El virus SARS-Cov-2 es una especie invasora más difundida por el ser humano

Fco. Javier Fernández San Juan*. LQS. Abril 2021

La aparición de una especie invasora destructiva y muy eficaz en su expansión (virus SARS-Cov-2) altera de forma definitiva el equilibrio del ecosistema (cuerpo humano) invadido pues no encuentra otros elementos que la controlen

La situación creada en el mundo por la pandemia debe ser valorada desde el punto de vista ecológico, huyendo de los análisis simples. La crisis es de tal complejidad que no permite un único análisis. Vayamos, en primer lugar, al origen.

Partiremos pues del hecho de que hace 10.500 años, pasadas las últimas grandes glaciaciones, los ecosistemas comenzaron a evolucionar hacia una configuración de equilibrio inestable, llegando a alcanzar seguramente, el máximo de especies conocido y con una distribución espacial determinada. Poco a poco las diferentes especies se fueron desarrollando dentro de la nueva organización en la que todos los organismos estaban sujetos a un control mutuo, dentro de unos límites geográficos más o menos precisos. Entre las especies ya evolucionadas, se encontraban los virus que se habían formado antes que ningún otro ser vivo hace miles de millones de años. Por sus características especiales dependen para su desarrollo y reproducción de otros organismos superiores que los mantengan. Dicho de forma coloquial: no tienen vida autónoma y por ello se denominan parásitos obligados. Su estructura es muy simple y tienen una capacidad de invadir otros seres vivos muy superior al resto de los microorganismos (hongos, bacterias, etc.).

Así pues, los virus considerados como especies parásitas, ocuparon también su propio nicho y su enorme grado de adaptación les ha permitido evolucionar a través de miles de millones de años, superando cinco extinciones masivas de flora y fauna.

En condiciones normales, viven adaptados a un ambiente estable que les facilitan sus portadores (órganos de los individuos donde se desarrollan).

Analicemos ahora lo que son las denominadas especies invasoras. El calificativo “especie invasora” se suele aplicar a una serie de ejemplares que colonizan ecosistemas alejados de aquellos que proceden, pero que al no encontrar especies o condiciones que limiten el desarrollo de sus poblaciones, se desarrollan sin freno creando numerosos inconvenientes. La expansión de las especies invasoras se ha debido fundamentalmente a las actividades humanas. Existen en España numerosos casos bien conocidos como la cotorra argentina, el jacinto de agua, el mejillón cebra, el mapache etc.

El virus SARS-Cov-2 ha sido en realidad una especie invasora que ha vivido siempre dentro de especies resistentes que lo admiten como huésped. Su hábitat ha sido con toda probabilidad, siempre el cuerpo de un mamífero (quirópteros, entre otros). La progresiva ocupación humana de los habitas de dichas especies ha posibilitado su expansión, seguramente mediante una especie intermedia que ha hecho de puente. No se trata pues de un castigo divino ni de algo que suceda de forma espontánea, es algo normal dentro de la circulación de especies: la colonización subsiguiente de nuevos espacios vitales, sobre todo desde principios del siglo XX, fenómeno enormemente potenciado por las poblaciones humanas.

En determinadas condiciones y mediante la exploración de nuevos hábitats (seres vivos de diversas especies portadoras en el caso de los virus) llevados por el desafío que supone su supervivencia, invaden ambientes desconocidos pero enormemente favorables para su proliferación. En dichos ambientes (cuerpo humano, por ejemplo) al no existir otros mecanismos que los controlen o sean estos ineficaces, se desarrollan de forma muy rápida, ocasionando efectos patológicos que pueden llegar a ser letales. Dan lugar a lo que se conoce como zoonosis. Son enfermedades como el ébola que afectan gravemente al ser humano pero que son de origen animal.

La aparición de una especie invasora destructiva y muy eficaz en su expansión (virus SARS-Cov-2) altera de forma definitiva el equilibrio del ecosistema (cuerpo humano) invadido pues no encuentra otros elementos que la controlen.

La salida de los virus de su ambiente (especie portadora mediante) se ha producido por la presión humana y su expansión se debe a las personas portadoras que han sido infectadas, sean o no sintomáticas. Una vez infectados los primeros individuos, la extrema movilidad a nivel mundial asociada a unas pautas conductuales determinadas, han dado lugar a la pandemia de COVID-19.

Dentro de la evolución previsible, y debido a la selección natural, una vez que se desarrollan dentro de una nueva especie hospedadora, van evolucionando hacia formas menos letales (si muere el hospedador muere el parásito invasor), pero a veces más invasivas, que le permiten mantenerse en ese nuevo medio, de forma que llegan a convivir con el hospedador.

Se da la paradoja de que la especie humana lucha para controlar las especies invasoras como el virus SARS-Cov-2 y paralelamente, ayuda de forma determinante a su expansión. Esto lo vemos todos los días en el caso de la actual pandemia, pero es algo que no debe extrañarnos, pues el ser humano es la única especie que destruye los hábitats o altera sus condiciones ambientales a sabiendas, ya que, con toda probabilidad, somos los únicos seres vivos que tenemos la facultad de imaginar y hasta asegurar lo que va a suceder en un futuro inmediato, y aun así desarrollamos esa conducta destructiva.

Con estas reflexiones es fácil concluir que es previsible que aparezcan nuevas invasiones de especies no deseables para el ser humano y que estas no sean fáciles de controlar. Lógicamente, los virus están dentro de las especies potencialmente invasoras que presentan mayor riesgo para la especie humana, aunque no sean las únicas.

Además, los enormes cambios que a corto y medio plazo van a afectar a nuestro entorno debido a las alteraciones climáticas y al deterioro de los ecosistemas, hacen temer que los fenómenos arriba descritos (salto invasor e invasión descontrolada) se vayan a producir con mayor frecuencia que en el pasado reciente. La cuestión que se nos plantea es si la especie humana va a ser capaz de reaccionar de forma adecuada para evitar estos fenómenos adversos.

* Fco. Javier Fernández San Juan es Biólogo y Veterinario, Doctor en Ecología y consultor de la FAO.

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