Elogio de la locura: de aquellos viejos espíritus endemoniados a la nueva locura neoliberal

Por Eduardo Camín*. LQSomos.

Las problemáticas de salud mental no son ajenas al sistema. Por el contrario, son propias de él, son sistémicas. Como vivimos en un sistema excluyente, las medidas de atención y contención de estas patologías son también excluyentes: el acceso a atención psicológica, tratamientos adecuados, incluso las internaciones, se estratifican como en todo el sistema de salud en general

En un mundo donde la tecnología y la economía han ganado el predominio sobre la política y la cultura, el poeta nos cuenta que “si te sientes débil asustada y sola, quemar tu manos y mojar tu frente, temerosa arrugada frente al mundo, eso es locura”.

Más prosaicamente, la Organización Mundial de la Salud (OMS), señala que un 20% de las personas que pasan de los 60 años de edad sufren algún trastorno mental o neural, sin contar aquellos que se manifiestan por cefalea, y que el 6,6% de la discapacidad en ese grupo etario se atribuye a trastornos mentales y del sistema nervioso. Estos trastornos representan en la población anciana un 17,4% de los años vividos con discapacidad.

La OMS insiste y advierte que la proporción de personas mayores está aumentando rápidamente en todo el mundo. Entre 2015 y 2050 dicha proporción casi se duplicará, pasando de 12 a 22%. En números absolutos, el aumento previsto es de 900 millones a dos mil millones de personas mayores de 60 años. La demencia y la depresión son los trastornos neurosiquiátricos más comunes en ese grupo de edad.

Los trastornos de ansiedad afectan al 3,8% de la población de edad mayor y los problemas por abuso de sustancias psicotrópicas casi al 1%. Asimismo, aproximadamente una cuarta parte de las muertes por daños autoinfligidos corresponden a personas de 60 años de edad o mayores.

No obstante, es frecuente que los problemas por abuso de sustancias psicotrópicas en los ancianos se pasen por alto o se diagnostiquen erróneamente. El personal sanitario y los propios ancianos no reconocen los problemas de salud mental en su verdadera dimensión, y el estigma de las enfermedades mentales propicia que las personas sean aún más reacias a buscar ayuda, sostiene la OMS.

Desde la antigüedad

Las enfermedades mentales han sido reconocidas desde tiempos primitivos. En los propios orígenes de la historia, se destacan antiguos escritos griegos y egipcios que mencionan síntomas que hoy podrían ser considerados como evidencia de enfermedades mentales. De la información disponible podemos concluir que en aquel tiempo se pensaba que la mayoría de las enfermedades físicas y mentales eran causadas por espíritus endemoniados.

De la oscuridad de esos tempranos años emergen las enseñanzas de dos grandes médicos. Hipócrates (c.460- c377 a.C) y Galeno (a.Dc.131-c.201) que rehusaron aceptar que las enfermedades eran causadas por espíritus endemoniados. Y en vez de tratar a los perturbados mentales con encierros, vapuleos y matarlos de hambre, recomendaron aire fresco , relajación y un trabajo adecuado.

No obstante, a lo largo del tiempo, como otros muchos descubrimientos, las clarividentes enseñanzas fueron olvidadas durante la Era Oscura. Por ignorancia y por miedo se ha continuado a proceder de la misma manera en la Edad Media: la gente enferma era ridiculizada y sometida a las formas más crueles de castigo. La famosa caza a las brujas en el siglo XV en Europa incluyó a muchos desafortunados que estaban mentalmente enfermos.

Los factores de riesgo de los trastornos mentales en adultos mayores

A lo largo de la vida son muchos los factores sociales, psíquicos y biológicos que determinan la salud mental de las personas. Además de las causas generales de tensión con que se enfrenta todo el mundo, muchos adultos mayores se ven privados de la capacidad de vivir independientemente por dificultades de movilidad, dolor crónico, fragilidad u otros problemas mentales o físicos, de modo que necesitan asistencia a largo plazo.

Además, entre los ancianos son más frecuentes experiencias como el dolor por la muerte de un ser querido, un descenso del nivel socioeconómico como consecuencia de la jubilación, o la discapacidad. Todos estos factores pueden ocasionarles aislamiento, pérdida de la independencia, soledad y angustia.

Por lo tanto, la salud mental influye a todas luces en la salud del cuerpo, y a la inversa. Por ejemplo, los adultos mayores con cardiopatías presentan tasas más elevadas de depresión que quienes no padecen problemas médicos. Por el contrario, la coexistencia de depresión no tratada y cardiopatía en una persona mayor puede agravar su patología.

Por otra parte, los adultos mayores también son vulnerables al maltrato, sea físico, sexual, psicológico, emocional, económico o material; al abandono; a la falta de atención y a graves pérdidas de dignidad y respeto. Los datos actuales de la OMS, indican que una de cada 10 personas mayores sufre maltrato.

El maltrato de las personas mayores no se limita a causar lesiones físicas sino también graves problemas psíquicos de carácter crónico, como la depresión y la ansiedad. Prejuicios estos, que se agudizan junto con el problema mismo cuando no se accede a atención psicológica de calidad y gratuita, cuando, en resumen, la salud mental se vuelve socialmente excluyente.

