gardel-borgesEduardo Pérsico*. LQSomos. Agosto 2016

Según Jorge Luis Borges, la palabra tango era etimológicamente africana y situaba ese género musical en Argentina por los años del 1880, agregando que “el pueblo no inventa el tango ni lo impone a la gente bien, y entre nosotros ocurrió exactamente lo contrario”. Además él reiteraba que los auténticos precursores de esa música entre nosotros serían Ángel Villoldo, Eduardo Arolas, Francisco Canaro, Carlos Gardel, Osvaldo Fresedo y muchos más hacedores de una expresión cultural que vale decir, identificarían tanto a los argentinos como a los uruguayos.

En principio, el tango tendría su inserción popular desde las “casas malas” de los barrios de la ciudad, donde era frecuente jugar a la baraja y tomar un vaso de vino entre amigos, según reiteraba el mismo Borges, sabedor que “los instrumentos iniciales del tango no eran nada populares y pertenecían a un medio económico superior al de los compadritos”. En cuanto el violín como el piano eran monetariamente ajenos de inquilinatos y personajes jerarquizados por la tanguería, y en los sitios de escuchar música, prevalecía la guitarra. Y era por ese rumbo donde Jorge Luis Borges, en confianza apreciaba hablar de él y también de alguna opinión de otro; y charlando con alguien ‘del mismo palo’ sobre tango, por ejemplo, solía entreverar ‘excusas’ para dar su propia idea. Y por ese rumbo, de semblanzas del Martín Fierro al nombre de algún autor clásico, Borges articulaba gustoso del tango y la milonga con quien curtiera ese mismo cuero temático. Como al expresar “las primeras expresiones tangueras se originaran en casas de clase media alta, y desde ahí se perpetuaría la visión general del Buenos Aires a inicios del siglo veinte, donde se hablaría a gusto de violines, guitarras y patios, con algún encontronazo para diferenciarse entre cobardes y valientes”. Esos nutrientes de tantas letras de tango ‘desechables’ que jamás se olvidaba de criticar Jorge Luis Borges, en cuanto para él y casi todos los escribas de su generación, el auténtico y más apreciable tango era el de la guardia vieja, sin letra y un ritmo ‘retrechero’ y de melodías fáciles y recordables. No solo entre los sectores más populares, sino además en económicos más elevados y ‘salones de fiesta’, donde se prodigarían las iniciales reuniones para bailar esos tangos primarios y juguetones.

Naturalmente, a Borges que le divertía provocar, repetiría que a él sólo le gustaban los tangos de la guardia vieja, en tanto fueran solamente melodía. Y reiterar “los primeros tangos no tenían letra o tenían lo que hoy serían ingenuas”, sin calificarlas como ‘indecentes’ según se usaría luego en algunos medios de comunicación.

Pero bueno, Borges en su último tiempo y con su leve sonrisa sabía diferenciar y divertirse repitiendo que no le gustaba Gardel por su “exacerbado sentimiento llorón”, frase donde luego, como al pasar, desecharía. Aunque él, Jorge Luis Borges, “bien podía cantar un tango correctamente desafinado y llorón como Gardel”; algo que diría con su mejor inflexión bromista o jodona, según suponía que lo haría Gardel.

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* Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina

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