Guadi Calvo*. LQS. Octubre 2018

La estratégica posición geográfica del Cuerno de África, ha obligado no solo a las potencias regionales, sino a los Estados Unidos, China y Rusia a enfocar su atención en el predominio político de esa geografía

Eritrea, uno de los países más pequeños y desconocidos de África, ha sido por décadas un verdadero misterio para la comunidad internacional, al punto de haberse ganado la reputación de ser la Corea del Norte africana (Ver: Eritrea: El país más lejano del mundo) Aunque para sorpresa de todos, un notorio proceso de deshielo se ha iniciado en el país con temperaturas que suelen superar los 40°.

En septiembre pasado, un acontecimiento, de modesta repercusión a nivel mundial, pero de trascendencia en la región del Cuerno de África, sorprendió a los analistas que siguen las escasas noticias, por lo general negativas, que genera el país del Mar Rojo.

Eritrea y Etiopia, normalizaron sus relaciones después de haber tenido clausurada su frontera de más de 900 kilómetros, durante veinte años. El retiro del Reino Unido en 1962, desencadenó una guerra por la independencia de Eritrea de la “joven” Etiopia, que se prologó desde aquel año hasta 1993, en que finalmente Eritrea logró su independencia. Aunque las disputas fronterizas provocaron otra guerra que se prolongó de 1998 hasta el año 2000, año en que se cerraron las fronteras y cualquier tipo de negociación hasta el último 10 de septiembre, terminado el largo conflicto que generó más de 200 mil muertos.

En la ciudad saudita de Yedda, en presencia del el Salman bin Abdelaziz, y secretario general de la ONU, António Guterres, el presidente eritreo Isaias Afwerki, junto al Primer Ministro etíope Abiy Ahmed, ratificaron el acuerdo del 9 de julio, que establecía “el fin del estado de guerra”, a pesar de que en 2016, habían vuelto a sonar tambores de guerra entre ambas naciones (Ver: Eritrea-Etiopia: Las guerras de humo).

Este acuerdo que establece las conexiones telefónicas, la reapertura de líneas aéreas directas y una mayor cooperación económica y comercial, algo de suma importancia para Etiopía, ya que carece de salida al mar y contará con acceso al Mar Rojo por puertos eritreos significará sin duda una importante y rápida salida para sus exportaciones, del mismo modo que se rompe el aislamiento político y económico de Eritrea (Ver: Eritrea: el pueblo más triste del mundo)

Tras el anuncio formal del fin del conflicto y el restablecimiento de relaciones comenzaron aparecer las verdaderas voluntades de este acuerdo. Los Emiratos Árabes Unidos (EAU) anunciaron la construcción de un oleoducto que conectará a la ciudad portuaria de Assab (Eritrea) con Addis Abeba (Etiopía), por donde el petróleo etíope, podrá embarcar rumbo a mercados internacionales. Por otra parte los EAU, tras el acuerdo otorgaron una ayuda de tres mil millones para Etiopía, lo que incluye mil millones para su banco central, mientras que sus empresas estatales anunciaron planes de inversión para Etiopía.

El gobierno emiratí participó en las sombras del acuerdo político y ya está comenzando a sacar la mayor tajada. Con este acierto, de Abu Dhabi, y también sauditas y norteamericanos salen gananciosos, no solo por la cuestión de los recursos petroleros de Etiopía, sin que con esta jugada se cierren las posibilidades para entrar en este negocio a Irán y al reciente enemigo de Riad, el Emirato de Qatar, que pugnaban por entrar en el Cuerno de África, (Djibouti, Eritrea, Etiopia, Somalia). La estratégica región que prácticamente envuelve al estrecho de Bab-el-Mandeb, (La Puerta de las Lamentaciones) una vía marítima clave que vincula el Océano Índico y el Mediterráneo, desde el Golfo de Adén y el Mar Rojo, hasta el Canal de Suez, por donde pasa un enorme flujo comercial, particularmente petrolero, que se estima en unos 4 millones de barriles de crudo al día en ruta hacia Europa y los Estados Unidos, es clave para el equilibrio comercial de occidente.

