El paro antropológico

Cuando a un ser lo forjan, lo educan, los moldean, lo condicionan hasta la médula en la cultura bíblica del trabajo; y luego desde el mismo arriba le arrancan esa raíz social, le impiden la posibilidad de trabajar, ordenando que es perfectamente prescindible; opinan que ya no es necesario y se le abandona a su suerte en el desguace de las piezas inservibles, en el limbo de la intemperie, tirado en un abajo excluyente y sin nada que rascar ¿qué se espera de él?

Por lo pronto, no es de extrañar que en su carácter sobrevenga el desequilibrio, anide el pájaro siniestro del rencor, se desparrame por los suelos su autoestima y brote algún tipo de amarga violencia contra sí mismo o contra los demás.Precisamente por eso se inventaron los jueces, los curas y las Fuerzas de Orden Público.

 

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