y desmontarlo de manera que pudiera estar una noche en Amsterdam y a la noche siguiente en París. Por tanto, se hizo necesario plantear la gira como la de una compañía de teatro, estableciéndose en una misma ciudad para hacer varios conciertos seguidos y después marchar a otra para repetir el mismo proceso. Se preparó un costoso equipo de filmación y grabación para hacer una película sobre los conciertos al estilo de lo que fue el proyecto «Pink Floyd Live At Pompeii», que en teoría debería dar más juego al llevar a cabo un espectáculo visual que relataba la historia junto con la música, pero… los intentos de filmar cinco conciertos de Earl’s Court en Londres resultaron desastrosos por parte de Michael Seresin, que era en principio el director, por lo cual tal pretensión fue abandonada y se acometió entonces el proyecto de la película llevada a la pantalla como historia de ficción narrada a través de las canciones de «The Wall» con Bob Geldof interpretando a Pink. Probablemente las duras críticas que el grupo recibió por parte de la prensa cuando reseñaron estos conciertos influyeron en esta decisión. «Interpretar al personaje principal es posiblemente valiente en términos de intentar algo diferente y más exigente, pero también es un grave error: Waters no tiene presencia en el escenario, y es incapaz de proyectar algo más allá de los golpes de pecho más banales y los tópicos de la frustración juvenil», escribió Nick Kent en New Musical Express.

Seresin dejó el proyecto y Alan Parker dirigió la película, sobre la cual declaró años más tarde: “Creo que la única persona en todo el mundo que realmente sabe de qué se trata ‘The Wall’ es Roger Waters. Estoy seguro de que la mayoría de nosotros no. Creo que es una película interesante, pero debo confesar que en realidad no sabía nada de la historia que estaba filmando”. Sin embargo, con el tiempo e incluso con las reticencias del propio Roger Waters, también la versión cinematográfica de «The Wall» se considera una pieza clave en el cine de la década de los 80.

Se dice, y a mi juicio con razón, que cuando tenemos el mayor acceso conocido en la historia a la información y al conocimiento, nunca hemos vivido jamás una época en la que la desinformación, las “fake news”, la post-verdad y la manipulación hayan sido más desproporcionadamente grandes que en la actualidad. Quizá sería un buen momento para que Roger Waters, músico comprometido donde los haya, idease una nueva forma de derribar ese muro.

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* Nota original del diario “La Región”

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