Elecciones y cambio político

leemos149Xavier Caño Tamayo*. LQSomos. Enero 2015

“Cuando un gobierno usurpa las libertades, se corrompe o conduce la sociedad de modo distinto al que ha prometido, la resistencia y la desobediencia ciudadanas están plenamente justificadas”

En 2015 tendrán lugar elecciones municipales, regionales y generales en el Reino de España. En las encuestas de intención de voto, la nueva formación política Podemos se afianza como una de las que serían más votadas y, últimamente, la más votada. Si a esto se suma que el partido griego Siryza aparece como vencedor de las próximas elecciones griegas, algunos analistas ya predicen un panorama de cambio en Grecia y España y tal vez en Europa después.

Sin embargo, como afirma el diputado de Izquierda Unida Alberto Garzón, “pretender transformar la sociedad solo por unas elecciones, no es ilusión, es ilusionismo“. Aserto que completa la reflexión de Juan Torres de que “es necesario obtener buenos resultados en las elecciones, que no pueden ser un fin en sí mismo, pues solo estar en las instituciones puede ser ineficaz y frustrante si no hay un poder popular de la gente organizada desde abajo en constante movilización”.

La mayoría ciudadana, especialmente la clase trabajadora, ha de tener muy presente que un cambio real no se logra solo con un buen resultado electoral. Porque cambiar significa acabar con los desmanes e injusticias institucionalizados por la acción gubernamental durante años. Porque esas acciones u omisiones gubernamentales han convertido pobreza, desigualdad y recorte de libertades en elementos centrales de la situación económica, social y política del país.

Cambiar la política, la economía, el país, es ardua tarea que no se resuelve solo con mayoría parlamentaria, aunque ésta sea imprescindible. Porque no se trata de gobernar como siempre, pero mejor que PP y PSOE (que no es tan difícil), sino de terminar con el régimen monárquico bipartidista. Y hay que hacerlo desaparecer porque, como ha reiterado Pérez Royo, ese régimen del 78 no es una restauración de la democracia, como se proclama, sino una restauración de la monarquía con formas democráticas, que no es lo mismo. Hay que conseguir democracia de verdad, no solo formas democráticas. Y para lograrlo, además de mayoría parlamentaria, es imprescindible la movilización masiva de conciencias. Pero esa conciencia crítica colectiva no se logra por ganar elecciones. Se ganan elecciones si ha habido una movilización masiva de conciencias. Gramsci tenía razón al escribir que “la conquista del poder cultural es previa a la del poder político”. Poder cultural que es la hegemonía de la libertad, justicia, solidaridad y cooperación para que los derechos de la inmensa mayoría sean prioritarios. Pero para que primen los derechos de la inmensa mayoría es preciso un cambio profundo, una revolución democrática. Es establecer una democracia de verdad y no autoritarismo maquillado de formas democráticas; libertad de expresión con verdadero derecho a la información y no mayoría silenciada; servicios públicos en vez de salud, educación y pensiones como mercancía; economía productiva al servicio de la mayoría y no especulativa para las élites… y, muy especialmente, participación ciudadana. Porque democracia es más, mucho más, que votar cada cuatro años.

Alexis Charititsis de Syritza concreta por dónde ha de caminar una democracia que necesariamente ha de ser participativa para ser democracia real. Es necesario un sistema con derecho de revocación, consultas públicas, referendos, auditorías cívicas, consejos de trabajadores, comisiones ciudadanas… para cambiar las reglas de juego. Otras reglas que no sean reformar y parchear la actual Constitución (como quiere el PSOE, por ejemplo), sino redactar otra Constitución de abajo hacia arriba como reivindican los movimientos ciudadanos, sociales y la izquierda que merece tal nombre. Una Constitución que dé verdadero poder a la ciudadanía, que garantice la justicia social, que recupere libertades y las afiance. Y también que resuelva cuestiones pendientes, como el inaceptable trato de favor a la iglesia católica o investigar los crímenes del franquismo, procesar a los culpables y ofrecer reparación a las víctimas de la dictadura.

Parece difícil, pero se puede y hay esperanza. Como decía Nelson Mandela, siempre parece imposible hasta que se logra. Y él tenía experiencia en lograr lo que parecía inalcanzable.

