En favor del deporte, contra los valores capitalistas

Angel Rojo Santamaría*. LQS. Abril 2021

Cuando se practica un deporte colectivo puede hacerse con diferentes valores u objetivos. Se puede jugar pensando que la finalidad principal es entretenerse en compañía o jugar teniendo en mente que la finalidad principal es ganar.

A menudo, en el deporte, se le da más importancia a ganar que a practicarlo con honestidad. La honestidad nos permite alcanzar el consenso necesario para la realización de cualquier actividad colectiva y cuando ésta falta es necesario introducir un arbitraje que use la autoridad para resolver las discrepancias producidas por la falta de esta honestidad. Es decir que, personas que en vez de ponerse de acuerdo para practicar un deporte por ellas mismas, acuerdan acatar una autoridad mediadora para así poder practicarlo situando el ansia de ganar por encima de la honestidad.

Durante el desarrollo de un partido, quienes forman parte de una jugada muchas veces saben lo que ocurre mejor que quien arbitra, pero su bajeza moral les lleva a intentar sacar provecho de decisiones arbitrales aun cuando saben que éstas han sido erróneas, acogiendo la decisión arbitral con resignación y quejas cuando son la parte perjudicada y con conformismo egoísta cuando son la favorecida. Esto convierte el deporte en un espectáculo bochornoso que transmite unos valores antisociales que promueven la irresponsabilidad y la delegación del mantenimiento de la convivencia a autoridades provocando que disminuya la resolución de situaciones de forma amistosa y por lo tanto la libertad. Evidentemente estos comportamientos no se dan solo en el deporte pero mientras en el deporte esta irresponsabilidad está más normalizada y se reproduce desde edades tempranas en otros ámbitos suele estar peor vista y se promueve más la honestidad.

La obsesión por la victoria también se da en las disciplinas artísticas cuya actividad no se basa en el enfrentamiento de una parte contra otra sino que el ejercicio de cada persona o equipo se basa en una coreografía. Podemos observar la gran importancia que se le da a vencer también en estas actividades para lo cual se establecen jurades cuya absurda tarea es determinar de entre las distintas coreografías una ganadora y aún más absurda es la expectación que provoca su veredicto.

Con esto no quiero decir que en el deporte haya que jugar a empatar como sí debería hacerse en las actividades económico-políticas por el bien de todes porque esas actividades no son un juego. Jugar un partido con la misión de empatar no tiene sentido, lo que sí tiene mucho sentido es jugar lo mejor posible y con honradez.

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