El Reino de España agoniza

Lilith Rojo*. LQS. Agosto 2020

Prospectos como la Constitución que nos otorgamos, dicen que entre todos, que garantiza una serie de derechos sobre el papel higiénico del 78 con los que se limpian sus partes los que abandonan a su suerte a los que sufren…

Bajo la piel joven y tersa, con la que se reconoce el Reino de España en el espejo de la Transición, hierve una infección purulenta y no habrá espejito mágico capaz de evitar la visión del brote de sus pústulas de corrupción. No se tratará de una cuestión estética que se arregle con una pomada de prensa servil, porque quien haya tenido una fístula sabrá que duele mucho y que no se cura hasta que se abre, se limpia y se estirpa el tejido afectado y aún así no te salvas del riesgo de que aparezca de nuevo. Las fístulas que hay que sajar en el estado español son muchas y graves, lo triste es que aunque ya llevamos tiempo sufriéndolas el sistema nos dice que todavía no están maduras para ser tratadas quirúrgicamente y mientras tanto la podredumbre va excavando cavernas de aniquilación de derechos que nos comen por dentro.

Todo esto viene a colación de los esfuerzos de quienes colocando paños calientes sobre los abscesos quieren evitar que estos se abran dejando a la vista el viscoso hedor del período, calificado por los que mueven los hilos como el más glorioso de su España, del reinado del Golfo Pérsico. El reinado de todos aquellos que han detentado el poder político y económico durante la etapa más incuestionable de la historia, ese hito que vino de la ley a la ley, esa ley que ha servido para que la justicia la interprete desde el inmovilismo del todo siga igual por imperativo legal. Ese lapsus histórico de prestigio, reputación y estatus que se han dado entre todos ellos en su oasis democrático de la transición, un espejismo en nuestro desierto de impunidad. Paños calientes como el alegato de inocencia del rey emérito firmado por todos aquellos que temen que su posición y su crédito tambaleé con la caída del monarca y la desestabilización de la corona. Cosas que pasan cuando la procesión de la enfermedad va por dentro, la fiebre avisa pero quien toma la temperatura ha trucado el termómetro para evitar que nos demos cuenta de la sepsis mortal que se nos viene encima, diciéndonos que los síntomas que padecemos son cosa de los rigores del verano, porque hay que ver el calor que hace este año.

Y la medicina para estos males no deja de ser un efecto placebo que tras un prospecto lleno de buenas intenciones vende una píldora rojigualda de exaltación de las bondades de la patria con mucho excipiente. Prospectos como la Constitución que nos otorgamos, dicen que entre todos, que garantiza una serie de derechos sobre el papel higiénico del 78 con los que se limpian sus partes los que abandonan a su suerte a los que sufren cada día la discriminación, la injusticia, el abuso y la desigualdad. Hay más de una fórmula magistral y más de una norma escrita, pero la mayoría ni curan, ni mitigan el dolor.

Y llegando a la norma, esa que dice una cosa y se interpreta como otra, para controlar que los volcanes de bacterias no entren en erupción bajo la epidermis del estado, decir que se convierte en una norma perversa cuando la aplauden o aceptan quienes venden un código ético, pero compran la falta de moral que implica acatar la ejecución de ésta. Urge un cordón sanitario de honradez y honestidad. Necesitamos con urgencia grandes dosis de antibiótico elaborado y testado por el íntegro laboratorio de los derechos humanos, ingentes dosis de defensas de las libertades y la vacuna definitiva contra el fascismo para poder salvarnos.

Somos pacientes de un estado que se vanagloria de ser adalid de progreso pero tras esa cortina estampada de folklore democrático agonizan nuestros derechos y libertades. Solo hace falta rascar la superficie para ver como en el balneario español y muy español aumentan las agresiones machistas, a personas LGTBI, a personas racializadas, como crece la represión contra antifascistas, republicanas, independentistas, defensores de derechos humanos, desahuciadas sociales, contra la pobreza. No hay camilla capaz de soportar el peso de un Reino tan enfermo. Solo las repúblicas transparentes basadas en el valor de lo público sin listados de quien vive, quien malvive y quien muere, nos sanarán.

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