“El plan político de las religiones lleva a un control absoluto”

Arturo-Seeber-LoQueSomosGrupo Arenal Uno. LQSomos. Abril 2016

Entrevista a Arturo Seeber Bonorino, autor de «La levitación de Sor Clarisa. Divertimentos anticlericales»

Arturo Seeber Bonorino, ciudadano del mundo, aunque argentino para más señas y residente en Madrid desde hace más de dos décadas, lo que le hace cada día más “gallego”. Relator, cuentista, escritor, incluso colaborador y redactor de esta web.

En 2011 nos sorprendió con la compilación de diez cuentos del mundo del boxeo recogidos en «Un paquete para el mánager», mostrando un mundo marginal de la gente de las clases desposeídas que buscan salir de la miseria, en un sabroso lenguaje porteño con toques de lunfardo. Su camino como escritor le ha llevado a tener reconocimientos en diversos concursos de relatos, como en el XXI Certamen de relatos Manuel Vázquez Montalbán, de San Fernando de Henares, o el VIII Certamen de Relato Corto de Coslada, entre otros.

Ahora, lejos del dramatismo de aquella primera obra, en “La levitación de Sor Clarisa. Divertimentos anticlericales» se adentra en el terreno de la ironía, un sano humor para satirizar dogmatismos, supersticiones religiosAs, en particular de la Iglesia Católica, sin olvidar otras formas menos ortodoxas de culto.

LoQueSomos hemos hablado con él sobre su segunda obra, y de esta mezcla de pláticas entre porteños y gallegos, esto es lo que salió…

En este libro en “clave de humor” te enfrentas a la poderosa Iglesia Católica

Bueno, no sólo a la Iglesia Católica, también a otras manifestaciones religiosas que podríamos llamar paganas. Con los años he llegado a la conclusión de que los dos mayores males de la humanidad son las religiones y los nacionalismos. Y cuando me refiero a lo segundo, no me pongo en contra del natural sentimiento de amor al lugar donde uno ha nacido, o de lo que podría ser el deseo de independencia de un pueblo, como el caso en España de los vascos y catalanes, sino de aquellos países que, tras adquirir poder político y militar, se creen en el derecho de invadir y robar los bienes de los demás pueblos.

Pero me estoy yendo por las ramas. En cuanto a las religiones, yo creo firmemente que no son vías espirituales, sino partidos políticos. Y en eso se juntan con los nacionalismos, porque siempre se juntan con el poder. ¿Acaso los conquistadores de América no iban a llevar a los bárbaros indígenas la salvación de sus almas a través de la religión? Habrá que preguntarse ¿salvación de qué? Desde luego, si alguien lo sabe, que por favor me informe. Cualquier información la pagaré muy bien.

El plan político de las religiones lleva a un control absoluto de su feligresía. Por eso son dogmáticas y verticales. Se debe acatar absolutamente todo lo que las iglesias dicen, sin opinar, ni chistar, a riesgo de ser tomado por “hereje”. Y, en general, al oponerse la religión al desempeño espontáneo de nuestros instintos y tendencias, se opone a la vida. No es casual que el símbolo fundamental de la Iglesia Católica sea el de un individuo padeciendo la tortura de la cruz y a punto de morir. Y así, nos deja a todos hechos un Cristo, que esto no es vida.

Parece que entre dios y tú hay algo personal…

Entre dios y yo no hay nada. No puede haberlo, porque no está en mis necesidades tratar de saber si hay algún poder por encima de todo lo que existe. Es que es una cuestión que me tiene completamente sin cuidado. Por fortuna, porque si me picase el deseo de convertirme, me hallaría ante una elección sumamente complicada. En la actualidad, tomando nada más que el cristianismo, existen unos quinientos credos distintos, así es que por fuerza hay decir que existen quinientos dioses únicos distintos, ya que su dios está conformado de una determinada manera que, si se la cambiamos, nos encontramos con otro dios.

Pero supongamos que mi fuerza de voluntad me lleva a enfrentarme a este dilema, y mi alma halla respuesta. Yo creo en dios. Vale. Pero ahora díganme como hago para tragarme la historieta de que ese ser superior, perfecto, omnitodo, en un momento de la historia de la humanidad bajó de los cielos hecho hombre para salvarnos, repito, no se sabe de qué, y que para salvarnos, repito, sabe dios de qué, se tuvo que hacer matar a lo bestia. Soy hombre de poca fe, mi razón no me permitiría creer semejante disparate.

En síntesis, que mis problemas no son con dios, sino con las religiones, que son dos cosas muy distintas, y las más de las veces hasta contradictorias.

En una sociedad como la española, que mantiene un sacrosanto Concordato con la Santa Sede, una masiva enseñanza religiosa, con subvenciones económicas incalculables para la Iglesia Católica, etc. etc. ¿qué sitio hay para este libro?

