El viaje del emperador

Por FAI*. LQsomos.

Análisis del Frente Antiimperialista Internacionalista (FAI) sobre las reuniones del Presidente de los EEUU el 24 de marzo en Bruselas, con el Consejo Europeo, la OTAN y el G7

Tres instituciones que representan grandes poderes supranacionales del mundo occidental, Parlamento Europeo, OTAN y G7, se reúnen en Bruselas para recibir al presidente de los EEUU Son todas reuniones extraordinarias demandadas por este país para tratar el conflicto de Ucrania, pero sobre todo para asegurar el cerco a la Federación Rusa.

La diligencia y disciplina con la que han actuado estas instituciones es digna de resaltar. Pero no es nada extraño si tenemos en cuenta que, en realidad, casi todos los miembros de estas instituciones son miembros de la OTAN.

El Consejo Europeo reúne a la mayoría de los países europeos y a su vez casi todos pertenecen a la OTAN, bien entendido que éste es un organismo consultivo, constituido por los Jefes de Estado y de Gobierno, pero que las decisiones se toman en la Comisión Europea, es decir, se trata de un buen escenario pero nada más.

La OTAN tiene prevista una cumbre para los días 29 y 30 de junio en Madrid. Hacer ahora una cumbre extraordinaria sobre el conflicto de Ucrania, que no es un país miembro de la UE, ni de la OTAN, pone de manifiesto que en realidad es un conflicto de la OTAN con la Federación Rusa.

El G7 agrupa lo más selecto de las potencias occidentales: EEUU, Reino Unido, Canadá, Alemania, Francia, Italia y Japón, y del que Rusia salió en 2014, tras el golpe de estado en Ucrania. En este momento este grupo de países, que pretenden dirigir al mundo, han anunciado que “seguirán” a Biden y romperán el acuerdo de “trato comercial afín” que tienen con Rusia, al mismo tiempo que le cerraran la financiación en las instituciones económicas internacionales.

El acoso militar a la Federación Rusa, integrando a la OTAN a 13 países del este europeo, la mayoría siguiendo el manual de las revoluciones de colores, y promoviendo un golpe de estado y una guerra civil en Ucrania para eliminar a la población rusa, es una estrategia que tiene como objetivo debilitar a Rusia (un inmenso país) para fraccionarlo y apropiarse de sus recursos, un “sueño” que el nazi británico Winston Churchill enuncio como: “Imponer a Rusia la voluntad de EEUU y del Imperio Británico”.

Alcanzar ese objetivo requiere debilitar ese país y el camino que se está siguiendo es el clásico del manual imperialista: Criminalizar, Aislar, Destruir. Para recorrer ese camino se ha necesitado sacrificar un peón: Ucrania y someter a Europa para que renuncie a sus intereses y acepte el papel que le ha asignado el eje anglosajón.

La criminalización de Rusia comienza en el mismo momento que inicia el proceso de reconstrucción de la identidad nacional y deja de estar plenamente sometida a la voluntad de occidente. La criminalización se ha extendido desde el ámbito político al institucional, al académico, al cultural y al comunicacional, una extensa red que ha trabajado durante años para construir una imagen de la Federación Rusa que la convirtiera en un ente criminal que debería ser eliminado. Sin ninguna duda, esa fase ha sido completada con éxito en el entorno OTAN y continua desarrollándose, alimentada por la propaganda de guerra.

El proceso de aislamiento es más complejo porque requiere romper los vínculos de buena vecindad y cooperación ya establecidos; el comercio entre la Federación Rusa y Europa se ha desarrollado a pesar de la campaña de criminalización, sobre todo en el campo de la energía, con proyectos conjuntos de interés común tan importantes como el gaseoducto Nord Stream 2.

El acoso militar y las sanciones de EEUU y la OTAN a la Federación Rusa siempre han estado orientados en la misma dirección. El ejemplo más claro es el del NS2, boicoteado sistemáticamente por EEUU y hoy día terminado; pero lo que se pretende es que jamás llegue a funcionar, a pesar de la inversión realizada por Europa y de los beneficios que aportaría.

Todo parece indicar que el aislamiento de Europa a Rusia será efectivo en buena medida y que la rusofobia permanecerá por tiempo, aunque con todas las transformaciones que supondrá la reordenación capitalista ya en marcha, es difícil aventurar escenarios a medio y largo plazo.

EEUU pretende que ese aislamiento sea secundado por la mayor parte de los países y no ha dudado en amenazar a quien no lo haga. Jake Sullivan, asesor de seguridad nacional de Biden dijo: “no queremos que ningún país compense a Rusia por sus pérdidas”; Ned Price, portavoz del departamento de estado de EEUU que “cada país del mundo se exprese claramente sin ambigüedad”.

A pesar de estas amenazas públicas y las que se hacen país a país, las respuestas no han cumplido las expectativas de la casa blanca, sobre todo en el caso de China. Representantes EEUU y China se han reunido durante 8 horas en un intento de que China se uniera a la condena, pero este país ha insistido en su apuesta por la paz, la comprensión de la acción rusa y de que no participará en las sanciones.

Además, en este corto periodo de tiempo, han aparecido grietas en el discurso ideológico cultural que contiene la propaganda de guerra occidental, grietas por las que emergen las contradicciones, las incoherencias, la hipocresía y el cinismo superlativo que contiene el discurso monocorde occidental.

