El señor de las 12 balas

Juan Gabalaui*. LQS. Abril 2021

El alimento de la extrema derecha son los medios de comunicación que ofrecen sus espacios para la difusión de un ideario contrario a los derechos fundamentales…

Tenía un auricular en una oreja y mantenía una conservación con alguien del más allá. Andaba este señor de un lado a otro, moviendo los brazos, y no paraba de repetir ¡el ministerio del Interior! ¡12 balas! Se movía entre las personas que iban y venían por la Puerta del Sol de Madrid mostrando asombro e incomprensión. ¡Una carta al ministerio del interior! Me lo quedé mirando. Sus movimientos eran hiperbólicos, excesivos. Parecía una persona con cierto desequilibrio mental. Seguí caminando y me fijé que estaban montando una mesa informativa del Partido Popular, con la imagen de Ayuso y la palabra libertad sobre fondo azul, a los pies de la estatua ecuestre de Carlos III. Al cabo de un rato el señor se acercó a la mesa y comenzó a departir amistosamente con los allí presentes. Formaba parte del grupo de militantes populares. No era un loco. Era un militante de la derecha ayusiana. Estar loca es una cosa seria y, por supuesto, no es motivo de descrédito de nadie. Detrás de un problema de salud mental hay sufrimiento y dolor. Durante mucho tiempo se ha utilizado esta expresión como una forma de denigrar a una persona, especialmente si es mujer, y desacreditar sus ideas. El acrónimo IDA de Isabel Díaz Ayuso ha servido para despreciar a su persona fruto de la frustración de que maneje el poder. Pero sobre todo ha servido para ocultar lo que realmente es. Díaz Ayuso es una liberal extrema. No es una loca. Es una libertariana. Decir que está loca lleva a discutir sobre la superficialidad de sus declaraciones y propuestas y no sobre las implicaciones reales de sus propuestas y acciones de gobierno.

El señor de las 12 balas mantenía una conversación en la que ponía en duda las amenazas de muerte al ministro del interior, la directora de la Guardia Civil y al candidato de Unidas Podemos. La repuesta de la extrema derecha, y no tan extrema, ha sido cuestionar que haya sido posible y enmarcarlo como un montaje. Esta estrategia sirve para convertir una acción reprobable en una artimaña política de un partido y un político [Pablo Iglesias] que estimula los más bajos instintos de la militancia derechista. Se descarta el rechazo a las amenazas de muerte y aparece el discurso de odio, centrado en Iglesias, con insultos como rata chepuda y comentarios machistas con los que se mofan de que haya denunciado públicamente las amenazas, llamándole llorón o haciendo memes en los que aparece la cara de Iglesias acoplado al cuerpo de Rocío Carrasco, una mujer que está denunciando la violencia de género ejercida por su expareja. La beligerancia de la extrema derecha se basa en un análisis de realidad distorsionado. Se podría decir que millones de personas, votantes de VOX, creen en una realidad que no existe. Esta realidad es la de la amenaza comunista, la del gobierno socialcomunista y sus variantes. Las realidades inventadas construyen la mirada y llevan a interpretar lo que ocurre en base a criterios inexistentes. Consideran al comunismo tan peligroso que vale cualquier cosa para luchar contra ello. Luchan contra un fantasma, un ser imaginario que solo existe en sus cabezas. Esto ni siquiera es locura. Se llama histeria colectiva. Este fenómeno explica sus comportamientos irracionales y las opiniones disparatadas que llevan a pensar, a quienes los observan, que estas personas están locas.

El éxito del fascismo radica en su normalización, en la participación pactada en espacios públicos y en un tratamiento equiparable a cualquier otra fuerza política que defienda planteamientos políticos legítimos