Es creciente la participación, no solo, de las naciones del Golfo Pérsico, en esta estratégica región sino también de Turquía que junto a Qatar, han dado un fuerte apoyo al gobierno somalí en su guerra contra la banda integrista al-Shabaab, afiliada a al-Qaeda, tras el fin del programa de entrenamiento militar que Abu Dhabi estaba dando a Mogadiscio.

Los EAU, también cuentan con una base militar en Assab (Eritrea), estratégicamente ubicada a unos pocos kilómetros de las costas yemeníes, al otro lado del Mar Rojo la que utilizan en sus incursiones en la guerra contra esa nación. Mientras que Arabia Saudita ha otorgado importantes créditos a Etiopía, para aliviar la grave escasez de divisas extranjeras.

Un día después, del cierre de los acuerdos entre Eritrea y Etiopia, se anunció también el fin del conflicto que Eritrea, mantenía abierto con Djibouti, desde hace más de una década por la isla de Dumeira, lo que prácticamente terminó con los hipótesis de conflictos bélicos en la región del Cuerno de África, y sin duda abre todavía más la posibilidad de nuevas inversiones, de los muchos jugadores internacionales que se están disputando el continente palmo a palmo.

La guerra por el Cuerno

La estratégica posición geográfica del Cuerno de África, ha obligado no solo a las potencias regionales, sino a los Estados Unidos, China y Rusia a enfocar su atención en el predominio político de esa geografía.

La ex colonia francesa de Djibouti, se ha convertido en un gran campo de asentamiento de bases militares de distintas potencias (Ver: Djibouti: A la sombra de las armas) Donde Estados Unidos, posee, Camp Lemonnier, con más de 4 mil hombres, China construye la suya en cercanías de la ciudad de Tadjourah, al norte del país ya que tanto Djibouti como Eritrea, son parte importante para su proyecto de la Nueva Ruta de la Seda. También tienen bases militares en Djibouti, franceses, británicos, italianos, españoles y sauditas, al tiempo que Rusia está por concretar la suya, aunque con la apertura de Eritrea, podría intentar establecerla allí.

Con la nueva apertura política de Eritrea, sin duda su territorio se convertirá en una atractiva posibilidad para que más bases militares de diferentes potencias se instalen a orillas del Mar Rojo y profundicen así la pugna por el predominio del control en África Oriental.
Moscú por su parte por intermedio Sergei Lavrov, su ministro de Relaciones Exteriores anunció que tras la mejora de las relaciones etíopes-eritreas, las empresas rusas incrementaran sus inversiones en la región con la concreción de su participación en el oleoducto regional y establecimiento de un centro de tecnología nuclear dedicado a la investigación en Etiopia.

Si bien esta lluvia de la abundancia que parece ahora estar derramándose sobre el Cuerno de África, está muy lejos de solucionar los problemas más elementales de sus pueblos sumidos en la más extrema pobreza, con décadas de guerras, que han provocado un atraso pavoroso.
Habría que ser muy inocente para considerar que los intereses tanto de las grandes potencias, como de las naciones del Golfo Pérsico, que hoy pelean por sus posibilidades en África, no es otra cosas que intereses comerciales, que más tarde o temprano, desencadenaran nuevas guerras, con los mismos viejos argumentos de siempre y que provocaran más muertos y más atraso.

A occidente entiéndase también a las monarquías sunitas del golfo, que China se siga afianzando en África y que puedan hacerlo también Rusia e Irán.

Los planes bélicos del Pentágono, en África no se han hecho otra cosa que incrementarse desde la presidencia de Donald Trump, instalando bases secretas y no tanto en Chad y Somalia. Dando vía libre a Riad para que ejerza en África Oriental el mismo rol que ha jugado por décadas en Medio Oriente, de impedir el desarrollo de los pueblos donde tiene injerencia. Por lo que la vuelta al mundo de Eritrea, solo puede ser considerada como una nueva articulación del Departamento de Estado en su guerra con China, por ahora solo comercial.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional

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