España 2015: ¿Hasta cuándo doctor Esperpento?

virgendelaluz-lqsUrania Berlín*. LQSomos. Abril 2015

Decenas de hospitales públicos siguen llevando nombres de vírgenes y santos

España es un país dado a continuar las tradiciones cavernarias o atávicas más absurdas y supersticiosas, sobre todo si tienen un contenido mitológico-religioso asociado al culto católico. No es exclusivo de aquí, pero sí resulta una de sus peores señas de identidad que, desde luego, debería formar parte, a todos los efectos, de eso que llaman marca España, horterada de nuevo cuño nacionalfranquista que se inventaron los del PPSOE para picar a los “indepes”, no más. El rancio costumbrismo aldeano español consiste en ver desfilar a la Inquisición en las calles (las procesiones, para entendernos) durante una odiosa semana que despide aroma a ejecuciones y torturas medievales, asistir a espectáculos taurinos donde un animal es objeto de toda suerte de maltrato físico (mientras el circo romano aplaude la desdicha del animal) o bien celebrar verbenas integristas tipo Xacobeo o la ofrenda de Estado al “Apóstol” Santiago. Todos ellos, por supuesto, debidamente oficializados y publicitados desde organismos e instituciones públicas, ya sea dotándoles de legalidad mediante festividades religiosas, reglamentos-decretos gubernamentales (la carnicería taurina) o bien declarando el “interés turístico” de turno (desfiles procesionales, etc.)

No por menos relevantes, estarían en el lote de la devoción casposa otros espectáculos “menores”, algunos de ellos de mero contenido simbólico pero con mucha carga religiosa de fondo, con tal, claro está, de mantener activo al parasitismo católico (vía montantes dinerarios con cargo al Estado).Por ejemplo, las romerías o ese abochornante vodevil de condecoraciones y/o nombramientos a determinadas vírgenes como “alcaldesas” perpetuas, algo que debería provocar arcadas a quien siga considerándose integrante de la especie humana. En similar tesitura se puede englobar “patronazgos” a cargo de distintos fetiches religiosos (el patrón, la patrona o la patraña) de instituciones públicas (funcionarios militares o civiles, incluidos médicos). El esperpento es verdaderamente indigno.

Ya, en extremos todavía más grotescos, nos encontraríamos con “tradiciones populares” verdaderamente repugnantes como el lanceado Toro de la Vega, donde una suerte de salvajes terroristas, protegidos por la Guardia civil, se dedican a acribillar cruelmente a un toro hasta la muerte. Animal, parece ser, que no “siente” ni “padece”. Detrás de toda esta vergüenza andan políticos de uno u otro signo, pero siempre proceden de la misma mala raza, la bipartidista (PPSOE), curiosamente, los más corruptos y delincuentes en cuarenta años de democraCIA. Y si no son los anteriores les reemplazan marcas locales “asépticas” que dicen ser grupos políticos “independientes”, que son iguales o peores. Las nuevas estampitas clónicas de los anteriores, Podemos y Ciudadanos, tienen la oportunidad de demostrar que ellos también pueden…defender la “tradición”.

Porque, ésta última manda y en vez de educar y desprogramar a esa mesnada de patanes primitivos, la partitocracia, nuestra “intelectualidad” política, está más pendiente de sacar los suculentos y rentables votos clientelistas. De lo contrario, la chusma no perdona, es sabido. Y si hay que tirar una cabra desde un campanario de una iglesia, bendecida por la sotana correspondiente, la tradición debe continuar. Da igual, yendo a la cuestión mollar de la simbología religiosa, que el artículo 16.3 de la Santa Constitución española establezca que “ninguna confesión tendrá carácter estatal”, puesto que otra muestra de la religiosidad del Estado es la de decenas de hospitales públicos que llevan nombres provenientes del santoral católico. Nadie sabe a cuento de qué centros médicos de la red pública de salud española, donde se investiga bajo el riguroso método científico, esto es, alejado de cualquier dogma teológico supersticioso, está honrando mitos aberrantes de una creencia que proviene de una determinada confesión religiosa. Uno, que suele compatibilizar, en su rutina diaria, medicina tradicional (complementos vitamínicos o herbales, es decir, medicina bien entendida con mínimos estudios clínicos) y la convencional (aunque en menor medida) no por ello deja de demandar (lo uno no quita lo otro) que en la sanidad pública se haga inexcusable suprimir mitos que están asociados a la superchería e imaginería religiosa.