Pablo Iglesias se marchó de un debate radiofónico cuando la candidata del partido ultra VOX, Rocío Monasterio, contestó de forma chulesca ante la petición de retractación por su cuestionamiento de las amenazas de muerte. La moderadora y el resto de participantes continuaron el debate hasta que, finalmente, estos últimos decidieron abandonar el estudio. Este gesto ha generado un debate sobre cómo se puede responder a estas provocaciones de la extrema derecha. Una opinión es que no tenía que haberse ido porque las demócratas dialogan. Esta opinión tiene una base ingenua: al fascismo se le combate desde el diálogo. Es verdad que el diálogo es importante pero no para debatir con la extrema derecha. Contra esta hay que denunciar, desmontar, desarmar y rechazar. No hay nada que dialogar con un partido que cuestiona la violencia contra las mujeres o ataca a menores de edad vulnerables por su procedencia extranjera. No hay nada que debatir contra un partido que pide eliminar del código penal la expresión motivos racistas y antisemitas en la definición de los delitos de odio o pretende prohibir partidos que defienden legítimamente posturas independentistas. Construir un marco de diálogo con la extrema derecha alrededor de temas relacionados con derechos humanos y fundamentales es construir una realidad en la que se puedan violentar. El diálogo con la extrema derecha abre el camino a que determinados colectivos y creencias políticas legítimas puedan ser reprimidas y perseguidas. Esta es la naturaleza de la extrema derecha. No otra. Otra opinión es que la sobrerreacción ante acciones de VOX favorece a este partido ya que puede presentarse como agredido o perseguido. En realidad todas las acciones de este partido deben ser respondidas. Sin excepción. Cuando van a un barrio, hay que protestar por su presencia. Si acuden a una televisión o a un programa radiofónico, hay que protestar por su presencia. No se puede normalizar su presencia en espacios comunes. Esto no tiene que ver con la libertad de expresión sino con la lucha por los derechos fundamentales. Si se da un paso atrás en esta lucha, colonizarán los espacios en los que podrán dejar su semilla. Se harán cada vez más presentes.

El alimento de la extrema derecha son los medios de comunicación que ofrecen sus espacios para la difusión de un ideario contrario a los derechos fundamentales. Lo que les da vida es que los periodistas enmarquen lo sucedido en el programa radiofónico como un enfrentamiento entre Unidas Podemos y VOX. Este planteamiento es muy similar a cuando se producen agresiones fascistas a personas de izquierda. Se presentan como un enfrentamiento entre radicales de izquierdas y de derechas, o entre bandas juveniles. Podríamos decir que la sociedad española no se caracteriza por su antifascismo y los medios de comunicación son un reflejo de esto. El antifascismo tiene un carácter popular limitado al sector de la izquierda que, tradicionalmente, ha sido perseguido y reprimido. En el estado español no triunfó el antifascismo sino el fascismo y esta realidad histórica tiene una influencia directa en los acontecimientos actuales. También es uno de los motivos de que el anticomunismo sea un elemento vertebrador del discurso derechista. Forma parte de la herencia del fascismo español. La complicidad de algunos medios y la equidistancia de la mayoría da alas al crecimiento de la extrema derecha. Lejos de elogiar la lucha contra las posiciones reaccionarias, la criminalizan y convierten en víctima a los miembros y partidos ultras. No es la reacción de las antifascistas la que favorece su victimismo sino el tratamiento informativo. Si no se les invita a un espacio de debate, se genera un debate sobre la libertad de expresión cuando el debate está en si se tiene que proporcionar un altavoz a ideas que vulneran derechos básicos. Y en el caso de que participen, expulsarles del espacio cuando defiendan tales ideas. La ultraderechista Rocío Monasterio debió ser expulsada inmediatamente del programa radiofónico de la misma manera que se expulsa de los espacios comunes a las agresoras, machistas y violentas si no tienen una voluntad explícita de rectificación y renuncia de tales acciones.

El éxito del fascismo radica en su normalización, en la participación pactada en espacios públicos y en un tratamiento equiparable a cualquier otra fuerza política que defienda planteamientos políticos legítimos. Así han empezado a formar parte de gobiernos en la Unión Europea y en otros países occidentales. Si partidos de naturaleza reaccionaria están normalizados, ¿qué les va a impedir alcanzar el poder? En Italia no solo han gobernado sino que, actualmente, se alían con un neoliberal como Mario Draghi, con ministros provenientes de un partidos extremista como La Liga de Salvini. Esta alianza entre sectores liberales y fascistas es la medida de la deriva hacia una sociedad cada vez más precaria en cuanto a derechos y libertades. Italia, probablemente, sea un ejemplo de lo que no se debe hacer. VOX ha ido avanzando con la complicidad de los medios, políticos y partidos de la derecha y con la equidistancia de los centristas confundidos y la izquierda acomplejada temerosa de que la llamen violenta y liberticida. Ha encontrado un ambiente idóneo para su crecimiento. Pero los medios, que lo han normalizado, nos dicen que no es porque ellos se hayan convertido en el altavoz de sus ideas sino porque el antifascismo, convertido de forma interesada en el otro polo extremista, alimenta a los ultras con su oposición activa y su denuncia pública. Así la lucha contra el fascismo es criminalizada mientras el discurso de la extrema derecha se difunde sin apenas resistencia. Ante el fascismo y, no olvidemos, su alianza con los liberales no caben medias tintas. Se les enfrenta o te devoran. Más vale que vayamos tomando nota.

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