Esa pregunta duele mucho porque, así planteadas las cosas, creo que ninguno. Pero bueno, no todo el campo es orégano, y si bien España es católica, aunque haya dejado de serlo como dijo Manuel Azaña, hay bastante disidencia. Con que los ateos e indiferentes me lean, de sobra tengo.

¿Te ha animado a escribir estos cuentos el hecho de que el Papa actual sea paisano tuyo, porteño para más señas. Un personaje que es novedad diaria?

Estos relatos los comencé a escribir durante el papado del renunciante Benedicto. Nada me podía decir entonces que, con los problemas que tiene la Argentina, encima tuviéramos que cargar con un papa. Para irme de nuevo por las ramas, esto me recuerda un chiste: un tío le cuenta a un amigo todos sus dramas existenciales. Le sugiere el amigo: «Y por qué no vas a un psicoanalista». «¡No -le responde el amigo- con los problemas que tengo!».

La corrupción argentina, que ya es una figura folclórica, llega así al Vaticano. Porque Bergoglio tiene muchas sombras en su pasado. De ellas, la de que hay bastantes indicios de que fue cooperante con la última dictadura militar.

Una parte de la ciudadanía habla más en la actualidad de laicismo. Parece que “anticlerical” es una definición en desuso. ¿Laicos, ateos, agnósticos?

No sé si estará en desuso, pero tiene un significado distinto al de laico, ateo o agnóstico. Anticlerical es una postura beligerante contra el clero, es decir, contra los sacralizados por dios para ocuparse del rebaño de feligreses y los que tienen la papa (expresión argentina que significa los que tienen la verdad en algo) de lo que es y no es el tal dios y de lo que quiere y no quiere de nosotros. Por lo tanto, dios no tiene nada que ver con este fregado.

Hablemos de tus cuentos anticlericales, o “divertimentos”, como los has querido llamar…

Comencemos por el principio. Cuando escribí el primer divertimento de este volumen, la levitación de Sor Clarisa, en el que una señorita de familia pudiente entrega su vida a las mayores aberraciones… Bueno, pero no voy a contar toda la historia. El que quiera enterarse, que compre el libro. Lo que quiero decir, que me despisto y pierdo, es que ese divertimento se lo mostré a mi amigo el escritor y editor Manuel Blanco Chivite, quien se rió mucho al leerlo (espontáneamente, no le pagué para que lo hiciera) y me sugirió que escribiese un libro de relatos anticlericales. Como soy un buen mandado, obedecí.

Bueno, estoy de acuerdo en que te vas un poco “por las ramas” como se dice acá, con tus respuestas. ¿Tus “divertimentos” también?

No, para nada, sólo me voy por las ramas cuando hablo. Es que no hay que dejarme hablar. Mis divertimentos se divierten con las tópicas vidas de los santos, con las santurronas, con la teología, con la fe y con las crisis de fe, con los grandes peregrinajes y con ciertos entretenimientos que tienen los sacerdotes en su misión pastoral.

Pero en dos ocasiones dejo descansar a nuestra Madre Iglesia y me meto con las religiones populares y con aquéllas más acordes a la mentalidad de las clases medias, como el yoga que, aunque en su lugar, la India, no es una religión sino una darshana, en decir, uno de sus seis sistemas filosóficos, trasplantada a la civilización occidental se convierte en un fenómeno particularmente religioso, en el que el fin último no es la “salvación”, sino la “realización”.

Observamos que a dos sacerdotes, en dos de tus “divertimentos”, los llamas José María, ¿no es ésta una alusión al fundador del Opus Dei?

No, para nada, quién puede pensar algo así. Es pura coincidencia.

Después de tus contestaciones está claro que no te preocupa la excomunión

Más me preocupa la comunión, la comunión de los santos. Ya sabes lo dicho de que «entre santo y santa pared de cal y canto». Sería más amplio decir que «entre niño y santo, pared de cemento armado, de doble espesor y con refuerzos». Nada, que la cosa es que no comulgo con la religión católica. Aunque educado en la fe cristiana, pronto, a la edad de doce años, me aparté de ella. Y no me resultó difícil, no pasé por ninguna crisis de fe previa. Fue pura decepción.

¿Y cómo se decepciona alguien de su religión?

Es muy fácil, y le obsequio la fórmula a quien la quiera: para decepcionarse de la religión católica basta con leer los evangelios.

Podríamos pasar horas escuchándote, por interés y porque no hay forma de hacerte callar. Recurres a tu poder de síntesis y ¿nos das unas palabras finales?

Ite missa est.

– Arturo Seeber en LoQueSomos
– Imagen de Miguel Angel Moral

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