Erratas patrias

Nònimo Lustre. LQSomos. Julio 2017

Hace poco, leí una extensa y documentadísima crítica literaria (*) que, a su vez, recogía verbatim pasajes enteros de otras críticas sobre un best-seller aparecidas en los medios de desinformación habituales. Como soy un lector esporádico, sólo me fijé en los párrafos en los que los críticos criticados, plumillas famosas en su mayoría, retrataban lo que entonces creí -perezoso que es uno- que eran descripciones de la sociedad española del franquismo y del postfranquismo. Para resumirlas en un solo adjetivo, diré que esos retratos definían una sociedad envilecida. Me extrañó que hubieran sido publicadas en unos medios empalagosos y hasta serviles pero, me dije, de tarde en tarde les gusta señalar excepciones que confirmen la regla de que la sociedad española post-transicional es la mejor de las posibles. Lean algunas citas y verán que razones no me faltaban para caer en la confusión:

El susodicho bombazo editorial es una descripción muy sutil de la degradación moral que [la violencia] provoca en una sociedad, corroyendo sus valores, enemistando y envileciendo a la gente, destruyendo las instituciones y las relaciones humanas… limitándose a mostrar, a través de episodios escuetos y siempre seductores, cómo, sin quererlo ni saberlo, toda una sociedad de gentes sanas, sin misterio, va siendo arrastrada poco a poco, concesión tras concesión, a la complicidad y a veces a las peores vilezas (Vargas Llosa).

Item más: 40 años de fascistización de una sociedad cerrada y recelosa y otros tantos de degradación moral de las instituciones del Estado. Allí está todo: el mundo de la lucha armada y el encarcelamiento de sus héroes, la hipócrita y cruel ocultación de sus víctimas, la constitución de una mentalidad de ‘pueblo elegido’ y perseguido, el bochornoso papel de la Iglesia católica y sus imanes parroquiales, la diaria y sistemática práctica de división de una comunidad en buenos y malos.

Aramburu ha retratado las dos caras de una sociedad arcaica y patriarcal que ha preservado los valores de unidad familiar… Y queda claro que la misma mentalidad que sustenta una gran cohesión social ha sido el caldo de cultivo natural de la justificación de la violencia y del ejercicio del acoso fascista al sospechoso… la degradación moral de las instituciones del Estado (José Carlos Mainer).

Envilecida, degradada moralmente, violenta, vil, fascista… evidentemente estaba ante una estampa fotográfica de la España de los siglos XX-XXI. En ocasiones, podría parecerme una pintura cruel e incluso algo caricaturesca pero, al fin y al cabo, era absolutamente verosímil. Seguí leyendo:
Una sociedad enferma, afectada por un miedo promovido y dirigido por individuos convencidos de que su causa permite cualquier atrocidad contra quien no la comparta (Aparicio Belmonte).

Una sociedad enferma, envenenada por los dogmas ideológicos de la superioridad racial y por los religiosos de una iglesia culpable y cómplice, dominada hasta el fondo de sus almas individuales y colectivas por un miedo cerval, incapaz de análisis, reacción o resistencia (Javier Rupérez).

Miedo, individuos atroces y dogmáticos, racismo, miedo cerval… El cuadro se iba completando hasta en sus mínimos detalles. Me parecía estar viendo la vera efigie de los franquistas y de sus herederos. Incluso aludían a una Iglesia culpable y cómplice en lo que, sin duda, era una instantánea de cardenales brazo en alto y el Caudillo bajo palio. ¡Qué críticos más atrevidos!, pensé. Y continué:
Una sociedad que ha sufrido -y tardará mucho tiempo en recuperarse- una grave enfermedad moral (Cayetano González).

Una sociedad envilecida en la que una inmensa mayoría ha sido acobardada y calculadora, oportunista y prudente, que justifica una frase anodina y terrible de este libro: todo sucedió en el país de los callados… el recuerdo del silencio cobarde, la claudicación involuntaria, el runrún de la impotencia pusilánime, las ganas de no tener pelea y, sobre todo, tener la fiesta en paz… la nadería adictiva de cada uno de los seres que la pueblan, sus intimidades vacuas, sus motivaciones cutres, sus coartadas improvisadas, sus emociones sin depurar: les falta a casi todos más sexo y a muchos les sobra martirologio redentor (Jordi Gracia).

