Arturo del Villar*. LQS. Junio 2018

La primera localidad que proclamó la II República al alba del 14 de abril de 1931 fue Eibar (Gipuzkoa), por lo que mereció el título de Muy Ejemplar Ciudad. Al barrio madrileño de Vallekas le corresponde ostentar el título de Muy Ejemplar Barrio, por ser el primero en proclamar la III República el 23 de junio de 2018. El reino borbónico de España, en el que se halla integrada Euskadi, es una implantación de la dictadura fascista derivada de la guerra ganada por los militares rebeldes contra el Gobierno legítimo de la II República.
El dictadorísimo que tiranizó al país hasta su muerte con un poder omnímodo, proclamó por su sola voluntad el 22 de julio de 1969 a Juan Carlos de Borbón como su sucesor a título de rey, cuando él falleciese. Así lo obedecieron las autoridades fascistas el 22 de noviembre de 1975. La monarquía es, por lo tanto, fascista, por su origen y sus actos.
A los españoles no se nos ha permitido votar sobre la forma de Estado preferida, como sí se les autorizó a los italianos y los griegos, que rechazaron sus degeneradas monarquías respectivas en sendos referendos, y por eso se convirtieron en repúblicas. Al ser el reino de España una colonia del imperialismo gringo, con bases nucleares a su servicio, los Estados Bandidos de América no desean que el pueblo vote libremente en un referéndum, porque es seguro que triunfaría la República.
El emperador gringo Trump recibió el 19 de junio pasado a su sátrapa Felipe VI, y le dijo que desea que España esté “fuerte y unida”, para servir mejor a sus intereses, como es lógico. El rey de España es igual que los reyes sátrapas dependientes del emperador persa, en tiempos muy remotos de la historia, tanto que esa política ya solamente se aplica en España.

Referéndum legal

Por eso a los españoles se nos impide participar en un referéndum, y por lo mismo hay que destacar la decisión del barrio madrileño de Vallekas, que cuatro días después de la sumisión del sátrapa español al emperador gringo organizó un referéndum para que los vecinos decidiesen entre la forma de Estado preferida. No era oficial, pero sí legal. Por supuesto, venció la República, con el 89 por ciento de los votos.
A Felipe VI no se le va a ocurrir comentarlo. Sus discursos son amenazadores, como el inolvidable que pronunció el 3 de octubre del año pasado. Es tan violento que la Casa de Su Majestad el Rey lo tiene colgado en su página web hoy mismo, ocho meses después, como advertencia a los osados que se atrevan a opinar libremente en público. Tiene a los militares, los policías, los jueces, los fiscales y los carceleros a sus órdenes, y conocemos sus métodos. Los manifestantes son apaleados por las fuerzas brutas del orden en las calles, y los escritores, los dibujantes y los pintores discrepantes son condenados a penas durísimas de cárcel y multa. Así se sostiene la satrapía borbónica. En realidad así se mantiene la dinastía desde que entró en la desdichada España en 1701 con Felipe V, en medio de la guerra europea causada por su decisión de reinar aquí.
Sin embargo, el pueblo español debiera ser el amo del rey, puesto que le esta pagando todos sus gastos, desde los primeros pañales que le colocaron al nacer hasta el último uniforme que le han confeccionado para que se cuelgue las medallas. Esas medallas que luce bizarramente en los desfiles, ganadas en los combates bien definidos en un verso de Góngora: “A batallas de amor, campo de pluma”, porque a las bélicas envía a sus soldados para que maten y mueran mientras él se empluma letiziamente.

Fueros y borbones

Los primeros fueros en los reinos cristianos enfrentados a los invasores musulmanes, los de Sobrarbe, en el siglo VIII, establecían un juramento para el rey, que después fue adoptado por la Corona de Aragón, y que traducido al castellano actual dice:

Señor: Nos, que cada uno de nosotros somos tanto como vos, y todos juntos más que vos, te hacemos rey si cumples nuestros fueros y los haces cumplir, y si no, no.

Este juramento fue suprimido en 1711 precisamente por el primer Borbón que vino a reinar en la pobre España, Felipe V, muy admirado por el sucesor del dictadorísimo a título de rey, por lo que impuso a su hijo su mismo nombre, con el deseo de que imite su ejemplo. Esa admiración demuestra su ignorancia de la dinastía, porque Felipe V estaba completamente loco, y fue preciso mantenerlo encerrado en una habitación del palacio de El Pardo, en donde permaneció completamente desnudo y pegando alaridos.
Tuvo que abdicar en 1724 en su hijo Luis, que solamente reinó ocho meses, por lo que recuperó el trono hasta su muerte en 1746: en ese período desempeñó de hecho la regencia, aunque sin ese nombre, su segunda esposa, la intrigante Isabel de Farnesio, ante la degradación psíquica de Felipe V, el modelo propuesto por Juan Carlos I a su hijo y sucesor Felipe VI. Pobre España con los reyes que le han tocado en desgracia.
Por eso el 18 de setiembre de 1868, al estallar la Gloriosa Revolución contra la golfísima y ladrona Isabel II, los militares y los civiles gritaban: “¡Viva España con honra! ¡Abajo los borbones!”
¡Viva la República Federal Española!

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio.
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