En nombre de la democracia

Juan Gabalaui*. LQS. Enero 2019

Un militar no puede ser un dirigente en una democracia real porque pertenece a una institución que se rige por principios no democráticos basados en la obediencia debida al superior, que tiene sentido en un contexto bélico pero no en un sistema democrático. Sí puede serlo en eso que llaman democracia liberal [oligarquías en la práctica], que es la que impera en los países occidentales, porque también se basa en la obediencia. Hugo Chávez fue el presidente de una democracia liberal, que pretendió cambiar la sociedad sin cambiar realmente lo esencial: el modelo productivo. Construyó un partido rígido que, contrariamente al sentido de democracia, practicó el culto al líder, y cuando este desapareció fue incapaz de adaptarse a la nueva situación y de reaccionar a los retos políticos y sociales de la sociedad venezolana. Todo ello en un contexto de brutal oposición por parte de los sectores de la derecha más reaccionaria y la presión e injerencia de países como Estados Unidos.

En esto llegó Maduro y lejos de mandar parar, hizo gala de miopía política, intensificó la represión del Estado y polarizó a la sociedad al igual que la irresponsable derecha antidemocrática, que a su vez intensificó la presión contra el Gobierno arengando a las masas, boicoteando procesos de negociación y manipulando la opinión internacional para facilitar la intervención de otros países en los asuntos venezolanos. No han tenido reparo en llamar al golpe de estado solicitando la participación del ejército venezolano y de países extranjeros. En nombre de la democracia. Un gobierno represivo e incapaz y una gran parte de la oposición, golpista y violenta. Esta es la desgracia del pueblo venezolano, que en su confusión solo sabe posicionarse en uno u otro lado.

En nombre de la democracia cientos de venezolanos, residentes en el estado español, se manifestaron el 23 de enero en la Puerta del Sol de Madrid, celebrando que Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional, se autoproclamara presidente de gobierno en un mitín en medio de una manifestación en las calles de Caracas. Esta opereta fue reconocida por el gobierno de Estados Unidos y otros gobiernos súbditos. Los medios españoles se cuidaron de catalogar lo sucedido como un golpe de estado y loaron la valentía de Guaidó, catalogando su acción como un paso histórico ante la terrible situación social y económica del país. De esta manera, Maduro se convirtió en la excusa perfecta para que las democracias liberales occidentales celebraran un golpe de estado.

Lo que llaman dictadura es oligarquía, la misma que existe en los países occidentales. Maduro utiliza a su policía para reprimir las manifestaciones al igual que lo hace Francia, Estados Unidos o España. Celebran elecciones, las ganan y se inician los mecanismos de acumulación de las élites. Nada nuevo en occidente. El gobierno de Maduro engaña y manipula de la misma manera que Donald Trump engaña y manipula a su pueblo. Maduro condena a la miseria a los venezolanos de la misma manera que el gobierno español o el italiano. La diferencia solo es de grado. La libertad que los súbditos venezolanos pedían en la Puerta del Sol es la de elegir al dueño que les coloque una nueva correa. En esta poquísima cosa se ha quedado la libertad. La degradación moral lleva a salir a la calle a celebrar golpes de estado y nuevos oligarcas. Al grito de ¡viva la democracia! El éxito de las élites es que seamos esclavos felices o ignorantes de serlo.

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