Neoliberalismo, desigualdad y depresión: el estado oscuro de las cosas

La experiencia empírica demuestra que la desigualdad es uno de los factores determinantes de la salud de las poblaciones, en especial de la salud mental, también la evidencia científica prevalece en ese sentido, diversos estudios así lo reafirman; a mayor desigualdad mayor prevalencia de los problemas de salud mental.

En este sentido las ciencias económicas señalan que la desigualdad de ingresos parece ser uno de los factores decisivos para determinar la salud mental de una sociedad. Las bajas laborales y las pensiones por enfermedades mentales derivadas de los trastornos mentales comunes, como la depresión y ansiedad, no han dejado de incrementar en las últimas décadas.

Y si para muestra basta un botón, conviene recordar de que en cada crisis del capitalismo, nos permite constatar cómo las adicciones, el sufrimiento psíquico o los suicidios se incrementa en aquellos países en que las políticas de ajuste se han aplicado con mayor violencia.

Pero este conjunto de investigaciones o informes, se basan en los efectos de algo difuso. Poco o nada nos dice de las características y las causas del sufrimiento psíquico de la sociedad neoliberal, que siempre se expresa o se desarrolla en el marco de los discursos culturales dominantes y así sucede en la gobernabilidad neoliberal.

La realidad es que somos personas en una sociedad de clases, ordenada por principios individualistas. Y esta noción de individualismo exacerbado coexiste con una realidad en la que justamente esa individualidad de los sujetos pasa a segundo plano, y es irrealizable como tal. Lo que tiene en común todos estos análisis es que este sufrimiento surge de la identificación con la norma de conducta neoliberal con el propio sistema, en la que el sujeto se pretende definir como dueño de su destino, una empresa de sí mismo , en constante proceso de auto valorización.

No se trata de una ausencia de norma o de límites como se postula con frecuencia desde posiciones neoconservadoras morales, sino un llevar al extremo la norma empresarial y del mercado en la consideración de uno mismo y de las relaciones con los otros.

Los aparatos ideológicos del sistema construyen un ideal de deseo exigente e insaciable, mientras que a través de los años, con la avanzada del neoliberalismo, se redujo cada vez más el nivel de vida de les trabajadores y se condenó a la juventud a la precarización laboral.

De ahí que el consumo de psicofármacos, la inestabilidad mental, la ansiedad, la depresión, la intolerancia al duelo, la frustración y el estrés laboral son consecuencia de todo esto. Muchas veces, esta situación se condensa en un círculo vicioso cuando la patología produce exclusión social -y por lo tanto, muchas veces, desesperanza, miedo-, y puede llevar a la autoagresión, y hasta al suicidio. La propia OMS destaca que cada 40 segundos, una persona se quita la vida.

La atención de la salud mental, otra promesa sin mañana

La OMS organizó en marzo de 2015 la Primera Conferencia Ministerial sobre la Acción Mundial contra la Demencia, con la que se fomentó la concienciación sobre los retos económicos y de salud pública que plantea la demencia y se trató de entender mejor las funciones y responsabilidades de los Estados miembros y de otras partes interesadas, y que llevó a un llamamiento a la acción respaldado por los participantes en la conferencia.

En la misma, la OMS señaló que una buena asistencia sanitaria y social en general es importante para mejorar la salud, prevenir enfermedades y tratar los padecimientos crónicos de las personas mayores. Por lo tanto, es importante capacitar a todo el personal sanitario que debe enfrentarse con los problemas y trastornos relacionados con la vejez.

Para ello es imprescindible proporcionar a los adultos mayores una atención de salud mental eficaz en el nivel comunitario. La misma importancia tiene poner de relieve la asistencia prolongada de los adultos mayores aquejados de trastornos mentales, así como dar formación, capacitación y apoyo a quienes los atienden.

Pero las problemáticas de salud mental no son ajenas al sistema. Por el contrario, son propias de él, son sistémicas. Como vivimos en un sistema excluyente, las medidas de atención y contención de estas patologías son también excluyentes: el acceso a atención psicológica, tratamientos adecuados, incluso las internaciones, se estratifican como en todo el sistema de salud en general.

La OMS organizó en marzo de 2015 la Primera Conferencia Ministerial sobre la Acción Mundial contra la Demencia, con la que se fomentó la concienciación sobre los retos económicos y de salud pública que plantea la demencia y se trató de entender mejor las funciones y responsabilidades de los Estados miembros y de otras partes interesadas, y que llevó a un llamamiento a la acción respaldado por los participantes en la conferencia.

En la misma, la OMS señaló que una buena asistencia sanitaria y social en general es importante para mejorar la salud, prevenir enfermedades y tratar los padecimientos crónicos de las personas mayores. Por lo tanto, es importante capacitar a todo el personal sanitario que debe enfrentarse con los problemas y trastornos relacionados con la vejez.

Para ello es imprescindible proporcionar a los adultos mayores una atención de salud mental eficaz en el nivel comunitario. La misma importancia tiene poner de relieve la asistencia prolongada de los adultos mayores aquejados de trastornos mentales, así como dar formación, capacitación y apoyo a quienes los atienden.

Pero las problemáticas de salud mental no son ajenas al sistema. Por el contrario, son propias de él, son sistémicas. Como vivimos en un sistema excluyente, las medidas de atención y contención de estas patologías son también excluyentes: el acceso a atención psicológica, tratamientos adecuados, incluso las internaciones, se estratifican como en todo el sistema de salud en general.

* Periodista uruguayo acreditado en la ONU- Ginebra. Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

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