La cuestión es ¿por qué los médicos, o sus plataformas directivas, no han propuesto el cambio en la denominación de esos centros hospitalarios? ¿Tal vez se trata por esa vieja adscripción ideológica opusdeista y ultracatólica que profesa una parte de la clase médica española? ¿Cuántos centros hospitalarios públicos llevan el nombre de un científico especialista en medicina o cualquier otra materia científica? Juraría que el Ramón y Cajal madrileño, algún franquista como Gregorio Marañón, que defendió el golpe de Estado de 1936 y pare usted de contar…Bajo el disfraz de Complejos Hospitalarios Universitarios hay decenas de hospitales y clínicas con nombres de santos y vírgenes que han sido tomados de una religión (la católica) que no debería tener presencia alguna en el ámbito público y ya no digamos en el espacio científico-sanitario o, mismamente, en el educativo (la escuela concertada).

Para colmo del despropósito incluso, sin tener relación con el catolicismo pero vinculado a él, un hospital del Estado sigue llevando el nombre de un genocida franquista: el General Yagüe, en Burgos, que no fue precisamente médico sino promotor del terror fascista en la guerra civil española (en Badajoz, concretamente), con miles de muertos en su haber; y, hasta no hace mucho, el Hospital de A Coruña se llamaba Juan Canalejo (a nombre de otro probado criminal falangista). ¿Alguien se imagina en Alemania un hospital con el nombre de alguno de los criminales de guerra más odiosos del III Reich, como Heinrich Himmler o Adolf Eichmann? Sólo puede explicarse esta ominosa permanencia, cuarenta años después y en plena «democracia», si los mandarines municipales o estatales de turno profesan la misma fe fascista que el asesino en serie de Badajoz.

Finalizando con el sarao católico-sanitario. Para mayor desvergüenza, hospitales de relativamente reciente creación (como el de La Rioja, 2007) tuvieron la genial idea de bautizarlo (o rebautizarlo) como San Pedro. Ni siquiera la sanidad privada es tan pródiga en hacer uso del revival de nomenclatura fundamentalista religiosa del que hace gala la sanidad pública. ¿Para cuándo una «transición» democrática en los nombres de los hospitales públicos españoles?

El listado de hospitales, residencias y clínicas públicas de la vergüenza…

Andalucía:
La Inmaculada (Almería)
Santa Ana (Granada)
Virgen de las Nieves (Granada)
San Agustín (Jaén)
San Juan de la Cruz (Jaén)
Virgen de la Victoria (Málaga)
Virgen del Rocío (Sevilla)
Virgen de la Macarena (Sevilla)
Virgen de Valme (Sevilla)
San Juan de Dios (Sevilla)

Región de Murcia:
Virgen del Castillo
Virgen de la Arrixaca
Santa María de Rosell
Santa Lucía

Madrid:
San Carlos
Niño Jesús
Santa Cristina
Virgen de la Poveda
Virgen de la Torre

Castilla La Mancha:
Nuestra Señora del Perpetuo Socorro (Albacete)
Santa Bárbara (Puertollano, Ciudad Real)
Virgen de Altagracia (Manzanares, Ciudad Real)
Virgen de la Luz (Cuenca)
Virgen de la Salud (Toledo)
Virgen del Valle (Toledo)
Nuestra Señora del Prado (Talavera de la Reina, Toledo)

Extremadura:
Perpetuo Socorro (Badajoz)
San Pedro de Alcántara (Cáceres)
Virgen de la Montaña (Cáceres)
Virgen del Puerto (Plasencia, Cáceres)

Castilla y León:
Nuestra Señora de Sónsoles (Ávila)
Santiago Apóstol (Miranda de Ebro, Burgos)
San Telmo (Palencia)
Virgen de la Vega (Salamanca)
Virgen del Castañar (Salamanca)
Santa Bárbara (Soria)
Virgen del Mirón (Soria)
Virgen de la Concha (Zamora)
Santa Isabel (León)

Asturias:
San Agustín (Avilés)

Galicia:
Santo Cristo de Piñor (Orense)
Santa María Nai (Orense)
Nuestra Señora de Cristal (Orense)

País Vasco:
Santa Marina (Bilbao)
San Juan De Dios (Santurce)

Navarra:
Virgen del Camino (Pamplona)

La Rioja:
San Pedro (Logroño)

Aragón:
San Jorge (Huesca)
Nuestra Señora del Carmen (Zaragoza)
Obispo Polanco (Teruel)
Nuestra Señora del Pilar (Zaragoza)
San Juan de Dios (Zaragoza)
San Juan de Dios (Teruel)
Nuestra Señora de Gracia (Zaragoza)
Santo Cristo de los Milagros (Huesca)
Sagrado Corazón de Jesús (Huesca)
San José (Teruel)

Cataluña:
Sant Pau (Barcelona)
Sant Joan de Deu (Esplugues de Llobregat)
Sant Joan de Deu (Manresa)
Santa Caterina (Girona)
Santa María (Lleida)
Joan XXIII (Tarragona)

Canarias
Nuestra Señora de la Candelaria (Tenerife)

* Urania en Berlín

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