El rey avergüenza, cuesta caro y maleduca

Por Domingo Sanz. LQSomos.

Hace tres días escuché a Felipe VI allende los mares defendiendo el modelo español de colonización y, como soy de los que ha cruzado el Atlántico por negocios, conozco las ironías que se gastan sobre la “madre patria”. Por eso, no me extrañó que pocas horas antes de su llegada a Puerto Rico unos vecinos de allí derribaran la estatua de Ponce de León. Dice el rey que la expansión del imperio hacia poniente fue un ejemplo, pero digo yo que no para los conquistados, pues a nadie se le ocurrió copiar monarquías por aquellos pagos.

Mientras tanto, la prensa más leída de aquí subtitula la noticia iconoclasta destacando que el viaje coincide con el día en el que afloran los cuernos, según la novena acepción de la RAE para esas protuberancias, de quien las redes se ríen sin descanso porque cuentan que ha recuperado la memoria y quiere más cárcel para el mismo que sigue siendo su marido.

Hablando de costes, y a pesar de que los fallecidos por el virus y por sus efectos colaterales ayudan a reducir el gasto público, pues son muchos los que dejan de cobrar la pensión, España batirá en 2021 su récord anterior, el de principios del siglo XX, de deuda externa en porcentaje sobre el PIB.

El mucho daño que esto hace a la economía justifica por sí solo cerrar la Zarzuela y convertir en normal esa familia todavía “Real” para ahorrar gastos suntuarios y porque, a fin de cuentas, Felipe VI no tendrá que irse a dormir bajo un puente o a unas chabolas de las que no tienen luz ni para poder respirar y mirar al mismo tiempo cuando cae la noche, que es lo que sí les está pasando a algunos jóvenes que ya no cuentan con la ayuda de los abuelos de sus hijos. En cambio, hay tal descontrol sobre los millones que presuntamente robó el emérito que lo más probable es que España nunca pueda recuperar ese dinero. Y no solo porque se lo esté gastando con los abogados más caros para defenderse de una antigua amante que se sintió perseguida por el CNI que también pagamos entre todos.

Y también maleduca Felipe VI porque al sistema le cuesta exponer la verdad sobre una jefatura del Estado que, además de sus inconfesables pasados, el inmediato, el lejano y aquel instante en medio al que nadie le ha practicado la autopsia porque los que mandan amenazan con descargar la Ley (franquista) de Secretos Oficiales contra cualquiera que investigue, disfruta también de un presente inviolable y, por tanto, puede hacer lo que le dé la gana.

Por eso, aunque estemos en 2022, puede usted revisar el que quizás sea el libro de texto de 4º de ESO más utilizado en las aulas y comprobará que en su Glosario no menciona lo de los genes como elemento esencial de los tres tipos de monarquía que generosamente describe porque, quien sabe, puede que lo del ADN para vivir de los impuestos no sea algo de lo que estar orgulloso.

Pero decía lo de la generosidad porque el citado Glosario describe un total de 108 términos histórico políticos y, en cambio, se muestra especialmente tacaño con la verdad contraria, a pesar de que sea mucho más grande. Si abre usted la página de la letra “R”, comprobará que no aparece ni una sola vez la palabra “República”.

“Errores” educativos que hay que corregir con urgencia y que quizás no se habrían producido si hubiéramos decidido ser como la mayoría. Por ejemplo, cuando nos europeizamos, allá por los años 80, tan “socialistas” de Felipe como éramos entonces. En esta Unión Europea a la que tanto nos gusta pertenecer hay casi cuatro repúblicas por cada monarquía de las que resisten.

El libro de ESO, tan militante monárquico que hasta borra lo contrario para no ayudar a que la adolescencia sepa que existe, es de la Editorial Santillana.

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Imagen cabecera: Montaje gráfico de Alejandro Pacheco

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