Entre «perturbados», hipócritas y sofistas anda el juego

Joan Martí*. LQS. Julio 2020

La cuántica de la palabra y el discurso disperso y difuso sirven para un roto y para un descosido, para declararse cándidamente «perturbados» o para fabricar artículos creando contenido en los que no se señala a la LUNA monárquica, sino al DEDO

¿Monarquía o República?

Sánchez: España, “perturbada” por escándalo en torno al rey emérito

Entre «perturbados», hipócritas y sofistas anda el juego. Es cosa sabida que la realidad, además de virtual, siempre es cuántica y por definición diversa, y que funciona a gusto del consumidor. Una de esas realidades posibles que seguramente anida en la famosa función de onda de Schrödinger en forma de pregunta es esa que inocentemente plantea qué justificación y sentido tiene una institución hereditaria y no elegida en pleno siglo XXI, cuando la norma básica de convivencia social pactada y vigente en el Estado, la Constitución Española, dice que todos somos iguales ante la Ley y que los ciudadanos representados eligen a los políticos y autoridades representantes, o el por qué siempre nacen los príncipes y princesas destinados a ser reyes o reinas en un palacio y no en Lavapiés o en Alcafrán de la Mota.

Sin embargo, el mismo presidente del gobierno, hombre ya maduro y militante de un partido antaño republicano, ahora se declara «perturbado». Por su parte, y un tanto hipócritas, la mayoría de los políticos, periodistas, tertulianos todólogos, creadores de opinión y partidarios de la monarquía en general, también perturbados, dan por buena esa realidad tan burda que repugna al sentido lógico de cualquier ciudadano común e intentan hacernos creer lo inexplicable cada día, planteándonos el hilarante aserto del viejo Groucho como si realmente fuéramos idiotas: y a quién va a creer Usted, a mi o a sus propios ojos?. Y es que todos ellos, con más o menos arte, nos señalan cada día el dedo como pista a seguir con la mirada, que es Juan Carlos I el emérito campechano devenido quinqui, pura desgracia nacional, y eluden fijarse en la luna, que es la propia institución monárquica que produce estas cosas.

Todos sin duda dejarían de sentirse «perturbados», y desde luego menos hipócritas, si instruyeran al CIS para que en sus costosas encuestas preguntara a los españoles sobre si monarquía o república y, según el resultado, se aplicaran a modificar la CE cumpliendo la voluntad democrática de los españoles, como corresponde a esta época de la civilización humana y a la historia reciente de la organización política de los estados modernos.

Pero ya digo; la cuántica de la palabra y el discurso disperso y difuso sirven para un roto y para un descosido, para declararse cándidamente «perturbados» o para fabricar artículos creando contenido en los que no se señala a la LUNA monárquica, sino al DEDO (o mejor la mano en lo ajeno…) del campechano emérito que se empeña en ameritar comisiones millonarias, regalos y otras bagatelas.

Y así, pueden verse decenas de artículos y rasgados de vestiduras sobre la desgracia de tener un rey emérito, -el dedo-, presuntamente corrupto, presuntamente ladrón y presuntamente insensible a las necesidades de sus súbditos, en tanto que apenas se ve alguno que cuestione frontalmente la monarquía -la luna- que viene permitiendo la existencia de este personaje, de sus antecesores y de sus herederos causahabientes.
Y eso sucede en una sociedad moderna, culta e «informada» convenientemente por ese brillante plantel de objetivos y esforzados periodistas, el de los Vallés, Anas Rosas, Grisos, Ferreras, Herreras, Motos y etc., individu@s cándidamente «perturbados» por las andanzas por el dedo que señala la luna.

La maldición de los Borbones alcanza a Felipe VI, un rey aún sin relato propio

– Imagen: Obra grafica de Marcos Rivero. Del proyecto SELLART.

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