El filósofo John Locke escribió que “cuando un gobierno usurpa las libertades, se corrompe o conduce la sociedad de modo distinto al que ha prometido, la resistencia y la desobediencia ciudadanas están plenamente justificadas”. Con la ciudadanía resistente, movilizada y organizada, además de ganar las elecciones, se pueden cambiar las cosas.

* Periodista y escritor, @xcanotamayo (CCS)

Un comentario en “Elecciones y cambio político

  • el 27 enero, 2015 a las 22:02
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    Algunos comentarios sobre el resultado electoral en Grecia apuntando a España.

    – no conocemos si el sistema electoral es también la ley Dont.

    -el hecho de que a la lista más votada se le sume 50 escaños, es un regalo que nos parecería injusto en España, pero si el juego ha sido en esas condiciones anteriormente, pues así debe ser, aunque creo que los sistemas deben ser lo más proporcionales posibles.

    -nos gustaría que hubiese un contagio a la situación española, (PODEMOS + IU — IU+PODEMOS) pero me parece que hay algunos inconvenientes a tener en cuenta:

    Los nacionalismos periféricos de izquierda, (parece que en Grecia no existen los nacionalismos regionales) con los que habría que hacer un esfuerzo para que dejasen el derecho a decidir para una posible reforma constitucional (a desarrollar en la próxima legislatura) y acudiesen en sus respectivas comunidades, unidos con las izquierdas estatales. (izquierda del PSOE) en estos momentos lo prioritario es lo económico-social.

    -los comportamientos abstencionistas del movimiento libertario (CNT poca base social-CGT, mas base social) actitud que deberían repensarse.
    -el PSOE debe ser un elemento a batir, en la medida en que siguen manteniendo su discurso tradicional de que «somos la única izquierda posible» sin querer contagiarse con el barro de la calle y sin entrar al debate de un posible programa alternativo (paraísos fiscales, tratamiento de la deuda pública, BCE).
    -la izquierda tradicional IU, y PODEMOS (nueva izquierda-izquierda travestida) aunque los comentaristas de la COPE, Intereconomia no se lo tragan, (dicen que son marxistas, leninistas, stalinistas, de toda la vida) no deberían concurrir por separado, (mismas circunscripciones, con distinta marca diciendo lo mismo) y aquí quien más responsabilidad tiene es PODEMOS, que parece que siguen empeñados en presentarse con marca propia, lo que dificulta el posible triunfo electoral. Por lo que defiendo como estrategia obrera, no acudir a la manifestación del 31 de enero de PODEMOS, (lo mismo que en la plaza de Neptuno todo lo que había no era 15M, podemos debe saber que en la últimas manifestaciones unitarias, todo no era PODEMOS) para que si se dan cuenta, entren en una vía más reflexiva y de entendimiento de cara a las elecciones generales. Y aquí el padre Anguita debería mojarse algo más de lo que lo hace. Y por qué no, Juan Torres (economista).

    -y nos quedan los sindicatos de medio pelo, o medio burgueses de clase (UGT-CCOO). Si toda la UGT por el derrumbe del PSOE se queda sin referente político, y parte de CCOO, lo más acertado por parte de las bases seria, adelantarse y pedir un CONGRESO EXTRAORDINARIO DE UNIFICACIÓN SINDICAL, (antes de las elecciones generales) con invitación a todo lo que se mueve organizativamente en el campo de la izquierda, con unas premisas de partida de autocritica. Critica de la economía de mercado -sí- critica de los fracasos de las economías alternativas, ¿porqué? y una moral decente de ciudadano solidario. No la fracasada moral obrera de la transición, que como paso por aquí, tonto el último y lo que pueda me lo llevo. (tarjetas blak – EREs en Andalucia) Todo ello para el avance hacia un nuevo modelo social-económico. Si CGT hace una reflexión sobre su abstencionismo (medio pro-participación) y autogestión, no veo ninguna dificultad en convivencia en un sindicato unitario. Pero todo esto requiere más compromiso participativo de lo que respiran las bases. No se puede hacer si no hay una demanda desde abajo, ya que ni por arriba ni por en medio, se ve inquietud por el tema.
    Todo esto me parecen obstáculos, a salvar en la rueda que nos puede conducir a un triunfo electoral para iniciar una vuelta a la tortilla de la situación actual.

    Tenemos un problema, y es que tenemos demasiadas banderas, marcas, siglas, ombligos (mios-nuestros) y muy repetidamente sustituimos el objetivo por el medio.
    se admiten opiniones, adelante con el debate.

    Respuesta

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