El precio de la sensatez centrista

Juan Gabalaui*. LQS. Octubre 2019

No se estimuló el centro para quitar votantes a la derecha sino para desarmar a la izquierda política y social. El objetivo era desactivar a los elementos que pudieran proponer cambios sociales, políticos y económicos

El centro es la indefinición. El PSOE se situó en el centro en la medida en que fue abandonando el socialismo. En esa indefinición le acompañaron millones de personas que se acomodaron sin grandes quejas en la etiqueta centro izquierda. Por la historia pesoista no podían abandonar lo que un día fueron aunque sea solo nominalmente. Pero el centro también es una forma de ocultar. Significamos la palabra con los atributos que nos interesan y nos proclamamos como los auténticos representantes. El centro es moderación, capacidad de diálogo y sensatez. Lejos de extremismos añejos. Se disfrazan de ponderados y debajo del traje se encuentra un nacionalista español. Agresivo e intransigente. Un ciudadano nacionalista español como Rivera o Arrimadas. La vieja derecha también gira hacia el centro cuando por su naturaleza se escoran demasiado al extremo. Una palabra de más de Cayetana o de Ayuso les puede estropear la farsa centrista. Los que no necesitan al centro son los que reniegan de los disfraces, tanto en la derecha como en la izquierda, lo cual refuerza el estereotipo que convierte a las personas que se posicionan ideológicamente en extremistas, insensatos e intolerantes. VOX lo es, sin duda, pero no por ser de derechas sino por ser fascistas.

Este estereotipo fue construido en paralelo a la conversión pesoista en un partido de centro. Se limó el discurso de veleidades izquierdosas y se procuró mantener una higiénica distancia del socialismo excepto para enarbolarlo ante determinadas políticas sociales, que bebían de la lucha de activistas y movimientos sociales, metódicamente enterrados por la propaganda pesoista que se atribuye exclusivamente el honor. La creación de un falso centro moderado y sensato tuvo su punto de apoyo en la determinación de marginar a los partidos y movimientos de izquierda, los cuales fueron asociados al sectarismo y a la agitación y se les invalidó como alternativa de gobierno. Periódicos como El País, muy leído por sectores de la izquierda en los años ochenta, ayudaron a modelar la percepción hacia la izquierda ajena al PSOE, convirtiendo a este en la única y prudente alternativa de gobierno. Las propuestas de otros partidos se desacreditaban, como se sigue haciendo actualmente, por irrealizables, desatinadas o peligrosas. Mientras, las políticas económicas basadas en el neoliberalismo se fueron imponiendo, creando las condiciones actuales de pauperización de la sociedad y la transformación de personas capaces y autónomas en consumidores alienados. El centro sensato junto con la derecha depredadora fueron y son los protagonistas de esta metamorfosis.

La prevalencia del centro se debe entender en relación a la izquierda. No se estimuló el centro para quitar votantes a la derecha sino para desarmar a la izquierda política y social. El objetivo era desactivar a los elementos que pudieran proponer cambios sociales, políticos y económicos contrarios a los intereses del poder económico y político, de marcado carácter conservador y que se resumía en la concepción nacionalista del Estado español y la pervivencia de la monarquía. Lo consiguieron. El vacío ideológico y la confusión en la izquierda no se debió a la desaparición de la URSS sino a la acometida despiadada del capitalismo con la implantación de medidas neoliberales extremas, y la imposición de sus valores y principios mediante la utilización de los reeducadores medios de comunicación. Consiguieron crear un supuesto vacío ideológico con la implantación de la ideología más bárbara y deshumanizada que conocemos. El neoliberalismo no es solo una serie de medidas sino una forma de pensar y de interpretar lo que nos ocurre, priorizando el funcionamiento del mercado y del capital frente a las necesidades humanas. Este cambio en las prioridades convierte las sociedades en fuente de individualismo y soledad y, en consecuencia, provoca el aumento de problemas relacionados con la salud mental como la depresión, trastornos alimentarios o fobia social. No puede ser de otra manera. Nos convierte en simples engranajes que hacen rodar la rueda que permite la interminable acumulación del capital en manos de unos pocos.

De esta manera se reivindica el centro. Es la manera que ha encontrado el capitalismo de domesticar a un sector de la sociedad, con un vacío ideológico que no es tal porque participa de los valores y principios de la ideología dominante, y que se autodefine como sensato y prudente a pesar de apoyar a partidos que defienden programas económicos contrarios a sus intereses. La desregulación económica y financiera, el aumento del precio y alquiler de las viviendas, la demolición de la sanidad y la educación pública, la limitación de derechos básicos como la libertad de expresión, el desvío de la riqueza a manos privadas, privatización, tercerización y subcontratación de los servicios públicos, los salarios miserables, los paraísos fiscales, la contaminación del medio ambiente y un estado represor y coactivo. Este es el precio de la sensatez centrista. El centro ha servido para acoger a millones de personas, damnificadas por la propaganda capitalista, que les ha vendido esta opción como la de los ponderados y juiciosos. Quién no va a querer estar junto con los más formales y serios, los que no se dejan llevar por quimeras y alucinaciones izquierdosas que El País, El Mundo y demás medios de comunicación generalistas han demostrado como irrealizables e insensatas. El centro, el neoliberalismo, el capitalismo depredador con sus múltiples caras.

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