La diferencia de trato a los refugiados Ucranianos, frente a los de otros orígenes, especialmente a los africanos, pone en evidencia, no solo una moral tendenciosa, sino que se trata de una puesta en escena con fines propagandísticos. Oxfam ha denunciado recientemente que los fondos de asistencia a otros países se están desviando a Ucrania; 50% en Timor Oriental y Burkina Faso, 70% en África Occidental y otros; en esta dinámica, si no se aprueban presupuestos adicionales, se calcula que Ucrania recibirá el 40% del presupuesto total ya asignado. El Ministerio de Desarrollo de Dinamarca lo expresaba así: “decisiones difíciles, hacer cambios y prioridades” “retraer o cancelar programas de otras crisis”. Oxfam, en referencia a Yemen, Siria y África Occidental dice: “no deben ser penalizados ni pueden pagar un precio por nuestra obligación de atender al pueblo de Ucrania” y añaden: “rechazamos que haya que elegir entre ayudar a una persona refugiada de Ucrania o una agricultora somalí hambrienta”. Es difícil ignorar las escenas de generosidad con los refugiados ucranianos en el estado español sin recordar el reciente apaleamiento de un refugiado subsahariano por cinco policías, por atreverse a saltar la valla de Melilla.

Por otra parte muchos sectores de la población sufren una situación insoportable por la subida de los precios, especialmente de la energía, los combustibles y la alimentación, subidas que ya se iniciaron en los años anteriores. La pregunta es que si no es solo por la guerra, por qué lo es, o si es por la guerra por que la alimentamos gastando recursos en armas en vez de pararla o cuando menos, no participar en ella.

Menos conocidos son los datos sobre la buena salud que goza el mundo financiero con la guerra; la renta variable mundial ha subido el 1% y el S&P el 1,6%; la semana pasada, Wall Streat declaraba las mayores ganancias desde 2020. Sin embargo no parece que la guerra, por si sola, mejore la economía, Zoltan Pozsar asesor del Credit Suisse ha declarado que “cuando termine la crisis (de Ucrania), el dólar estadounidense debería ser mucho más débil y, por el contrario, el renminbi (yuan) mucho más fuerte”.

Lo que todavía no comprende la población, es la necesidad de la guerra para alimentar los intereses de las elites, la necesidad de la OTAN para seguir expandiendo su dominio por el mundo, la necesidad de eliminar los obstáculos que existan en ese camino, y que esos obstáculos solo pueden ser eliminados mediante el uso de la violencia. La OTAN no ofrece seguridad, ofrece beneficios al complejo militar industrial, y dominación y saqueo sobre todo aquello que no esté ya dominado.

Tampoco se comprende que en octubre de 2018 surgió una nueva crisis en el mundo occidental, que su dimensión y consecuencias fue calificada por los grandes centros económicos: Reserva Federal, FMI, Banco Central Europeo, como sistémica, estructural y a largo plazo,; que poco después el Foro de Davos anunciaba el Gran Reset, el comienzo de un nuevo ciclo que cambiaría profundamente el funcionamiento de la economía para poder seguir alimentando los intereses de las elites. No se ocultaba que eso requeriría “un gran esfuerzo” por parte de la población; uno de los primeros ejemplos ha sido la reorganización de la banca, que ha tenido como resultado 18.000 despidos, que el trabajo lo asuman los usuarios y un servicio prácticamente nulo.

Nada de esto es ajeno al conflicto provocado por la OTAN en Ucrania. La Federación Rusa cuenta con los recursos que Europa necesita, pero eso fortalece a ambos en detrimento de los EEUU y Reino Unido, que pierden influencia en la zona, fortalece a Rusia y les priva de enormes ganancias al quedarse con el negocio de los hidrocarburos. Una buena jugada para hacer frente al Gran Reset.

Solo si tenemos en cuenta todos los elementos de esta trama, podremos enfrentarnos con éxito a las amenazas del próximo periodo y estaremos en condiciones de entender las razones y objetivos de los encuentros del emperador con sus procónsules europeos. En ese sentido podemos apuntar como objetivos:

Consolidar la unidad bajo el mandato de EEUU a través de la OTAN

Verificar el sometimiento de Europa a la estrategia expansionista y belicista de los EEUU

Consolidar la ruptura de los vínculos de Europa con la Federación Rusa y sentar las bases para que esa ruptura sea perdurable

Materializar la sustitución de los suministros energéticos rusos a Europa por otros suministrados directamente por los EEUU o gestionados por ellos

Consolidar el cerco a la Federación Rusa a largo plazo

Abrir un espacio de guerra permanente en Ucrania a través de terceros países, presumiblemente Polonia y Lituania

Introducir fuerzas paramilitares para desatar el terror en la zona y al interior de la Federación Rusa.

Cualquier otra acción que permita perpetuar la guerra y mantener un estado de tensión permanente que ayude a justificar las penurias del próximo periodo.

Tratar de perpetuar la unidad del bloque occidental bajo la disciplina de la OTAN.

Sin embargo el aislamiento de la Federación Rusa es incompleto, sobre todo porque supondrá un incremento notable de los intercambios con China que hará a los dos más fuertes. Y no solo China: también la India, Paquistán (que proyecta un oleoducto desde Rusia) e incluso Emiratos Árabes y Arabia Saudita, que se niegan a aumentar la producción de petróleo a la orden de EEUU y ya están negociando el uso del yuan, en lugar de dólares, para sus intercambios.

Rusia ha demostrado ser leal con sus socios y estos, en su gran mayoría, se niegan a aceptar las presiones para adoptar las sanciones. En África, Latinoamérica y Oriente Medio son muy pocos los países dispuestos a aplicarlas. Canadá está reculando en la imposición de sanciones. En total, los países agresores a Rusia, la llamada “comunidad internacional“, representa poco más que el 11% de la población mundial.

La consecuencia de todo esto es el debilitamiento del dólar y el euro y la ampliación del efecto boomerang de las “sanciones”: devaluación, inflación, desabastecimiento y contracción económica en occidente.

* Frente Antiimperialista Internacionalista

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