Enfermedad moral, cobardía, seres vacuos, cutres, reprimidos, callados… No salía de mi asombro, ¿cómo les habrán dejado publicar una semblanza tan minuciosa de la sociedad española? Y la feroz diatriba no terminaba con este varapalo sino que, como colofón, incluía el terrorismo como lacra social:

La violencia terrorista corrompe a la sociedad, a las instituciones, a los seres humanos que recurren a ella, invocando un ideal… La tortura siempre constituye una infamia, pero es una infamia que se repite cada vez que la sociedad sufre el azote del terrorismo. Antes o después, el Estado recurre a la violencia (Rafael Narbona).

Esta última frase me despertó. Por primera vez no estaba de acuerdo con los críticos criticados. Antes o después, el Estado recurre a la violencia es axioma que no entiendo porque Estado y Violencia son palabras sinónimas. Según los clásicos, el Estado es el ejercicio de la violencia legal -que sea también legítima es otro tema-. Y, por supuesto, aquí no cabe disimular preguntando qué es primero, si otras violencias terroristas o la violencia estatal, si el huevo o la gallina. Porque, desde el huevo, el Estado franquista y postfranquista es terrorismo de Estado puro y cristalino. Y, puesto que el huevo era de serpiente, desde 1939 en España no hay humildes gallinas ponedoras sino sierpes víboras.

Se me empezaron a abrir los ojos. Algo no cuadraba. La gota colmó el vaso de mi despertar se concretó en que los críticos criticados no mencionaban a la monarquía. Colegí: si no mientan a una pieza tan fundamental, es que el retrato de la sociedad española no está completo. Releí con sumo esmero el contexto de sus otrora maravillosas citas y de ese cuidado surgió la certeza de que había leído mal de cabo a rabo: no eran espléndidas miniaturas sino todo lo contrario. No eran una excepción en los medios sino unas gotas bien pagadas más en el agrio piélago de la ortodoxia mediática. En pocas palabras, ¡¡no se referían a la sociedad española sino a la sociedad vasca!!

En efecto, según los plumíferos criticados, no existe el terrorismo de Estado. Amenazar con casi 400 años de cárcel a unos jóvenes de Altsasu por una pelea de bar no es terrorismo sino ley. También es dura lex sed lex que a Rafa Mora, de profesión sus famoseos televisivos, partirle la cara literalmente a un guardia civil sólo le cueste una multa de 300 euros -una sentencia heredera directa de cuando el futbolista Paco Gento mató a otro guardia civil un 23-F pero del año 1962, siendo absuelto el mismo día del homicidio-.

Desconsolado por haber confundido el culo con las témporas -es decir, las descripciones de la sociedad española con la sociedad vasca-, para ratificar mi estúpido error sólo me faltaba conocer al archi publicitado escritor cuya novela había desencadenado un aluvión de lisonjas mediáticas que la encumbraban a la altura de Galdós y de Tolstoi. Pues en efecto, el famoso autor de Patria atiende por Fernando Aramburu y para completar su retrato robot me bastaron dos respuestas suyas, también recogidas en la crítica que me indujo a error:

A la pregunta “¿Usted por qué no fue de ETA?”, Aramburu responde: “Supongo que porque a edad temprana me enseñaron a abrazar”. ¡Vaya!, me dije, otro discípulo de Paulo Coelho. Peor aún fue la segunda declaración: “Se me ha querido expulsar del área cultural de la zona, lo cual apenas impulsa la vela de mi barco”. Me restregué los ojos: impulsa la vela de mi barco… el vate José María Pemán se lo hubiera apropiado pero, enchufados franquistas aparte, ¿se puede ser más cursi? ¿Y este repollo con lazos se atreve a narrar una historia vasca hecha, Shakespeare dixit, de ‘ruido y furia’?

(*) Javier Rodríguez Hidalgo, “Patria, de Fernando Aramburu: una novela que refleja muy bien el conflicto austrohúngaro -Algunas reflexiones sobre la claudicación de la crítica (y algo más)”; 9.400 palabras. Según la nota cibernética publicada por Ediciones El Salmón el 27 de junio de 2017, esta crítica “aparecerá en la revista Cul de Sac, que esperamos publicar a finales de año”.
Más articulos del autor

Un comentario sobre “Erratas patrias

  • el 20 diciembre, 2017 a las 16:48
    Permalink

    El odio visceral que destila Rodríguez Hidalgo le ciega y le quita cualquier tipo de credibilidad. Haría las delicias de todo sicólogo. Evidentemente ha visto más en el espejo de Patria de lo que es capaz de reconocerse a si mismo.

    Respuesta

Deja un comentario